Críticas

Costumbrismo histriónico

Alma viva

Cristèle Alves Meira. Portugal, 2022.

AlmavivaCartelLa emigración portuguesa a otros países como Francia o Alemania y el regreso a casa, al menos en periodo vacacional, ha sido tratado con cierta recurrencia en el cine europeo. Nos acordamos de la producción francesa de 1967, El salto (O salto), realizada por Christian de Chalonge, sobre la odisea que tuvieron que atravesar inmigrantes ilegales portugueses cuando decidieron abandonar su tierra natal para escapar de la pobreza, de la dictadura o del servicio militar ante el consiguiente peligro de intervención en guerras coloniales por África. Precisamente, los padres de la directora de Alma viva, de Cristèle Alves Meira, huyeron de Portugal a Francia a consecuencia del régimen dictatorial de Salazar. Entre otras películas relacionadas con el asunto, también podríamos citar Aquel querido mes de agosto (Aquele querido mês de agosto, 2008), del portugués Miguel Gomes. En ella, el documental invade la ficción al tiempo que familias emigrantes de origen portugués regresan a su país en el mes del título, procedentes de otras naciones europeas. 

Alves Meira nos propone en su primer largometraje, estrenado en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes y premiado en la Sección Oficial de la Seminci, una serie de historias que le han rodeado en su infancia. Nacida en el país galo, todos los veranos ha vuelto a sus raíces, a una zona rural de la región de Tras-os-Montes en Portugal. Allí nos topamos con un microcosmos en el que se dan la mano el folclore terrenal y el sobrenatural. Estamos ante una obra con altibajos, sensible y bulliciosa, que juega con dicotomías, con lo oscuro y lo transparente, con el primer plano y el abierto al terreno circundante, con los espíritus y lo material… En realidad, consiste en un retrato de una pequeña comunidad rural perfectamente transportable  a muchos otros lugares, a todos aquellos núcleos minúsculos, cada vez más reducidos por las precarias condiciones de vida y falta de oportunidades; con sus propias costumbres, liturgias, cantos y rituales; con sus particulares dioses, espíritus o demonios… Son materias que siempre pueden observarse desde ese panorama universal que nos une en dramas, misterios, tragedias o conflictos familiares. 

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En Alma viva, la pequeña Salomé, interpretada por la propia hija de la realizadora, se traslada desde Francia a Portugal, como todos los veranos, al pueblo de su familia. La tranquilidad reinante se quiebra por una muerte inesperada que originará situaciones dantescas, tanto humanas como fantasmagóricas. El filme se encuadra en el género de comedia dramática. Y creemos que crece en los momentos primeros, bajando puntos en los segundos, a pesar de la magnética interpretación de la niña, de Lua Michel. Por lo que se refiere a las escenas cómicas, disfrutamos con lo esperpéntico, con los momentos corales, con la astracanada, con el delirio. Pueden llevarnos al mejor cine de Kusturica o al mismo Berlanga. Hablamos de instantes hilarantes, como ese entierro en el que el ataúd es recibido a pedradas y en plena evacuación por un incendio forestal; o aquellos otros que derivan en peleas fraternales con incidentes estrambóticos y surrealistas; o en aquellas esperas de hijos pródigos mientras los días pasan y los ventiladores ya no se muestran eficaces…

La película va deslizándose en el costumbrismo, en el devenir de la existencia de una familia en unas tierras que están terminándose de vaciar por la falta de desarrollo y por tanto, de imposibilidad de subsistencia. Y las rencillas surgen entre aquellos que emigraron en su momento, entre los que pudieron irse y los que se tuvieron que quedar o decidieron hacerlo por ausencia de oportunidades o por obligaciones necesarias o autoimpuestas por las sociedades machistas en las que nos movemos. No obstante, en el filme son las mujeres las que se erigen como puntos catalizadores de toda la trama, en el género que mueve el mundo. Son ellas las fuertes, las poderosas, mientras que los hombres son perfilados como seres débiles y sumisos. A pesar de esto último, debemos decir que la mirada de Alves Meira sobre sus personajes es de afecto: hacia todas y todos. Por cierto, como se expresa en la obra, no es casualidad que a aquellas féminas que intentan alcanzar su independencia se les termine denominando “brujas”. La misma ONU advierte que todavía a miles de ellas se les sigue asesinando cada año en nuestro planeta por dicha acusación.

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El escritor y filósofo Philip K. Dick incluía entre sus temas favoritos la incertidumbre entre la muerte y la vida, en esa vacilación que se produce entre aquel que está muerto y aquel que está vivo. ¿Podrían reproducirse experiencias reales en un estado de mitad vida y mitad muerte? Una especie de lado oscuro similar es asumido por la chiquilla protagonista en el filme, acaparadora de memorias, rituales paganos, oraciones y creencias locales. Convicciones antiguas y prácticas secretas que se siguen transmitiendo de generación en generación incluso en pleno siglo XXI; un vínculo con lo sobrenatural y con los muertos que se explora en escenas potentes y cargadas de realismo mágico. La autora se ha inspirado en Abbas Kiarostami para procurar que lo ordinario parezca extraordinario, teniendo muy presente los viajes físicos y espirituales errantes del iraní, llenos de simbolismo, y aquellas imágenes que asemejan simples pero se encuentran cargadas de artificio. Deleuze denominaba “naturalismo” a la superposición de mundos. Consideraba que suponían la descripción de un  medio preciso que, agotándolo, acababa con el eterno retorno al “comienzo” y al “fin” del mundo, focalizando “el declive irresistible del uno al otro” en la pulsión de muerte.

Alma viva nos acerca con habilidad al descubrimiento de la vida por parte de una niña en proceso de madurez incipiente. Salomé asiste, en un principio, como espectadora de los hechos que transcurren delante de ella. Significativo resulta el plano subjetivo en el que observa la muerte a través de un velatorio. Un primer encuentro con la parca que muchos de nosotras y nosotros recordaremos, cuanto menos, de forma perturbadora. Ana Torrent, en El espíritu de la colmena, de Víctor Erice (1973), contempla atónita el plano en el que el Frankenstein de James Whale asesina a una niña cándida que le regala una flor (El doctor Frankenstein / Frankenstein, 1931). Pero Salomé, como la misma Ana, tres años después, intenta abandonar ese papel pasivo característico de la infancia para llevar a cabo su venganza. Así, se reproduce la escalada hacia la movilización que ya disfrutamos en la huérfana de Cría Cuervos, invocando la muerte de su tía: “Que se muera, quiero que se muera” (Carlos Saura, 1976).

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El largometraje de Alves Meira tiene conexiones con dos producciones españolas realizadas el mismo año. La primera se trata de El agua, de Elena López Riera (2022), presentada en la misma sección que Alma Viva en Cannes. Tradiciones y supersticiones que pasan de padres a hijos, a cuenta, en el caso de López Riera, del desbordamiento del río en una pequeña localidad. La segunda se trata de Alcarrás, de Carla Simón, ganadora del Oso de Oro en el Festival de Berlín (2022). Otro filme que, como el franco-portugués, se desarrolla en una población de poco tamaño en proceso de extinción, al menos en lo referente a sus medios de existencia característicos. En resumen, la ópera prima de Alves Meira creemos que se erige en una tragicomedia que se contempla con agrado y empatía y que cuenta con una cuidada puesta en escena, desde las interpretaciones por actores tanto profesionales como neófitos, hasta una fotografía que consigue atrapar con fuerza. Interesante primera incursión en el largo de una realizadora que se hace merecedora de que andemos atentos a su trayectoria.  

Tráiler:

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Ficha técnica:

Alma viva ,  Portugal, 2022.

Dirección: Cristèle Alves Meira
Duración: 88 minutos
Guion: Cristèle Alves Meira, Laurent Lunetta
Producción: Coproducción Portugal-Francia-Bélgica; Midas Filmes, Fluxus Films, Entre Chien et Loup, Mathematic
Fotografía: Rui Poças
Música: Amin Bouhafa
Reparto: Lua Michel, Ana Padrão, Jacqueline Corado, Catherine Salée, Duarte Pina, Ester Catalão, Sónia Martins, Martha Quina, Arthur Brigas, Nuno Gil, Valdemar Santos

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