Críticas

Fuego reparador

Aquellos que desean mi muerte

Those Who Wish Me Dead. Taylor Sheridan. EUA, 2021.

Los denodados esfuerzos, el impresionante coraje y una voluntad tenaz para intentar apagar los devastadores incendios forestales servían de contexto laboral para canalizar las peripecias personales y profesionales de un puñado de bomberos en Héroes en el infierno (Only the Brave, 2017, EUA), de Joseph Kosinski. En ella, como es costumbre en el cine norteamericano que contempla una producción esmerada, se ilustraba la metodología empleada por los sacrificados apagafuegos cuando la situación era irreversible y el inclemente avance de las llamas obligaba a emplear medidas desesperadas, como cavar una pequeña zanja en el suelo, meterse en ella, taparse con una manta ignífuga y esperar que las pavorosas lenguas de fuego pasasen de largo. Una acción arriesgada y temeraria que se utiliza cuando no es posible otra alternativa y solo queda desear que no haya víctimas mortales, que no siempre se consigue.

Este breve prólogo viene a colación para referirme a Aquellos que desean mi muerte (Those Who Wish Me Dead, EUA, 2021), de Taylor Sheridan, porque el principal personaje de esta historia, Hannah Faber (Angelina Jolie), es una valerosa bombera forestal, cuyo trabajo consiste en realizar las faenas apuntadas en el primer párrafo. Aunque las características de este título se encaminen por otros parámetros y su tema principal aborde uno de los cometidos que con más insistencia y presencia se desarrollan en el cine: las segundas oportunidades y la redención de un personaje fastidiado con un pasado atormentado.

La firma de su director, Taylor Sheridan, me lleva a este filme. Guionista de dos piezas que considero destacadas dentro del género de acción. Sicario (2015) me aprisionó entre los agentes federales que luchan contra los cárteles de la droga y con ellos seguí su exigente tarea. Comanchería (Hell or High Water, 2016) terminó de apuntalar su reputación en un thriller sobre lazos familiares. Quedé hechizado por la impecable narración y la fuerza visual de Wind River (2017). Suficientes atributos y avales como para no dejar escapar una propuesta como Aquellos que desean mi muerte que, sobre el papel, tenía un sesgo más comercial y pudiera ser un encargo para darle realce, fuste y robustez a la carrera como actriz de Angelina Jolie, reclamo principal de la película. Sin embargo, opino que, en esta ocasión, se trata de un trabajo menor y expuesto a una serie de tópicos y convencionalismos que están por debajo de todas las referencias anotadas en esta crítica.

La acción comienza en Florida. Dos asesinos a sueldo y hermanos, Patrick Blackwell (Nicholas Hoult) y Jack Blackwell (Aidan Gillem), empiezan su encargo volando por los aires la casa de un juez. El siguiente objetivo es un auditor forense que huye de la amenaza de los villanos con su hijo, Connor Cassely (Finn Litle), y se refugia en los bosques de Montana, donde su cuñado Ethan Sowyer (Jon Berthal) es ayudante del sheriff. El niño presencia el asesinato de su padre y escapa de los tentáculos de los criminales, encontrándose en el camino con Hannah (Jolie), una bombera degradada por un descuido en acto de servicio y encargada ahora de una torre de vigía para detectar fuego. Juntos se enfrentarán a los malandrines.

El planteamiento es mecánico y dispuesto para mostrar heroicidades y expiar demonios personales. Agrupa los ingredientes básicos para encarar una historia de violencia y persecuciones. Junto con la tensión conforman los códigos que Taylor Sheridan, que se ocupa también del guion junto a cuatro manos más, maneja con un sentido del oficio y la disciplina. Aquí incorpora un aporte, efectos especiales, que conlleva elaborar el diseño visual y estético y adjuntarlo a su método narrativo. En la hibridación consigue un acabado de funcional factura, pero sumisa en premisas agotadas. Todo cuanto acontece en la pantalla da la sensación de visto y manoseado en muchas otras ocasiones. La destreza de Sheridan, consciente de que el material que maneja es de corto recorrido en el plano psicológico y en construcción de personajes (por momentos, el argumento parece una novela escrita por John Grisham, con chaval testigo de un crimen incluido), se despreocupa de su seña de identidad más valorada, la interacción de personajes y densidad dramática, y cede su talento a las escenas espectaculares y al dispositivo acción/reacción.

Después del prólogo, la ubicación de la historia de sitúa en los bosques y montañas de Montana. En un paraje idílico, muy bonito, de un paisaje perfecto para llevar una existencia placentera en comunión con la naturaleza, dos síntomas nublan la conciencia de Hannah. Por una parte, su flagelante sentimiento de culpa por no evitar la muerte de tres muchachitos en un incendio donde hizo un pésimo cálculo de la fuerza del viento (varios interludios muestran el percance) que la empujan a ser una persona reservada y, por otra, el deseo indisimulado de reencontrarse otra vez con el fuego que le proporcione una coyuntura para enmendar el pasado. Dos factores que contribuyen a desear la soledad como refugio de su malestar y rechazar todo tipo de insinuaciones por parte de los compañeros de trabajo y amigos. Sin embargo, y pese a su zozobra interna, es una chica valiente y decidida. Muy acorde con el paradigma de mujer que estamos viendo en el cine en los últimos tiempos. Para situarnos y testear el alcance de su inconsciencia, la vemos al poco de conocerla practicar una actividad deportiva (parapente) muy peligrosa que culmina con éxito y define la pauta del temperamento arrojadizo que tiene Hannah y que va a ser muy útil cuando la situación se ponga fea, al verse mezclada por el intrusismo de dos sicarios.

Un asunto criminal de alto voltaje y la presencia de dos matones experimentados y pertrechados con armas automáticas dispuestos a todo funciona como la coartada para salir de la desolación. Los autores del libreto traen un pavoroso incendio que devasta la región, acota a los personajes en el área rodeada de llamas y se dibuja la pertinencia esperada para que Hannah pueda amortizar su gravísima mácula y recuperar la autoestima. El muchacho perdido y acechado actúa como figura que parchea el borrón en su historial. El enfrentamiento con los asesinos, un mérito inesperado agradecido por la comunidad. Y el arrasador fuego, un infierno que conoce y sabe combatirlo. No hay nada como una situación inusual y criminal para exorcizar los males. La terapia cuaja y lo que se consigue es completar el perfil expuesto en el primer acto de la película. Las ocasiones llegan para salir del atolladero. La trama es piadosa y la estructura transparente. No hay giros y tampoco sorpresas. Todo transcurre tal cual. Ojalá Taylor Sheridan retome la senda de sus primeros trabajos y vuelva a la chispa antes que al tópico.

Tráiler de la película:

Ficha técnica:

Aquellos que desean mi muerte (Those Who Wish Me Dead),  EUA, 2021.

Dirección: Taylor Sheridan
Duración: 104 minutos
Guion: Taylor Sheridan, Michael Koryta y Charles Leavitt
Producción: Bron Studios, Film Rites, Creative Wealth Media Finance
Fotografía: Ben Richardson
Música: Brian Tyler
Reparto: Angelina Jolie, Aidan Gillen, Nicholas Hoult, Jon Bernthal, Finn Little, Medina Senghore, Jake Weber, Tyler Perry, James Jordan, Tory Kittles, Lora Martinez, Laura Niemi, Alma Sisneros

2 respuestas a «Aquellos que desean mi muerte»

  1. SI, realmente es una película que te deja con un «ni»…. se podría haber realizado un film mas importante pero fue así, «me quedé con las ganas»

    Saludos y gracias por la revista que cada mes sale mejor.

  2. SI, realmente es una película que te deja con un «ni»…. se podría haber realizado un film mas importante pero fue así, «me quedé con las ganas»

    Saludos y gracias por la revista que cada mes sale mejor.

    ANA

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