Tormenta de arena

Sand Storm - cartelLa directora israelí Elite Zexer ha debutado en el largometraje con esta película que se presentó en la Sección Oficial del último Festival de Valladolid. Nos encontramos ante una obra más, y nunca están de sobra, en este caso procedente de Israel, que muestra la pésima situación de falta de libertad y dignidad que soportan las mujeres en demasiadas partes del planeta. El filme se desarrolla en una comunidad beduina del sur de Israel, de economía paupérrima, que permite la poligamia, al varón, por supuesto, que admite a los maridos que expulsen a sus esposas del hogar familiar cuando se les antoja y que sigue apostando por la figura del paterfamilias, ese que decide sobre el destino de sus hijas, con independencia de los personales intereses de estas últimas. Y ello, a pesar de que se intente, digamos, disimular el asunto admitiendo el acceso al mundo educativo de las féminas, aunque personalmente, se nos escapan las razones, dado el futuro que les espera, ese de la sumisión absoluta al hombre, sin más tarea que la de ocuparse de su bienestar personal (el del varón, por supuesto), manteniendo limpias las estancias en donde residen, y atentas a que vayan adecuadamente vestidos y bien alimentados.

A pesar de que no es común la situación de preocupación ajena por las condiciones de vida en que se desarrolla la existencia de estas comunidades, en el presente caso, una directora israelí se ha ocupado en mostrar en su cotidianidad la realidad de un pueblo beduino situado en el sur del país, un pueblo palestino que se considera ocupado, y que sus máximos esfuerzos se centran en la lucha contra la colonización, y no precisamente en la batalla, rebelión o intento de modificación de la situación en la que se encuentran las mujeres, inconcebible para ojos occidentales. Y lo más lamentable, por declaraciones de la actriz protagonista, Lamis Ammar, de origen palestino, es que el estado actual de modos y costumbres se asume por la parte femenina con normalidad, e incluso se entiende y se encuentra natural el predominio de los hombres, su poder ante el destino y evolución vital de las mujeres. Y ello, precisamente, parece que refleja la película, a cuenta de unos segundos festejos nupciales, un horror en donde la anterior esposa, ya vieja y usada, tiene que pasar por la humillación de acoger a la recién llegada, joven y pomposa, además de soportar el desplazamiento físico para despejar el hábitat a los nuevos enamorados; y en segundo lugar, a resultas de las reacciones de una hija rebelde que pone ciertas dificultades a lo que ya sabe que debe aceptar, aunque no le apetezca lo más mínimo. Es una joven que, al parecer, ha recibido una educación, no es analfabeta, sabe leer y escribir, además de haber tenido que aprender o conocer que existen ciertos derechos mínimos básicos por los que se tiene que luchar, a la mínima oportunidad que se presente. ¿O qué se enseña en las escuelas de aquel país? El tema no es baladí, y nos preocupa.

¿Y que queda de la película? Pues un simple retrato costumbrista de un pequeño y olvidado lugar en este mundo, en donde parece que la cámara respeta la verdadera situación en que se encuentra, sin falsas trampas o intentos de complacencia ante el espectador, y sin tomarse la molestia de situarse, al menos, en una cierta posición de crítica y de denuncia. En realidad, el mensaje que hemos captado del filme, si es que contiene alguno, es aquél que a pesar de la abominable situación que soportan las mujeres en esos pueblos beduinos, no hay más remedio que terminar aceptándolo tal cuál es, como la única posible en las condiciones sociales y económicas, de vida rural y de pobreza extrema que se soporta, sobreviviendo únicamente de recursos naturales.

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Resignados a la mera contemplación de ritos, festejos y tradiciones, al menos, las interpretaciones de los actores resaltan en naturalidad, destacando la actriz Lamis Ammar, como la joven hija, Layla, que partiendo de un intento de golpe de estado, no se queda ni en el marco de una simple asonada fallida. Si se trataba de una guerra entre modernidad y tradición, educación o barbarie, la batalla, desde luego, deja el depósito de municiones prácticamente intacto.

Como conclusión, debemos conformarnos con dirigir nuestra visión y reflexión dentro del marco de cuasi-documental en que nos sitúa la realizadora, observando con irritación y repulsa la vida de estas gentes, de estos beduinos rodeados de arena y de ocupantes no invitados ni bien recibidos, mientras que en realidad desearíamos estar enfrentándonos ante una pura ficción originada en la fantasiosa mente de cualquier guionista. Por desgracia, parece no ser así, además de enterarnos, por declaraciones de participantes en la obra, de que no parece que existan organizaciones en la zona, preocupadas en que la situación de sumisión absoluta y hasta aceptada como la más adecuada por las mujeres del lugar, se intente mejorar.

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Películas del mismo calado no han faltado tampoco este año en la Seminci, en su Sección Oficial de Largometrajes. Podemos nombrar, entre ellas, a Dokhtar (Hija), de Reza Mirkarimi, procedente de Irán, Anatomy of Violence (Anatomía de la violencia), de la realizadora india Deepa Mehta, la propuesta del director serbio Goran Paskaljević, Dev Bhoomi (Tierra de dioses) o la última obra del realizador iraní Asghar Farhadi, El viajante (Forushande). Ejemplos de sometimientos de un sexo sobre el otro, siempre dominando el mismo, faltaría más, que además de que posee las más abundantes y mejores parcelas de poder e influencia, la naturaleza le ha dotado, en general, con una superior “fuerza bruta”. Si a las referidas supremacías, las acompañamos con la influencia de las religiones, que ahondan en la herida a su pura conveniencia y el prácticamente nulo acceso a la educación y a la cultura por la parte femenina, con la legislación en su contra y sin grandes movimientos procedentes de lugares en donde la situación no es tan calamitosa para dar un vuelco de verdad a la coyuntura, seguiremos agradeciendo, para que no caigan en el olvido, estas obras que son presentadas como ficción, pero desgraciadamente responden a intolerables realidades actuales.

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