Críticas

Lynch y el cine de la incomodidad

Mulholland Drive

Otros títulos: El camino de los sueños.

David Lynch. EUA, 2001.

Mulholland Drive aficheUn gran sueño en vigilia, con conexiones lógicas separadas entre sí, confunde al espectador desprevenido, aunque siempre al interior de un entorno agradable desde la familiaridad de una narrativa solo en apariencia convencional. Lógica truncada de manera permanente, nunca llega a exasperar debido a la introducción de familiaridades que permiten la conservación del interés. Nos mantiene en vilo ante la espera de una aclaración que nos llegará al final, en un segundo bloque, donde la ensoñación adquiere coherencia desde la materialidad de “restos diurnos” que permiten a la mente del espectador organizar el rompecabezas.

El examen debe ser tan profundo como la obra en sí. Estamos ante un gran sueño confundido en la realidad; la duda se genera a partir de necesarias dosis de lógica que nos mantienen dentro de lo posible. Una incomodidad psicoanalítica que desconcierta, una apariencia de accesibilidad que no es tal. Fragmentos de sueño y realidad se entremezclan para hacer posible una obra maestra que, a cada momento, se desvía de la “vía regia” hacia el inconsciente. Y es que, bajo la aparente coherencia de una narrativa lineal, se esconde la ensoñación de Diane -Naomi Watts-. Quedamos descolocados desde el inicio, deberemos esperar la aclaración que brindará el último tramo de la película.

Historia lagunera sin antecedentes explícitos, mezcla lo posible y lo extraño en medio de múltiples simbolismos presentados con arreglo a tradicionales mecanismos oníricos expresados por el psicoanálisis.

Sentimiento de extrañeza que no llega a ser confusión, la trama remite a lagunas del discurso, situaciones que intercalan lo extraño y por momentos son generadoras de cierta incomodidad.

La Sugerencia, que cabalga entre realidad y ensoñación, asegura una conexión final que clarifica contenidos y se las ingenia para no aburrir al espectador. En su lugar, sostiene una historia atrayente que en todo momento genera avidez de explicación. Lynch juega con fragmentos de coherencia que despiertan la expectativa de unión en algún punto. Quedamos a la espera del momento en que las relaciones se establezcan y la lógica se recomponga.

Mulholland Drive fotograma

Las piezas se juegan en un segundo momento para que el espectador las compagine. El final es un puzle para armar a partir de todo lo que venimos viendo. Es como si Lynch nos ofreciera las piezas que ya nos mostró, pero desde otra posible configuración que, dicho sea de paso, aparece como muy clara en lo global.

Dos historias en una, denotan la necesidad del uso de la imaginación como barrera protectora. El personaje que encarna Laura Harring sufre un accidente en la carretera, sobrevive pero no recuerda quien es; se encontrará con Betty -Naomi Watts-, quien llega a Hollywood para alojarse en el apartamento de su tía. A partir de aquí, intentarán reconstruir la identidad de Rita.

Campea la disociación como presentación de lo íntimo, aunque sin atisbos psicopatológicos. Lynch se esmera en mostrar, se empecina en decirnos cómo son los personajes desde una intensidad que no identifican como propia; nos sumerge en distorsiones narrativas que alteran la linealidad esperada. El guion juega con una cronología cambiante, demora en constituir una “historia unificada” que, en sí, no evoluciona, sino que termina presentándose en conexiones sueltas a establecer por el espectador, pero con la claridad suficiente como para que la mente pueda compaginar de forma coherente.

Un juego de continuas introducciones de referencias, disrupciones y digresiones, un constante apartarse del camino sin dejar de recorrerlo. La creación de una atmósfera de inminencia, donde parece que en cualquier momento algo va a suceder. Se hace explícita la incomodidad por la que discurre una historia enigmática que se ocupa de esparcir sensaciones varias. La inseguridad por el peligro se desprende de lo ominoso de figuras cuyo silencio en plano contrapicado, general y detalle (Mr. Roque) delatan un poder que se expresa por la potencia de un hacer que ni se molesta en anunciar. El personaje, tomado desde diferentes ángulos, representa el poder de lo oculto, lo secreto, lo peligroso, el enigma de las sombras. Lo extraño viene dado por las diferentes presentaciones de cámara, el hecho de estar en una silla de ruedas, pero sobre todo, por el enigmático silencio generador de incertidumbre. Vemos a Mr. Roque distorsionado a través del lente de la cámara. No sabemos con exactitud lo que sucede, pero advertimos el peligro: quién es ese individuo que parece tener tanto poder?  El discurso del Vaquero refuerza la sensación de riesgos potenciales que involucran comportamientos mafiosos. El relato introduce estos factores sin explicaciones, solo crea la atmosfera adecuada utilizando discursos vagos y planos en locaciones extrañas, que no mantienen solución de continuidad con lo que está ocurriendo. No se explica porqué citar a alguien en un racho por la noche para una breve conversación. El filme introduce una atmósfera de misterio asociado al riesgo inminente.

Mulholland Drive plano

Lynch nos traslada a la clásica experiencia onírica, donde la emoción es sustancial y mantiene un estrecho vínculo con un algo que subyace al simbolismo. Al final, tendremos la aclaración, sabremos cual es o era el peligro, pero eso será cuando el sueño se clarifique. Mientras tanto, el filme se encargará de multiplicar el interés a cada paso. La extrañeza de los protagonistas es la típica de  la experiencia onírica y es compartida con el espectador.

El sueño parece ser de Diane, en tanto ofrece situaciones que encajan con un ideal de deseos propios, que la realidad se encarga de contravenir. Una lujosa vivienda, que alberga una relación bajo cierto “control”, es la contracara de las condiciones de desorden y precariedad en el apartamento que nos muestra su realidad actual. Importante en relación a la figura del mendigo que, justamente, simboliza la dejadez y la barbarie, desde la indignidad de su estado. Por debajo de la caja azul (el inconsciente y sus secretos) emerge la pequeña pareja de ancianos, son los reclamos de la moral tradicional, un increscendo representado desde el gradual aumento de tamaño de las personas. La conciencia moral es asociada a contenidos inconscientes inadecuados que merecen castigo.

Mulholland Drive escena

Un capítulo aparte nos depara la escena de la transición entre fantasía y realidad. Es el espectáculo en un teatro, donde el maestro de ceremonias anuncia la ausencia de la banda, lo que suena es una grabación. El tono afectivo es el de algo que surge de una fuente no visible y provoca mucho dolor (interpretación de Rebekah Del Río). El pasaje a la realidad se desprende de un plano detalle; el zoom penetra en el interior oscuro de la caja azul, a partir de allí, tendremos los sucesos que ocasionan la ensoñación. Serán develados los secretos que originan el sueño.

El asesino del sueño es la torpeza de Diane en su accionar “liberador”, lo toma de un resto diurno en la cafetería al cual accedemos desde un flashback causalmente vinculante. Las razones de la tragedia son expuestas desde el juego de la imagen con el tiempo. El filme juega con el tiempo y los símbolos, pero no de forma hermética, sino creativa; no establece distancia, se ocupa de desperdigar relaciones en un incesante desafío a la inteligencia del espectador. Luego, tendremos al mendigo, síntesis de la circunstancia actual en términos morales y emocionales, símbolo que condensa componentes propios de la degradación humana.

David Lynch nos regala una obra maestra, lógica de contradicciones que marca un estilo narrativo provocador, atmósfera de ensueño recurrente que señala lo posible, el espectador siempre tendrá la última palabra.

Tráiler:

Ficha técnica:

Mulholland Drive  / El camino de los sueños ,  EUA, 2001.

Dirección: David Lynch
Duración: 147 minutos
Guion: David Lynch
Producción: Coproducción Estados Unidos-Francia; Les Films Alain Sarde, Asymetrical Production
Fotografía: Peter Deming
Música: Angelo Badalamenti
Reparto: Naomi Watts, Laura Elena Harring, Justin Theroux, Ann Miller, Robert Forster, Brent Briscoe, Jeannie Bates, Melissa George, Dan Hedaya, Lori Heuring, Billy Ray Cyrus, Rena Riffel, Katharine Towne, Bonnie Aarons

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