Críticas

Miss Agnes, she dead

Selva trágica

Yulene Olaizola. México, Francia, Colombia, 2020.

El concepto de mal, en tanto presencia al mismo tiempo efímera y orgánica, forma parte de la historia de la humanidad, separando el mundo en dos esferas contrapuestas. Suponemos, entonces, por una cuestión tanto cultural como quizás biológica – estaríamos programados para pensarlo – que de estos dos bandos solo uno tiene derecho a ganar, o sea que el bien, en todas sus formas, siempre va a tener una ventaja sobre su rival. Una visión, esta, que demuestra cómo el ser humano, en la mayoría de sus avatares, necesita que se le asegure que el universo está regido por una estructura positiva, algo muy parecido a la armonía del renacimiento europeo, en la que todo tiene su justo sitio y todo sirve para que el gran reloj siga moviéndose por un camino libre de manchas y de desorden. Sin embargo, el mal existe y nada nos puede asegurar que su presencia siempre va a ser derrotada.

Este mal, en Selva trágica de Yulene Olaizola, se concreta en una serie de personas que, por su situación real, están situados en un mundo fuera de la comunidad humana. Ellos ya no son parte de nuestra vida, y sin embargo representan unas alegorías capaces de conectarse con nuestros impulsos más profundos. Aquellas figuras que vemos moverse en la pantalla serían entonces un espejo ante el cual la directora nos propone sentarnos; entrar en la selva significa, por esta razón, adentrarnos en las partes más oscuras del ser humano, más allá de la simple psique, en una relación mente-cuerpo-contexto que resalta el carácter mitad realista y mitad onírico en el cual la película está sumergida.

La pregunta que se nos propone es si el hombre y la mujer, en tanto seres humanos, cambian según el marco en el que se encuentran, piezas de un juego en el cual no tienen un rol activo, o si simplemente este marco no es otra cosa sino un lienzo sobre el cual podemos – activamente – dibujar lo que nos dé la gana, libres de influencias externas que nos impedirían movernos según nuestra voluntad. No es una simple pregunta de si el ser humano es naturalmente bueno o malo, ya que no es esto lo que nos está diciendo la película. La posibilidad de actuar en forma positiva o negativa es algo que depende de la conformación psicológica de cada uno, por lo cual el bien y el mal son algo que hay que tener en cuenta.

La particularidad de esta obra es el análisis de si el mal, en tanto objeto abstracto, forma parte de nosotros o es causado por relaciones externas. Si el mal es causado por la selva, de hecho, el hombre y la mujer se salvan, ya que su actuación negativa no depende de ellos sino que se ven forzados a comportarse según lo que definimos unos patrones comportamentales externos. Sin embargo, si el mal ante el que nos encontramos, si bien debido al contexto, es un brote de la psicología interna, esto significa que sería el resultado del encuentro entre el contexto que estimula algo que ya existía dentro de nosotros. El mal, en este segundo caso, no sería entonces algo exactamente universal, parte integrante de un cosmos dividido entre dos partes opuestas (la positiva y la negativa), o quizás de un cosmos unicamente perverso, sino la demostración de que es algo típicamente humano, una característica que nos pertenece y nos va pertenecer para siempre, hasta que la especie humana desaparezca como tendrá que hacer en el camino evolutivo.

La selva de Yulene Olaizola, entonces, es un estudio poético sobre el concepto mismo de mal y de su relación con el ser humano; imposible encontrar en la película personajes positivos, lo cual no significa que todos sean malos completos (o complejos). El ritmo pausado, quizás para algunos demasiado lento en algunas partes, nos permite acceder a la belleza de un mundo natural que se dibuja a través de la cámara, creando un diálogo con el público sin olvidar la importancia del aspecto estético. Que nosotros nos descubramos parte de un mundo más grande, más diferente y por esta razón perturbador, es el objetivo final, un objetivo plenamente logrado, el resultado de una exploración de y en la selva del alma humana.

Ficha técnica:

Selva trágica ,  México, Francia, Colombia, 2020.

Dirección: Yulene Olaizola
Duración: 96 minutos
Guion: Rubén Imaz, Yulene Olaizola
Producción: Malacosa Cine, Varios Lobos, Manny Films, Contravía Films, Barraca Producciones
Fotografía: Sofia Oggioni
Música: Alejandro Otaola
Reparto: Indira Rubie Andrewin, Gilberto Barraza, Dale Carley

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