Críticas

Paraíso infernal

Berlin Alexanderplatz

Burhan Qurbani. Alemania, 2020.

BerlinAlexanderplatzCartelEl director alemán de origen afgano, Burhan Qurbani, aborda en Berlin Alexanderplatz una adaptación de la novela homónima de Alfred Döblin, publicada en 1929. No es la primera vez que un cineasta se interesa por la misma. Podemos citar la excelente serie de catorce episodios basada en ella y dirigida en 1980 por Rainer Werner Fassbinder. Y si en la obra literaria y en la versión de Fassbinder nos situamos en los años veinte en Berlín, Burhan Qurbani traslada la acción a épocas actuales. Además, transforma al protagonista de un hombre que termina de salir de la cárcel por cumplimiento de condena a un inmigrante que acaba de llegar a la capital alemana desde su tierra natal, Guinea-Bisáu, tras la correspondiente odisea que supone atravesar el Mediterráneo en una patera. Se trata de Francis o Franz, un joven dispuesto a labrarse el futuro en la opulenta Europa, con métodos que resulten decentes.

Estamos ante un largometraje dividido en cinco partes, con epílogo final. En sus inicios asistimos a un flashback recurrente de la tragedia que tuvo que sufrir nuestro protagonista para no hundirse en el mar. Francis se aloja en un albergue con otros africanos que también tratan de salir adelante. Carecen por el momento de cualquier documentación que el Estado admita para no devolverlos a su lugar de origen. Pero Francis, ya lo hemos dicho, pretende ser y actuar como una buena persona. Pero abrirse camino desde la nada en un universo en el que se imponen la maldad, el egoísmo, la avaricia y la falta de escrúpulos no es nada sencillo, y más cuando lo que se pretende es caminar por el lado correcto del sendero. 

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El realizador nos sumerge en un ejercicio visual ingente de carácter espectacular. Con virtuosismo, transmite la idea de suspensión y recorre espacios que aportan la sensación de flotabilidad. Entraremos en una trayectoria, la de Francis, entre luces de neón, mundos nocturnos, drogas, delincuencia, prostitución, proxenetismo… Los 183 minutos de duración del filme no pesan. Con un montaje ágil, quedaremos cautivados en  excesivas desventuras mientras se intenta atrapar una felicidad que parece no querer ser aprehendida. En realidad,  nos encontramos frente a una puesta en escena poderosa al servicio de un melodrama sobre la inmigración ilegal, en lo que llaman la Europa del bienestar.

Francis está interpretado con magnetismo por Welket Bungué. Se convierte en la estrella de la mayoría de las escenas mientras nos exhibe su sufrimiento y su penar, mientras se divierte, ama y protege a los que considera amigos. Y siempre, siempre, teniendo en su mente ese objetivo de no abandonar la vereda de la bondad. Intenciones que le sumergen en verdaderas pesadillas, en aquellas luchas interiores endemoniadas sobre la dualidad del itinerario a seguir. Y con todo ello, no se olviden, luchando por la supervivencia.

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Además de nuestro inmigrante estrella, nunca refugiado según su propio parecer, asistiremos al desarrollo de una verdadera fauna de personajes. Entre ellos encontraremos desde psicópatas a ladronzuelos, misóginos, capos de la droga o prostitutas de lujo. Y ya puestos a interesarnos por las mujeres, hay que decir que las mismas no ocupan precisamente un papel estelar en el largometraje de Qurbani: Sus protagonistas pertenecen al género masculino. Son los que dirigen la acción, los que ostentan el poder, los que poseen el dinero, los que manejan el destino de aquellos que carecen de todo o solamente cuentan con una cama y pan con mantequilla. ¿Pero qué persona es capaz de resistirse, cuando nada se tiene, a la posibilidad de acceder a una televisión de plasma, a un vehículo, a una casa propia?

Decíamos que las mujeres permanecen en segundo plano, aunque no estemos en África y la que más o la que menos prefiera seguir con su repulsiva y arriesgada faena si con ello mantiene la independencia. Las féminas aquí no cuentan y si lo hacen es para adoptar el papel de víctima. Víctimas de ellos, de sus locuras, de sus caprichos, de su fuerza bruta. En cualquier caso y con todo, debemos citar que el filme va deslizándose conducido por una voz en off suave, aterciopelada, dulce. Precisamente una voz de mujer.

La película se ve con interés. Una atención que no se abandona en ningún instante. Y paradójicamente, a pesar de la intensidad de acciones y pasiones humanas que acumula en potente puesta en escena, la obra adopta un prisma de frialdad. Una gelidez que convierte al espectador en un atento observador que no atraviesa la pantalla para vivir las escenas junto con los personajes. Así, creemos que los observadores, o al menos eso nos ha sucedido a nosotros, se preocupan, se interesan pero no se implican. Entre la frialdad y la calidez en el abordaje de las penalidades o desmanes sucesivos que van aconteciendo, el director ha elegido permanecer en territorios helados.

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En realidad, desde el primer minuto hasta casi el último, vamos a transitar por un camino de pérdidas de todo tipo: personales, físicas y morales. Con altibajos en la confianza que se puede depositar en aquellos que nos salvan, pero también nos hunden. Cómo no centrar todo el interés en esa varita encantada, en ese Santo Grial, en esa espada mágica cuya posesión nos debe llevar al éxtasis total. ¿De qué hablamos? Del pasaporte de un país comunitario que debe abrir todas las puertas, incluso las de los hoteles de cinco estrellas de Tenerife. Y tampoco importa demasiado que el documento en cuestión sea falso.

Nos enfrentamos en el filme a seres que han traspasado límites morales y legales muy graves. Y quien puede lo más, también es capaz de acercarse a lo menos. Por ejemplo, humillar al negro vistiéndole de orangután o hacerse con su amada sin más finalidad aparente que la de humillar. Aún en la distancia, no dejaremos de empaparnos de amor, de dolor, de sufrimiento y de muerte. Porque hablamos de seres humanos que, a pesar de su juventud, de su ilusión y de su fuerza física y mental, difícilmente van a acceder a una existencia digna en la que no se les obligue a esconderse y a obedecer en silencio a lo más canalla que puede encontrarse en nuestra sociedad. Y hay competencia para esto último, no lo duden. 

Tráiler:

Ficha técnica:

Berlin Alexanderplatz ,  Alemania, 2020.

Dirección: Burhan Qurbani
Duración: 183 minutos
Guion: Martin Behnke, Burhan Qurbani. Novela: Alfred Döblin
Producción: Sommerhaus Filmproduktionen
Fotografía: Yoshi Heimrath
Música: Dascha Dauenhauer
Reparto: Welket Bungué, Albrecht Schuch, Jella Haase, Joachim Król, Martin Wuttke, Nils Verkooijen, Lukhanyo Bele, Lena Schmidtke, Mira Elisa Goeres, Annabelle Mandeng, Derek Meisenburg, Faris Saleh

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