Críticas

Siempre hay esperanzas

Sound of Metal

Otros títulos: El sonido del metal.

Darius Marder. EUA, 2019.

En el último tiempo hemos podido dar cuenta de un mensaje al inicio de algunas producciones audiovisuales que cada vez se reitera con mayor frecuencia. Esa leyenda reza: “Esta película contiene imágenes sobre un problema que requiere ser atendido por profesionales”, invitando a quienes, de alguna manera, se sientan representados por la temática abordada en el filme, a hablar con especialistas sobre su patología. Esa patología puede ser provocada por una cuestión física o psicológica, pero que deberá tratarse, sin dudas, el impacto que esto pueda generar en la psiquis del paciente con el fin de minimizar sus efectos. En el caso de un músico, una de sus principales herramientas –por no decir la más importante– es la audición, uno de los sentidos que se puede convertir en su talón de Aquiles, ya que los niveles de decibelios a los que pueden estar expuestos suelen causar daños severos e irreversibles. Aunque no se trate del primer filme que plantee esta problemática, Sound of Metal llega para retratar el drama que puede vivir un músico al perder uno de sus sentidos más importantes para desarrollar su arte.  

En su ópera prima, el director canadiense Darius Marder nos presenta una historia repleta de reflexiones profundas, preguntas que nos podemos hacer llevando a nuestro personaje a situaciones límite ¿Qué nos define? ¿Puede una afección tal como la que sufre el protagonista acabar con todas nuestras esperanzas? ¿Existe algo más allá de lo que damos por sentado como “normal”? Todas estas luchas internas son las que libra un baterista al perder su audición casi por completo, y que, al no hacer caso a las advertencias de los profesionales sobre su salud auditiva, termina por quedar totalmente sordo. Es a través de la sensación de caos que genera con su cámara inquieta, que invita a marearnos, y el sonido, que muchas veces es nulo, con que Marder grafica lo que ocurre en la mente desesperada del protagonista, una sensación de aturdimiento y desolación inconmensurables. No puedo dejar de mencionar que, desde el mismo momento en que leí la sinopsis de Sound of Metal, no pude evitar recordar La leyenda del Dj Frankie Wilde (It’s All Gone Pete Tong, Michael Dowse, Reino Unido, Canadá, 2004). Esta película, pese a que guarda ciertas similitudes desde el aspecto estructural (un DJ con una vida repleta de excesos pierde la audición y durante el segundo acto vemos toda su batalla para aceptar su problema y transformar su vida) cuenta su historia desde un tono más cercano a la comedia negra. 

Aunque plantee estos aspectos desde la perspectiva técnica de los recursos audiovisuales utilizados por Marder, debo decir que toda esta sensación que se nos transmite no sería posible de no ser por Riz Ahmed. Quien encarna al baterista Ruben Stone lo hace con una profundidad tal que nos hace adentrarnos en el personaje de una manera que lograremos empatizar con él, más aún cuando tenemos en cuenta lo que está viviendo y que se trata de un paciente recuperado de una fuerte adicción a las drogas. Por otro lado, Olivia Cooke interpreta a Lou, novia de Ruben, guitarra y vocalista de la banda, quien enfrenta el desafío de convertirse en su principal apoyo. Cooke logra que su personaje demuestre sus sentimientos hacia su pareja, en la justa medida para que deduzcamos que uno puede tener errores en la vida, muchas veces motivados por reacciones que a veces no podemos explicar sin analizar el contexto, ni aun cuando se trate de nosotros mismos. Por su lado, Paul Raci le da vida al director de la institución que recibe a Ruben para introducirlo e integrarlo al nuevo mundo. Su templanza, sus miradas incisivas y sus pausas reflexivas al momento de lidiar psicológicamente con Ruben no solo denotan su gran nivel, sino que se ven reforzadas por sus experiencias en la vida real, enfrentándose a las adicciones, habiendo sido veterano de Vietnam y tener el lenguaje de señas como su primera forma de expresarse, ya que sus padres padecían de sordera.  

La banda Blackgammon es presentada con una intro intensa, una suerte de trance en la que sus dos integrantes muestran una gran simbiosis, no solo con sus instrumentos, sino que también entre ellos. Inmediatamente, de todo ese ruido nocturno y claustrofóbico pasamos a la vida cotidiana de la pareja, viviendo en una motorhome al mejor estilo de las bandas de rock de los 70. Quizás una de las primeras cosas que nos llame la atención sea que el integrante de una banda que suena como Sonic Youth, sonido bien distorsionado y “sucio”, se despierte desayunando “sano”, limpiando sus aparatos y haciendo ejercicio al ritmo de Edith Piaf. Pero enseguida advertimos que algo no anda bien, cuando Ruben siente un sonido agudo en uno de sus oídos, acompañado de una gran disminución de la audición, mientras elige discos junto a su novia en una disquería. Decide concurrir a un profesional que le alerta que, de seguir expuesto a altos niveles de ruido ambiente, perderá su audición por completo. Ruben no hace caso a esta recomendación, por lo que una noche después se produce lo que no imaginaba y creía que sería pasajero. Allí comienza el derrotero de Ruben, quien no acepta de ningún modo que ese sería el fin de su audición y, por ende, de su carrera musical. Una audióloga le cuenta que existen unos implantes que le devolverían la funcionalidad de sus oídos, sin reparar en unos pequeños detalles que luego iremos dilucidando a lo largo del desarrollo del film.  

Independientemente de la afección que aqueja a Ruben, Sound of Metal es una película de superación personal, adaptación a los cambios y aprendizaje de vida. Ruben lucha contra eso constantemente, sin querer aceptar que esa “vieja normalidad” nunca volverá (en tiempos de coronavirus, esto puede ser una interpretación extra), convirtiendo a esta historia en una gran reflexión en estos tiempos, en los que damos por sentado que nada ni nadie puede llegar a transformarnos. 

Tráiler:

Ficha técnica:

Sound of Metal  / El sonido del metal ,  EUA, 2019.

Dirección: Darius Marder
Duración: 120 minutos
Guion: Darius Marder, Abraham Marder
Producción: Bert Hamelinck, Sacha Ben Harroche, Bill Benz, Kathy Benz
Fotografía: Daniel Bouquet
Música: Nicolas Becker, Abraham Marder
Reparto: Riz Ahmed, Olivia Cooke, Paul Raci, Lauren Ridloff, Mathieu Amalric, Chelsea Lee

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