Críticas

Hombre, lobo del hombre

Mano de obra

David Zonana. México, 2019.

La cinta Mano de Obra, primer largometraje escrito y dirigido por David Zonana, es un crudo retrato de la sociedad mexicana, que queda expuesta en toda su complejidad al tiempo que se le percibe lacerada por las descomunales brechas sociales.

La escena inicial nos muestra la construcción en proceso de una lujosa casa en una de las mejores zonas de Ciudad de México, y vemos a un grupo de albañiles que trabajan en armoniosa sincronía, cuando de pronto, uno de los empleados cae desde un segundo piso, perdiendo la vida. Una toma desde el interior de la casa nos muestra al hombre cayendo, sin enseñar el tremendo golpe que nuestra imaginación ayuda a completar, para pasar directamente a la escena en que los deudos (su hermano y su mujer embarazada) están velando su cuerpo.

Su hermano Francisco, interpretado firme y convincentemente por Luis Alberti (Eisenstein en Guanajuato, 2015; Carmín Tropical, 2014), que trabaja como albañil en la misma obra, pide al dueño una merecida indemnización para la familia, que le será negada a partir de la resolución del peritaje, que asegura que el joven accidentado laboraba bajo los efectos del alcohol cuando el trágico evento sucedió.

Así, mediante una trama progresiva, que no deja de sorprender al espectador, Zonana nos involucra en una querella desatada tanto por la injusticia como por la indiferencia. Sin embargo, cabe mencionar que el conflicto dramático no se conforma con tan solo presentar una historia tantas veces ya contada sobre la desigualdad social y la explotación de los menos afortunados, sino que acertadamente se dispone a representar algo así como un estudio sobre el comportamiento humano en circunstancias extraordinarias.

Por lo que, de pronto, casi a mitad de la película, y después de que la pantalla se funde a negro, casi podemos afirmar que comienza una fábula distinta, un relato alejado del tono en que se venía manejando el filme, para dar lugar a uno nuevo, cargado, asimismo, de un fuerte crítica social, pero en un sentido diferente.

La rabia –que se cuece a fuego lento– y la desesperación resignada, se convierten en la desesperanza del que no teme a nada, porque ha perdido ya mucho en su camino. Así, repentinamente, nos encontramos con un Francisco completamente transformado que, ante la falta de apoyo de su patrón, opta por hacer justicia –o quizá suene más apropiado decir venganza– por sus propias manos; y cuando menos lo esperamos ya lo vemos ocupando y viviendo en la casa a medio terminar, haciendo pleno uso del lugar junto con sus compañeros, lo que detonará otro tipo de conflictos, dignos ya de un experimento antropológico y social.

Mano de obra presenta un guion que va de un tono pulcro y realista a otro más, que se concentra en intentar analizar los vicios de la naturaleza humana a partir de un ejercicio de organización y convivencia, en las que el juego por el liderazgo y el poder serán lo que termine por agitar con fuerza a los personajes. Y para ello, se vale de una mirada sugestiva con la que reforzar su tesis.

De tal modo que Zonana, junto con Carolina Costa, su directora de fotografía, consiguen un concepto visualmente interesante. Una ópera prima que anuncia un estilo depurado de adornos, que intenta fundir el espacio con el argumento, apoyado en una puesta en escena que hace uso de dichos espacios para componer geométricamente los encuadres.

Mano de obra

En su búsqueda por remarcar un evidente contraste entre las clases sociales que exhibe el filme, decidieron aprovechar los elementos arquitectónicos de la casa en construcción, el riguroso orden de cada área y, sobre todo, el inmaculado blanco de sus paredes, techos y habitaciones en general, para contraponerlos con las humildes casas de los empleados, cargadas de colores saturados, oscuros o chillones, como el rosa mexicano del cuartito de Lupe (Jessica Galvez), la cuñada de Francisco.

Igualmente, optaron por utilizar pronunciadas diagonales, largas líneas de fuga en sus pasillos, marcos de las puertas o los canceles de las ventanas, para delimitar y encerrar los planos, tanto en la casona del pedregal como en las reducidas viviendas de los trabajadores, con sus paredes atiborradas de utensilios y sus techos de lámina o de latón, que difícilmente soportan las inclemencias del clima.

Mano de obra, fotograma

Lo anterior es un claro ejemplo de la utilización del espacio cinemático como marco determinante en la historia. La incorporación de este lugar de trabajo como un rol protagónico, eje de la acción y listo para ser tomado y transformado por los personajes, haciéndolo parte de su propia identidad, lo convierte en el microcosmos de toda una sociedad y en el escenario ideal para desnudar los turbaciones del comportamiento y las fragilidades de la condición humana.

El fuera de campo también tiene un importante peso en la cinta, ya que los sucesos que detonan la acción son velados al espectador y solo puede intuirlos a partir de ciertas pistas que el director siembra en su mente, involucrándolo y manteniendo así su atención en todo momento.

A la postre, podemos decir que Mano de Obra es una propuesta interesante, un prometedor debut de un director que apuesta por los giros de tuerca y las sorpresas, los cambios inesperados y las transformaciones profundas de sus personajes. Todo esto dentro de una puesta en escena bien cuidada y con un estilo osado y audaz.

Tráiler:

Ficha técnica:

Mano de obra ,  México, 2019.

Dirección: David Zonana
Duración: 82 minutos
Guion: David Zonana
Producción: David Zonana, Eréndira Núñez Larios, Michel Franco
Fotografía: Carolina Costa
Reparto: Luis Alberti, Horacio Celestino, Hugo Mendoza, Jonathan Sánchez Galera, Francisco Díaz

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