Críticas

Reconocerse en el espejo

Make Up

Claire Oakley. Reino Unido, 2019.

Muchas veces el escenario de una película cubre unas necesidades vitales para el filme hasta tal punto que llega a convertirse en partícipe activo de este. Se dimensionan en el los miedos, las fobias, los sentimientos… Y si artísticamente esa imagen poderosa y visual, a la vez que simbólica, está bien lubricada con la columna vertebral de la trama, resulta difícil pasar por alto significados silentes, visuales o auditivos, pero que son, a su modo, señales que sirven para descodificar y transmitir ideas. De esta forma, la directora Claire Oakley saca el máximo rendimiento al situar su historia en un camping low cost de la costa inglesa. La idea más común que nos viene a la mente, al hablar de camping, es esa zona común, en la que la gente se desplaza para disfrutar del descanso y de un sol que brilla con intensidad y que se mantiene fijo en un cielo despejado. Pero la idea de camping de Oakley se parece más a un cementerio de caravanas, pues es invierno y estamos fuera de temporada, así que muchas están tapadas con lonas transparentes para su posterior fumigación. Hace frío, apenas hay turistas y la meteorología inglesa no ayuda demasiado con esas nubes bajas que tapan el cielo. En ese desierto costero, se mueve Ruth, nuestra protagonista, una chica con la mayoría de edad recién cumplida, que adquiere el permiso parental  para visitar a su novio Tom, encargado del mantenimiento del camping.

La impaciencia de Ruth por ver a Tom después de tanto tiempo es latente. A priori funcionan como una pareja a la que le esperan grandes días de felicidad juntos, sin embargo, al poco tiempo de estar allí, Ruth advierte  algo: un cabello largo y pelirrojo entre las sábanas de Tom. Cuando parece quitarle importancia al asunto, unos labios femeninos pueden verse a contraluz bien marcados en un espejo. Esas señales alertan a nuestra protagonista y la inundan en la duda. Pero la sinopsis y el detonante se muestran algo tramposos, la intención de descubrir la infidelidad de Tom es simplemente una tapadera en forma de thriller para crear un atmósfera inquietante y misteriosa, pero bajo esa capa de maquillaje (título sugerente), se encuentra un auténtico drama social y personal al que Oakley quiere hacer especial relevancia, y por la que, al fin y al cabo, la película cobra sentido y significado.

Como Tom pasa gran parte del día trabajando, Ruth merodea por las instalaciones en busca de respuestas, eso sí, siempre en tierra firme y sin acercarse a la playa, pues no sabe nadar y le tiene un temor subyacente al agua. En uno de esos paseos, conoce a Jade, una joven que también trabaja en mantenimiento. Al poco de conocerse (la primera vez es un intercambio de electricidad, literalmente), entablan una amistad bastante firme y a la vez ambigua. Jade tiene un estante lleno de pelucas de toda clase (y eso podría haber abierto la historia a un misterio aún mayor, pues hay una insinuante peluca pelirroja posada en la cabeza de un maniquí). Su  hobby es bastante atractivo; es especialista en tratamientos de belleza, especialmente esteticista de uñas. De entre todos los colores posibles, el “amanecer escarlata” es otro punto de unión entre estas dos jóvenes que empiezan a notar que les invade una sensación algo más profunda que la simple amistad. Pero para averiguar esto, lo cual es el quid de la cuestión,  Ruth deberá invocarlo, enfrentarlo y superarlo; una crisis de identidad que desdibuja a la protagonista hasta el dolor más desesperante. Es aquí cuando las caravanas fantasmales y el mar, clara simbología del miedo de Ruth, cobran su relevancia más psicológica.

El filme se abre con un plano del mar algo agitado y amenazante, de noche, como si la espuma escondiese algún secreto que no puede ser revelado, y eso es la película: la autoexploración personal por la orientación sexual y el despertar de algo nuevo que asusta, pero que, con gran tenacidad y aceptación, se debe superar. Después de una visita nocturna a la caravana de Jade, Ruth se siente aturdida. Una noche en la que el viento y la lluvia azotan con gran intensidad la zona costera, se pone en marcha la búsqueda de una señora mayor con demencia senil que reside en las instalaciones y se ha perdido. Ruth y el equipo de mantenimiento deciden ir en su búsqueda, ¿pero está buscando Ruth a la señora mayor o se está buscando a ella misma? Las consecuencias repercuten en el entorno y Tom no está dispuesto a aceptarlo, rehúye del problema actuando como un adolescente inmaduro ,encerrando a nuestra protagonista en la caravana, y es ese el clímax final, la poderosa escena en la que Ruth no sale del armario, ¡revienta una ventana! y va en busca de Jade en medio de fuegos artificiales. Si al principio veíamos un mar oscuro y sospechoso, su plano final actúa como contraplano, unos rayos de sol impactan contra las tenues olas del mar, mientras Ruth se está bañando, esbozando una sonrisa. Enhorabuena, Ruth, has superado tu miedo más profundo.

La ópera prima de Oakley se muestra sincera, dura y muy personal. Se mueve y juega con el surrealismo obsesivo más desconcertante para enfrascar el drama de una joven que se reafirma ante el mundo. La idea de un camping de caravanas desolado, a deshoras y en invierno, acaba siendo también protagonista en la laberíntica búsqueda de la identidad. Merece la pena echarle un vistazo por el juego visual y de conceptos que aporta el paisaje y la forma de filmarlo, y mientras Ruth acaba descubriéndose a sí misma, nosotros descubrimos a una directora novel con ganas de decir cosas. Con Make Up todos salimos ganando.

 

Ficha técnica:

Make Up ,  Reino Unido, 2019.

Dirección: Claire Oakley
Duración: 86 minutos
Guion: Claire Oakley
Producción: Quiddity Films, iFeatures
Fotografía: Nick Cooke
Música: Ben Salisbury
Reparto: Molly Windsor, Joseph Quinn, Stefanie Martini, Theo Barklem-Biggs, Lisa Palfrey, Elodie Wilton, Maureen Wild, Derek Frood, Ruben Wheeler

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