Críticas

Misterioso asesinato en París

Asesinato en la 3ª planta

Le crime du 3e étage. Rémi Bezançon. Francia, 2025.

Un divertimento frugal e intrascendente (trabajos de este tipo también es legítimo reseñar) es la producción francesa Asesinato en la 3ª planta, escrita y dirigida por el realizador galo Rémi Bezançon. La virtud de este título es que no intenta esconder sus cartas. Desde el primer minuto, la película de Bezançon juega a ser un cóctel servido entre el suspense juguetón de Alfred Hitchcock y la neurosis urbana conyugal de Woody Allen. Y lo curioso es que, aun siendo un refrito bastante evidente de influencias ajenas, el invento funciona con más gracia de la que cabría esperar.

La película arranca como una novela detectivesca de Agatha Christie: un investigador de modales aristocráticos trata de desenmascarar a un asesino que ha utilizado veneno para liquidar a una víctima. Pero pronto descubrimos que esa intriga pertenece en realidad a las novelas que escribe François (Gilles Lellouche), un autor de misterio decimonónico encerrado en casa, siempre en pijama, socialmente más apagado que una bombilla de pensión barata. François vive instalado en la comodidad sedentaria de quien prefiere matar personajes antes que salir a comprar el pan.

Ahí entra Colette (Laetitia Casta), su mujer. Y menos mal.

Porque mientras François vegeta entre manuscritos y tazas de café frío, Colette (Laetitia la enchufa y genera pronto, desde los primeros compases, una simpatía contagiosa) es puro dinamismo, inteligencia y picardía. Profesora en la Sorbona, especialista en el cine de Hitchcock y mujer bastante más despierta que su marido, es ella quien aporta a la película el verdadero encanto. La relación entre ambos recuerda descaradamente a la de Woody Allen y Diane Keaton en Misterioso asesinato en Manhattan (Manhattan Murder Mystery, 1993, EUA): él neurótico, algo cobarde y reticente a meterse en líos que le superan; ella curiosa, luminosa y peligrosamente entusiasmada con meter las narices donde nadie la ha llamado. Sobre todo si hay un sospechoso que ha matado a su mujer y ella lo advierte a través de la ventana de su casa. La referencia es obvia a la Ventana indiscreta (Rear Window, 1954, EUA). La pieza de Hitchcock está presente en todo momento.

De hecho, la propia película parece admitir el parentesco sin el menor pudor. Igual que su réplica en Allen. Aquí también tenemos vecinos sospechosos, observaciones clandestinas desde la ventana, prismáticos, posibles cadáveres escondidos y una pareja aburrida que encuentra en el misterio criminal una forma bastante peculiar de reactivar su vida matrimonial. Porque sí, el verdadero cadáver de la película no es la mujer desaparecida del vecino actor de teatro: es la vida sexual de François y Colette, que lleva tiempo criando telarañas.

La editora de François se lo dice sin anestesia: después de trece novelas, a su saga le falta tensión sexual. Exactamente lo mismo que ocurre en su matrimonio. Y ahí está el auténtico motor de la película. Como ocurría tantas veces en el cine de Hitchcock, el crimen es solo el envoltorio elegante de otra cosa mucho más jugosa: el deseo reprimido, las fantasías ocultas y la manera en que una mujer termina dominando emocionalmente el tablero mientras el hombre intenta no tropezarse consigo mismo.

En ese sentido, La ventana indiscreta planea constantemente sobre la función. No solo porque Colette explique la película en una de sus clases universitarias -explicación en la que no da una puntada sin hilo y que me ha gustado un montón-, sino porque Bezançon entiende bastante bien qué escondía Hitchcock detrás de sus intrigas aparentemente sofisticadas: personajes sexualmente frustrados observando obsesivamente la vida ajena. James Stewart mirando por la ventana no estaba tan interesado en resolver un crimen como en escapar de su propia parálisis emocional. Y François, salvando las distancias, tampoco.

La película está llena de guiños cinéfilos bastante simpáticos. Hay recreaciones visuales que evocan entrevistas célebres de Hitchcock con François Truffaut, aparece incluso un personaje orondo a modo de cameo hitchcockiano, portando la funda de un instrumento que recuerda la aparición del maestro británico en una de sus irónicas apariciones, y hasta la música juega a recordar aquellas presentaciones televisivas cargadas de suspense irónico. Bezançon no esconde sus homenajes: los subraya con rotulador fluorescente.

Claro que el problema aparece cuando uno empieza a notar que la película vive más del préstamo que de la invención. Porque Asesinato en la tercera planta resulta encantadora, sí, pero también tremendamente derivativa. Hay escenas enteras que parecen reformulaciones ligeras de Misterioso asesinato en Manhattan, solo que cambiando el apartamento neoyorquino neurótico por un entorno parisino más elegante y coqueto. Incluso el personaje del sospechoso actor teatral y toda la trama del cadáver oculto recuerdan muchísimo al mecanismo de la película de Allen.

Ahora bien, tampoco conviene ponerse demasiado solemnes. La película nunca pretende reinventar el suspense ni descubrir la pólvora cinematográfica. Lo que busca es entretener, seducir al espectador cinéfilo y hacerle pasar dos horas agradables entre referencias, diálogos pícaros y situaciones absurdas. Y eso lo consigue con bastante soltura.

Además, hay algo muy francés en todo este juego: convertir la crisis de pareja, el deseo apagado y el voyerismo en una comedia sofisticada donde el crimen importa menos que la química entre los personajes. Ahí es donde brillan especialmente Gilles Lellouch y Laetitia Casta. Él aporta una torpeza entrañable; ella, una mezcla de sensualidad, ironía y liderazgo que acaba devorando la pantalla.

Quizá la película no alcance la brillantez de sus modelos. Quizá uno salga pensando que Hitchcock y Woody Allen ya hicieron esto mucho mejor hace décadas. Pero también es verdad que no todas las películas necesitan cambiar la historia del cine. Algunas simplemente tienen que lograr que el espectador sonría, se deje llevar y disfrute del juego. Y Asesinato en la 3ª planta, entre cadáveres sospechosos, matrimonios en barbecho y homenajes cinéfilos descarados, lo consigue con bastante encanto.

Tráiler de la película:

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Ficha técnica:

Asesinato en la 3ª planta (Le crime du 3e étage),  Francia, 2025.

Dirección: Rémi Bezançon
Duración: 104 minutos
Guion: Rémi Bezançon
Producción: Jerico Films, Vendôme Production, Jerico, SND Films, Cool Industrie, Canal+, Ciné+OCS, Cofimage 36, Cofinova 22
Fotografía: Pierre Cottereau
Música: Laurent Perez del Mar
Reparto: Gilles Lellouch, Laetitia Casta, Guillaume Gallienne, Isabel Aimè González Sola, Jenna Knafo, Katayoun Latif y Matthias Jocquin

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