Críticas

Cuando la construcción visual atenta contra la dimensión dramática

El señor de los anillos: El retorno del Rey

The Lord of the Rings: The Return of the King. Peter Jackson. Nueva Zelanda, EUA, 2003.

Cartel de El señor de los anillos: El retorno del Rey La última entrega de la trilogía basada en la obra literaria de J.R.R. Tolkien guarda un aire de término y despedida. La superproducción iniciada el año 2000 tenía por objetivo llevar al celuloide el complejo mundo nacido de la pluma del escritor inglés. En ese sentido, el largometraje cumple su función con creces, ya que logra conectar con un público lector por medio de un lenguaje cinematográfico asociado a los códigos narrativos presentes en la obra de Tolkien. En ese sentido, Peter Jackson explora la dimensión fílmica del relato escrito. Así también esta trilogía ha tenido un efecto inverso, aproximando a los cinéfilos a la literatura de la Tierra Media. Considerando estos antecedentes, el visionando de la película a casi dos décadas de su estreno aún mantiene la misma frescura, lo que está condicionado por la construcción visual de la cinta.

La estructura narrativa del film se desarrolla a través de dos arcos argumentales que solo confluyen en el desenlace, tras un punto cúlmine de aproximadamente 90 minutos de duración. Por un lado, el arco argumental establecido a partir del trayecto que Frodo, Samsagaz y Gollum realizan hacia el Monte del Destino. Por otro lado, el segundo arco argumental se centra en una sumatoria de combates liderados por Aragorn y Gandalf, que a lo largo del visionado se torna monótono y le resta ritmo a la estructura fílmica del largometraje. Es así como el espectador se introduce en la trama a través de personajes que reflejan el contrapunto entre el bien y el mal, pero no logra reconocer figuras intermedias que otorguen otros matices. Sin embargo, destaca el protagonismo y el desarrollo dramático que adquiere Gollum, corporalmente interpretado por Andy Serkis y cuya experiencia inauguraría una serie de caracterizaciones asistidas por Computer Generated Imagery, entre las que destacan King Kong (Peter Jackson, 2005), la trilogía de El Planeta de los Simios o las últimas versiones de Star Wars. Jackson sitúa a este personaje en la introducción del film mediante una analepsis, permitiendo que el espectador sea testigo de su origen, empatice con él, además de advertir la trascendencia argumental que asumirá a medida que avanza la cinta y que decantará en el clímax.

Fotograma 01 de El señor de los anillos: El retorno del Rey

Destacan las escenas de combate, que están muy bien construidas pero caen en un exceso coreográfico y de efectos especiales en Virtual FX, lo que se torna empalagoso y atenta contra el ritmo del film. Al margen de la crítica, el director neozelandés no olvida sus orígenes cinematográficos, al utilizar efectos especiales y maquillaje de la vieja escuela, lo que aporta realidad y corporeidad ante los entornos virtuales creados de manera digital. Es así como la dimensión artística de El señor de los anillos: El retorno del Rey regala al espectador una serie de particularidades de la filmografía de Peter Jackson, lo que se puede verificar en la utilización de látex en el maquillaje de las criaturas, similar a la caracterización de los extraterrestres de Mal Gusto (Bad Taste, 1987), los dementes personajes de El delirante mundo de los Feebles (Meet the Feebles, 1989) o las hordas de zombis de Braindead: Tu madre se ha comido a mi perro (Braindead,1992). La utilización del Computer Generated Imagery ya le había permitido caracterizar al espíritu antagonista de Agárrame esos fantasmas (The Frighteners, 1996) y en la última entrega de la trilogía de Tolkien no ha dudado en volver a hacer uso de esta herramienta digital para poblar la Tierra Media con un batallón de almas guerreras. La propuesta artística de las secuencias de combate y la construcción visual de la Tierra Media se apoya en una cuidada elección de locaciones, el desarrollo arquitectónico digital, el diseño de vestuario y la caracterización de un sinnúmero de criaturas que forman parte del universo creado por Tolkien y que Jackson generosamente se encarga de reflejarlo en la película de la manera más real posible. Sin embargo, si bien la construcción digital permite que el espectador explore la diversidad de paisajes y situaciones escritas por Tolkien, también da cuenta de la intención de la película por anteponer la espectacularidad de la construcción visual por sobre la inteligencia en la construcción discursiva del relato fílmico y ahí se asoma el punto más débil del largometraje.

Fotograma 03 de El señor de los anillos: El retorno del Rey

No veo inconveniente en que el planteamiento de Jackson sea priorizar las escenas de acción, dejando de lado la configuración cinematográfica articulada por el discurso de sus personajes. Empero, la tercera experiencia de Peter Jackson deambulando por el mundo creado por Tolkien se torna monótona debido a la reverberación de los combates y los interminables desplazamientos que los personajes realizan por la Tierra Media. El film no logra profundizar en desarrollo dramático de la gran cantidad de personajes secundarios y solo es posible ver tímidos bocetos de cada uno de ellos. Esta situación determina que, tanto el clímax del film como el de la trilogía, solo sea una gran exposición de pirotecnia acompañada de diálogos sin intensidad, lo que determina que tras 201 minutos de metraje el espectador solo espere pacientemente que toda esta épica concluya.

Tráiler:

Ficha técnica:

El señor de los anillos: El retorno del Rey (The Lord of the Rings: The Return of the King),  Nueva Zelanda, EUA, 2003.

Dirección: Peter Jackson
Duración: 201 minutos
Guion: Peter Jackson, Fran Walsh y Philippa Boyens, basado en la novela de J.R.R. Tolkien
Producción: Coproducción Nueva Zelanda - EUA; Wingnut Films
Fotografía: Andrew Lesnie
Música: Howard Shore
Reparto: Elijah Wood, Viggo Mortensen, Ian McKellen, Sean Astin, Andy Serkis, John Rhys-Davies, Orlando Bloom, John Noble, Miranda Otto, David Wenham, Bernard Hill, Billy Boyd y Dominic Monaghan

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