Cortometrajes

Ida y vuelta del oficio de contar

Baelin’s Route

Baelin's Route: An Epic NPC Man Adventure. Adam King, Alan Morrison. Nueva Zelanda, 2021.

El mundo fantasy en tanto género presenta muy a menudo una serie de productos que acaban situándose en lo que podemos definir como el campo de los tropos. Dicho de otra manera, la producción general nos muestra unas tipologías que se repiten, a veces llevándonos a una saturación creativa que nos impide seguir con la fruición de estas obras (la repetición sería tal que su natural resultado se concretaría en la nausea). Verdad es también que este escenario no permite alejarse demasiado de una normalidad generalizada, lo cual crea un círculo vicioso: en estas obras, por ejemplo, nos encontramos casi siempre ante un héroe que tiene que vencer al malo y hacer que todo vuelva a estar bien. Acabada la aventura solo nos queda el descanso.

Productos como Baelin’s Route, cortometraje del trío neozelandés compuesto por Adam King, Alan Morrison y Rowan Bettjeman, resultan entonces bastante sorprendentes ya que logran encontrar su espacio entre la dictadura de los tropos y la exploración de lo que llamamos imaginación libre. Si por un lado lo que se nos presenta es una historia sencilla, en la que el protagonista se mueve del punto A al punto B, para finalmente regresar (cambiado, transformado) al punto inicial, por el otro lo que encontramos aquí es también una reflexión sobre el significado de este género, en particular en relación al mundo de los videojuegos.

Baelin’s Route se estructura así en diferentes niveles, creando y destruyendo la estructura sobre la que se funda y de la que se aleja aceptándola: esta caoticidad revela una mirada analítica sobre lo que define el género, una mirada capaz de rechazar el tropo en tanto cliché al mismo tiempo que se siguen las pautas generales que encontramos en casi todo este tipo de obras. El protagonista, precisamente, descubre ser algo más de lo que es (cliché), sin embargo no por esta razón cambia su estatus (reconfiguración de la estructura normal), y lo que era al comienzo – en tanto personaje insertado en una comunidad, un pescador – sigue siéndolo al final (algo parecido a lo que hizo Tolkien, cuyo Señor de los anillos fue rodado en la misma Nueva Zelanda de Baelin’s Route).

El concepto que nos vemos desarrolándose en la pantalla es también una reflexión sobre el hecho mismo de contar, y de cómo muchas veces las acciones posibles revelan cierta escasez general, lo cual nos impone una repetición aturdidora, pero no por esto nos debemos sentirnos debilitados. El juego no estaría entonces en la creación de algo completamente nuevo, que rompa con todos los esquemas posibles pero desnaturalizando el género mismo, sino en la reelaboración inteligente de la estructura. No es el cambio total la solución al problema aquí, nos parecen estar diciendo los autores, sino la aceptación de los esquemas, aceptación que nos ayuda a acercarnos a estos desde un punto de vista diferente (solo quien conoce bien la estructura puede derribarla).

El concepto de historia, además, juega un rol fundamental, ya que la reflexión que se nos muestra está en torno del significado mismo de dejarse llevar por lo que otras personas nos están narrando. Lo que se subraya es la capacidad de algunos de aceptar un rol pasivo y escuchar (o ver), lo cual nos transforma en parte integrante de lo que está pasando ante nosotros si bien nos encontramos físicamente fuera de aquel mundo (imposible entrar directamente), mientras que otros, en su afán de tener un rol completamente activo, olvidan la importancia de esta lección.

Moraleja de dos niveles, entonces, ya que esto nos empuja también a otra observación: si es importante aceptar nuestra pasividad, fundamental es también que el cuento mismo tenga una estructura tal capaz de entretenernos y agarrarnos hasta hacernos sentir sacios y satisfechos. Y es por esta razón que Baelin’s Route funciona, ya que la arquitectura general tiene sentido, a través de un movimiento centrípeto (la ruta que Baelin sigue todos los días) y centrífugo (el hecho de abandonarla), lo cual implica una serie de niveles que se sitúan desde la macro (la quest, la aventura) a la microestructura (la relación de Baelin con su sociedad). Una obra pequeña y divertida, entonces, capaz de hablarles a diferentes tipologías de público (sobre todo a los amantes de este género, con un guiño, como ya hemos mencionad, a los videojugadores de rol), cuya reflexión nos invita a pensar en lo que representa para nosotros la acción de contar y de escuchar (o ver) una historia.

 

El cortometraje está disponible en YouTube. Es posible activar los subtítulos en español para quienes lo deseen.

Ficha técnica:

Baelin’s Route (Baelin's Route: An Epic NPC Man Adventure),  Nueva Zelanda, 2021.

Dirección: Adam King, Alan Morrison
Duración: 37 minutos
Guion: Alan Morrison
Producción: Viva La Dirt League
Música: Mike Newport
Reparto: Phoenix Cross, Ben Van Lier, Adam King, Rowan Bettjeman, Alan Morrison

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