Críticas

¡Verdadero!

Fraude

Otros títulos: F de falso.

F for Fake - Vérités et mensonges. Orson Welles. Francia - Irán - Alemania, 1973.

Lo falso, en cuanto concepto, no existe: todo lo que creamos es, efectivamente, real y por esta razón se trata de elementos que forman parte del conjunto de objetos (se entiende aquí productos, concretos o menos) que se visten del significado de “existencia”. Una propuesta de análisis, esta, de carácter obviamente falaz, típica de aquellos razonamientos que, si no los dirigimos hacia una lectura inteligente, podrían comportar una serie de sequitur obviamente irreales. La realidad es la que se sostiene en diferentes niveles, por lo que si sería absurdo definir no existente un concepto, resultaría más absurdo pensar que la existencia abstracta sería comparable con la concreta (nada nuevo, obviamente, se trata de algo de lo cual la filosofía se ha ocupado durante largo tiempo, si bien hoy en día el problema sigue sin resolver en parte de la población humana). Lo falso, entonces, no es lo que no existe, sino lo que en su existencia copia la de otro elemento, fingiendo ser el original o, a veces, un producto de la mente de la que habían brotado las obras que definimos hechas directamente por su verdadero autor (pero, ¿qué significado tiene este “verdadero autor”?).

El documental de Orson Welles se sitúa en la voluntad de narrar no tanto una historia, siguiendo así una arquitectura narrativa estable, sino en la creación de un monólogo que esconde detrás de sí un diálogo (¿no son, al fin y al cabo, todas las películas diálogos disfrazados de imágenes en movimiento?) sobre el significado de lo verdadero y de lo falso. Decidir analizar la vida y la obra de unos falsarios no es, en consecuencia, una simple acción retórica, sino la necesidad de ponerse en relación con el concepto mismo de arte (del cual, no lo olvidemos, forma parte el cine) y con el significado de autoría. El producto final de un falsario es, efectivamente, una obra original que se inserta en un discurso de copia de otro elemento del cual intenta reproducir los mismos engranajes, las mismas líneas; el resultado de esta acción no es, entonces, la sola voluntad de estafar al prójimo (lo cual, obviamente, es un acto no solo ilegal, sino en contra de cualquier tipo de ética), sino la reverberación de un elemento creador que intenta salir a la superficie y que, en su afán por vivir, busca cualquier tipo de posibilidad de supervivencia.

¿Qué es, efectivamente, un falsario? Si de fraude hablamos, ¿no significa esto que, de todas formas, el acto mismo de crear elementos no verdaderos es, de por sí, un acto del cual no podemos no afirmar la presencia de cierta inteligencia? Estamos así en la frontera entre el rechazo y la admiración, y, por esta razón, nos resulta muy difícil negarle a un falsario lo que sería una capacidad creativa y artística muy alta. Welles nos pide que emitamos un juicio final, por supuesto, ya que la cuestión es de carácter no solo legal, sino ético, pero el juego que entabla a través de la manera de presentarnos la cuestión (y los actores de este cuento que no es un cuento) no deja aquel espacio necesario para que, in itinere, podamos descifrar las problemáticas para entregarlas a un análisis fría, lógica. No es (que nadie piense lo contrario) una voluntad de hacernos cambiar nuestra opinión sin que no nos demos cuenta, sino la puesta en marcha de una estructura discursiva que traspasa el simple “mostrar los hechos” para jugar con nuestros prejuicios sobre lo que significa verdadero y falso en relación con el elemento autorial. Y si la decisión final es algo que nos atañe y que nos pertenece, ¿es posible afirmar que todo lo falso es, de por sí, algo del cual tenemos que deshacernos?

Documental que se pone en (y que propone) una discusión con lo real y lo ficticio, esparcido por verdades y falsedades, F for Fake funciona no solo por el objeto de discusión, sino también por su estructura narrativa en lo que al montaje se refiere. Veloz, lento, a veces caótico, a veces aparentemente anárquico, el resultado final es una demostración de la capacidad inalcanzable de Welles en relación con la voluntad de crear un ritmo de carácter más que musical. Se trata, así, de un movimiento que cruza lo que definiríamos no solo natural, sino canónico, y en la belleza estética que se construye con estos elementos así yuxtapuestos podemos ver desarrollarse una musicalidad casi biológica por su capacidad de metamorfosis, de pasar de un estado natural a otro sin que el resultado final caiga en aquella incompatibilidad visual típica de quienes no saben conducir el orquesta visual de los metros de celuloides.

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Ficha técnica:

Fraude  / F de falso (F for Fake - Vérités et mensonges),  Francia - Irán - Alemania, 1973.

Dirección: Orson Welles
Duración: 88 minutos
Guion: Orson Welles, Oja Kodar
Producción: François Reichenbach, Dominique Antoine, Richard Drewett
Fotografía: François Reichenbach, Gary Graver
Música: Michel Legrand
Reparto: Orson Welles, Oja Kodar, Elmyr de Hory, Clifford Irving, Edith Irving, François Reichenbach

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