Críticas

Historias de dos mundos

La apariencia de las cosas

Things Heard & Seen. Shari Springer Berman, Robert Pulcini. EUA, 2021.

Cartel de la película La apariencia de las cosasMe voy a centrar en mis comentarios de esta película en lo que implica su título, que se refiere a la diferencia entre lo que se interpreta (la apariencia de las cosas) y lo que realmente está sucediendo (que no es necesariamente lo que se oye y lo que se ve), sino, como frecuencia y como sucede en el filme, algo más contundente y sorprendente, muchas veces increíble. Acá se utilizan todas las formas de engaño, no solamente en el plano de la vida pasada, cotidiana y futura, sino también en el plano espiritual. Este último, que muchos consideran en sí mismo como inexistente, se presenta con seres variados, algunos capaces del engaño y de la decepción, mientras que otros actúan, si se quiere, con transparencia y buena fe. Es decir, en el plano misterioso de lo que puede ser o no ser; de lo que solo se ve a través de terceros o de ruidos o manifestaciones, las apariencias son el pan de cada día. Quizás ello explique las grandes dificultades que casi todos tienen para acercarse a tales mundos espirituales mediante la búsqueda de la comunicación activa con los seres que los habitan y la falta de consistencia objetiva en tales comunicaciones.

Todavía más compleja es la telaraña de engaños que tejen los seres humanos para atrapar a los demás en desastrosas tramas de secretos, agendas ocultas y manipulaciones, buscando lo que tradicionalmente se ha conocido como el ejercicio de la malicia: mundo, dinero y carne. Mundo, es decir fama y poder; dinero, es decir riquezas y lujos; y carne, es decir, disfrute sin límites de los instintos y apetitos sexuales. Lo anterior, más allá de las naturales satisfacciones comúnmente incluidas en las buenas prácticas, que, si bien cada día son más abiertas y relajadas, todavía mantienen estándares de decencia y honestidad como reglas y orientaciones sabias, afines, al menos, con lo que se denomina la ley natural.

Things Heard and Seen

Una y otra vez el cine encuentra jugosas historias en los universos de la práctica del engaño y en la forma en que eventualmente este conduce a trágicas consecuencias. En este caso se trata de una joven pareja que se ha establecido en una vieja casona del Valle del Río Hudson, en el estado de Nueva York, en Estados Unidos, ella, una creativa restauradora de arte; él, un joven profesor universitario que está explorando su carrera docente en un pequeño colegio de élite. Se describe la trama maliciosa a que los dos están sujetos, en un triángulo de víctimas, victimarios y salvadores, de una forma velada, colocando aquí y allá diversas pistas y claves, para que el espectador se ponga en el lugar de las víctimas y les mande, a las mismas, mensajes subliminales para advertirla de lo que le va a suceder cuando se dejan atrapar por las apariencias, por su inocencia y buena fe.

Hagamos un repaso de estas mala prácticas, tal como aparecen en la película, no sabemos si como resultado de mentes perturbadas o de almas demoníacas, conscientes y gozosas del daño que despiden por sus poros: asesinato envidioso para usurpar, impunemente, autoría artística; fraude académico por todos los medios posibles; uso de encantos y apariencia personal para aprovecharse sexualmente; engaños en relaciones de parejas entre seres hermosos e inteligentes; conversaciones deliberadas para mentir y crear tramoyas en beneficio propio y egoísta; asesinatos e intentos de asesinato a todo el que sea una amenaza para revelar negras intenciones y realidades… y todavía más perfidias aparecen cuando pareciera que se ha llegado al límite. Es decir, no hay límite real para tal cadena de maldades y artificios.

La apariencia de las cosas, fotograma

Recorridas estas historias de manera tal que el espectador también es engañado, en el cine se pasa, normalmente, a examinar el comportamiento de las víctimas. Estas actúan, en general, como personas que sospechan muy poco de que hayan sido objeto de engaños o dificultades que pongan en riesgo sus vidas o sus bienes. El espectador, que posiblemente tenga intuiciones al respecto, comienza a hacer fuerza, a imaginarse tramas paralelas, a tener conversaciones o diálogos especulativos consigo mismo o con sus compañeros de entretención, a hacer apuestas sobre la verdad oculta. Sucede casi siempre que solo deduce al final qué es lo que realmente está sucediendo y solo en ese momento, se libera del suspenso… aunque no siempre, pues los autores y diseñadores del filme lo pueden dejar perplejo e intrigado sin remedio. Siempre se sienten bien las cosas cuando los espectadores suponen que las víctimas son inteligentes, dotadas de poderes y de habilidades para elaborar su propia trama defensiva y engañar a las fuerzas malignas; sin embargo, como en la vida real, no siempre lo logran, dejando el castigo para que sea responsabilidad de algún evento futuro o quizás, para que actúen las también misteriosas fuerzas benignas que existen en todos los planos, incluyendo el de los espíritus y seres de otros mundos. En este filme se muestran varias historias paralelas, cada una con su víctima, una ocasión para apreciar la comedia en que danzan el bien y el mal.

La apariencia

En su paso por la trama, aparecen situaciones y personajes que dan la necesaria sabiduría y contenido a la historia para que se equilibre, es decir, para que el mal quede, al menos compensado por algún tipo de castigo o liberación. Son eventos, personajes o secundarios que pueden aportar gran vigor a los acontecimientos, o pasar desapercibidos sus acciones e impactos, en apariencia inocentes. Acá surge otra ocasión para el engaño y las apariencias, muy de la mano del director, pero también oportunidad para el lucimiento de actores extraordinarios o para que se resalten circunstancias o eventos premonitorios o auspiciosos que añaden excitación y calidad al filme. En nuestro caso, una vieja casona, los extraños objetos que en ella aparecen, el ambiente bucólico de la región, las curiosas sesiones espiritistas, los antiguos habitantes y sus registros en la sociedad histórica de la población. Son formas de que nos preguntemos sobre la capacidad de lectura y de interpretación que tenemos para ser intuitivos, para descubrir señales en medio de la maraña de los acontecimientos y manipulaciones tendenciosas que tañe la maldad al tocar las cuerdas de sus engañosas melodías, en esa peligrosa danza con sus víctimas.

Bueno, al final, se trata solamente de cine, y luego de dejar que nuestra mente vague por estos mundos de las apariencias, podemos sentir que regresamos a la normalidad y que estamos bendecidos y protegidos, que estas cosas solo suceden en esas viejas casonas y mansiones del Valle de Río Hudson donde transcurre este filme, habitadas por duendes, espíritus en pena y por ricos terratenientes y potentados, aristócratas de vidas dobles y engañosas.

 

Trailer:

Ficha técnica:

La apariencia de las cosas (Things Heard & Seen),  EUA, 2021.

Dirección: Shari Springer Berman, Robert Pulcini
Duración: 121 minutos
Guion: Shari Springer Berman, Robert Pulcini, basada en la novela All Things Cease to Appear de Elizabeth Brundage
Producción: Stefanie Azpiazu, Anthony Bregman, Julie Cohen, Peter Cron
Fotografía: Larry Smith
Música: Peter Raeburn
Reparto: Amanda Seyfried, James Norton, Natalia Dyer, Rhea Seehorn, Alex Neustaedter, F. Murray Abraham, Jack Gore

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