Críticas

Dos mujeres y un destino

Entre nosotras

Deux. Filippo Meneghetti. Francia, 2019.

En la vida hay un momento decisivo en que tienes que ser muy valiente para cruzar una línea roja y postularte al frente en cuestiones trascendentales que implican mucho valor. Si nos autocensuramos y nos imponemos límites, nunca terminamos de afrontar aquello que nos atormenta. Visibilizar una naturaleza sexual en pleno siglo XXI y en una sociedad avanzada no debería ser un reto, sino más bien un acto natural y sincero. Pero, si dejamos que los prejuicios manipulen nuestra voluntad y bloqueen decir lo que somos, nunca terminamos de progresar. Si ocultamos una verdad íntima, larvada durante muchos años, y reculamos atemorizados por el qué dirán, jamás seremos nosotros mismos. Además, la cobardía arrastra una traición. La otra persona, liberada de esa presión, está esperando el paso firme de la amiga para cambiar el rumbo de los acontecimientos.

Esta breve reflexión viene a colación de las sensaciones agridulces que desprende la película, Entre nosotras (Deux, Francia, 2019), primer largometraje de Filippo Meneghetti. Su guion, escrito con la colaboración de dos escritores más, Malysone Bovorasmy y Florence Vignon, tiene algunas concomitancias con una producción española reciente, Salir del ropero (2019), de Ángeles Reiné, que plantea una encrucijada similar. Dos mujeres maduras, con todas las conquistas económicas y de confort aseguradas, no aciertan a revelarle a su entorno familiar que son gays y se enredan en conflictos chabacanos. En el filme francés, ese logro intrépido que requiere un coraje firme solo atañe a una de las amantes, la que tiene legado, dos hijos y un nieto. Por lo tanto, sobre ella recae una tesitura complicada. Dar el paso parece fácil. Pero cuando llega el momento y adviertes que la escena reúne el ambiente ideal para la valiente confesión, la vergüenza irrumpe y la osadía se ve comprometida.

Dice el novel realizador, Filippo Meneghetti, que la idea para su película nace de una conversación con sus amigos. En una charla informal, uno de ellos dijo que conocía la historia de dos señoras lesbianas que vivían en el mismo edificio, en apartamentos vecinales, y compartían el espacio común del rellano. Esta anécdota, engordada y engrasada, da origen a un relato sobre la amistad y refleja una postura tenaz desde el punto de vista femenino. El director italiano la aprovecha para construir una hermosa fábula con un tema bien cuajado y con dos maravillosos personajes para dos grandes actrices.

Nina, soltera, robusta, contundente, valiente, está encarnada por una intérprete fascinante, la alemana Bárbara Sukowa, una de las atribuladas musas de Rainer Werner Fasbinder. Madeleine, viuda, arrastra la amargura de un matrimonio sin amor, delicada, sensible y vulnerable, está encarnada por Martine Chevalier. Sobre esta última recae la misión de dar a conocer a su hija, Anne (Lea Drucker) y a su hijo, Frédéric (Jérôme Varafrain), su condición de lesbiana. No se atreve, se produce una ruptura de estilo y el largometraje se decanta por territorios genéricos rasposos.

Unas primeras secuencias de situación, candorosas, hermosas, filmadas con tacto, nos dejan ver a dos mujeres que se aman y disfrutan de su intimidad. Miradas y gestos, muy bien captados, en planos de luz envolvente, anaranjada, acuñan parámetros de una historia de amor. Sin más. Pero la timidez o quizás el miedo de Madeleine a soltar ante sus atentos hijos su condición sexual le coharta la libertad, se echa atrás y debilita su posición. Nina, al enterarse que su amante ha quebrado el pacto y perjudicado su plan de vender los pisos y marcharse a Italia a disfrutar de su pasión, se enfada con su amiga, le grita, le reprocha su pusilánime actitud, y Madeleine, víctima de la indefensión y su propio temor, sufre un percance cardiovascular y queda gravemente lesionada.

La dulzura y el costumbrismo dan paso a otra película, con un tratamiento oscuro, que roza el thriller psicológico, cercano a los postulados inquietantes de Roman Polanski y centrado en los espacios que el espectador conoce de sobra: el apartamento de Madeleine. Se trata, entonces, de expiar culpas y depurar responsabilidades. Además de seguir buscando una ruta para dejar atrás la clandestinidad y dar fe que la batalla todavía no está perdida. Con Madeleine en su hogar, postrada en silla de ruedas, dependiente y con una asistenta contratada por los hijos para que la paciente esté vigilada permanentemente, Nina, inasequible al desaliento, elucubra una estrategia para estar junto a su amante y proporcionarle los estímulos sentimentales necesarios para ayudarla a su mejora. A tal fin, y sin importarle los medios utilizados y sin preocuparle quien salga perjudicado, se convierte en un fantasma que penetra en el piso de su compañera de manera furtiva, haciendo uso de las llaves que posee, y ejecuta con nocturnidad un ritual motivador, insuflando calor y ternura. La mejor medicina para una pronta recuperación.

Sin embargo, Nina, llena de coraje, no repara en las consecuencias que sus constantes allanamientos y gamberradas va a provocar en la empleada que ha sido contratada como cuidadora. Una trabajadora precaria, sin asegurar, que necesita el puesto para sobrevivir. Los efectos colaterales de la invasión de Nina atañen al esmero de la centinela, que ve cómo su trabajo queda deslucido y se gana la desconfianza de Anne, que la despide por torpe y descuidada. Un atropello en el que asoma el cine social. Pero poco más. Unas fotos antiguas que guarda Madeleine y que Anne husmea aclaran el embrollo: son elocuentes y confirman la sospecha de la hija. Ante la evidencia y el colapso que sufre Anne, no le queda más remedio que ingresar a su madre en un asilo, que se convierte en el último reducto que le queda a Nina por franquear y zanjar un asunto que dura mucho tiempo.

Entre nosotras habla del empeño de dos mujeres por contarle al mundo que son amantes. Este desafío se articula a través de Madeleine, una mujer insegura y timorata y preocupada por la reacción de sus hijos. La maniobra para conseguir dar voz al anhelo se manifiesta en las fechorías de Nina, atrevida y displicente. La oposición de los atónitos hijos, sobre todo en Anne, queda transgredida en un episodio final que actúa como vindicación, mientras el motivo musical que acuña su unión, La Terra, se escucha de nuevo para formalizar una victoria.

Tráiler de la película:

Ficha técnica:

Entre nosotras (Deux),  Francia, 2019.

Dirección: Filippo Meneghetti
Duración: 95 minutos
Guion: Malysone Bovorasmy, Florence Vignon y Filippo Meneghetti
Producción: Co-production Francia-Luxemburgo-Bélgica; Paprika Films, Tarantula, Artemis Productions, VOO, BE TV, Shelter Prod
Fotografía: Aurélien Marra
Música: Michele Menini
Reparto: Barbara Sukowa, Martine Chevallier, Léa Drucker, Jérôme Varanfrain, Hervé Sogne, Eugenie Anselin, Véronique Fauconnet, Aude-Laurence Clermont Biver,

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