Críticas

Banality

Mortal Kombat II

Simon McQuoid. EUA, 2026.

La dificultad de llevar los videojuegos a la pantalla se inserta en la diferenciación de los textos : por un lado estamos dentro de lo interactivo, de la posibilidad de utilizar un ordenador (o lo que sea) para participar activamente, decidiendo nosotros mismos qué hacer, mientras que por el otro está la idea de ser espectadores pasivos (más o menos), personas que reciben un mensaje (narrativo, cultural, lo que sea) y que no pueden entablar una relación más interactiva. O, usando palabras más sencilla, con los videojuegos “hacemos” mientras que con las películas “vemos”. El resultado no es la imposibilidad de un trasvase de un área a la otra, ya que todo es posible, sino la necesidad de cambiar completa y rotundamente las reglas del juego cuando lo hacemos : no se puede pensar que lo que funciona en un mundo (lo interactivo) pueda tranquilamente ser adaptado para que tenga el mismo alcance en otro (lo pasivo). Y es que, al final, algo hay que alterar, que adaptar, que moldear de nuevo para llegar a un resultado que muchas veces no alcanza la suficiencia.

La secuela del reboot de Mortal Kombat intenta aumentar el número de personajes y entablar una narración más amplia respecto de la obra anterior. Sigue la idea de un torneo mortal en el cual quien gana puede conquistar el mundo de los adversarios; y es que, efectivamente, una idea de este tipo no puede sino resultar absolutamente ridícula, perfecta en el caso de un videojuego creado para adolescentes, un poco patética para una película que intenta estar dentro de los bordes de lo serio, con unas pequeñas manchas de liviana ironía. Habría que preguntarse si, al fin y al cabo, el problema no está dentro de los bordes de una franquicia, la de Mortal Kombat, que se desarrolla en una larga epopeya y que lleva a la superficie la voluntad de ser un pastiche que mezcla lo violento (y cuán divertido es este elemento), lo épico, lo irónico y mucho más.

Un problema, efectivamente, que se construye dentro de la necesidad de seguir fieles al material original para crear una película que funcione, sin embargo llevando a darse cuenta de que este material original pocas cosas nos ofrece. Y es que esta secuela intenta acercarse más a su naturaleza videolúdica, dándoles más espacio a los personajes clásicos y casi borrando del todo (mejor dicho, deshaciéndose) de los nuevos (más bien del nuevo), lo cual nos lleva a pensar que la obra efectivamente podría ser disfrutada también de por sí sola, sin haber visto la precedente. Más precisamente, se mezcla en esta película (o así parece) la voluntad de ofrecerles a los fans algo más ajustados a sus expectativas, a sus recuerdos, a sus aficiones, y en el acto de hacerlo se propone una obra que se hincha por el número quizás demasiado alto de personajes presentes, como si fuera necesario presentarle a cada espectador a su personaje favorito.

Se nota como esta secuela intenta recuperar un discurso que no puede sino relacionarse con los aficionados. Si la primera tenía como objetivo abrirse ante el público, la segunda parece querer deshacerse de la idea de gustarles a todos, y se cierra dentro de unos bordes que parece imposible cruzar a menos que tengamos aquellos conocimientos del mundo de Mortal Kombat, algo que solo tenemos los de los años ochenta y noventa, cuando la franquicia de este videojuego llegaba a unas alturas impensables de fama (por supuesto entre los adolescentes). Lo que resulta de esta secuela es entonces una especie de reboot de un reboot (si de reedición podemos hablar, ya que efectivamente sería solo una nueva transposición cinematográfica de otro tipo de medium), en la que parece que el lema principal es enseñarles a los espectadores solo lo que les puede gustar a los aficionados. Y, en el acto de hacerlo, nace así una película un poco floja que intenta hacer todo lo posible para construir un argumento narrativo que se basa en un videojuego que, de por sí, poca carne le puede dar al arte de la ficción.

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Ficha técnica:

Mortal Kombat II ,  EUA, 2026.

Dirección: Simon McQuoid
Duración: 116 minutos
Guion: Jeremy Slater
Producción: Todd Garner, James Wan, Toby Emmerich, E. Bennett Walsh, Simon McQuoid
Fotografía: Stephen F. Windon
Música: Benjamin Wallfisch
Reparto: Karl Urban, Adeline Rudolph, Jessica McNamee, Josh Lawson, Ludi Lin, Mehcad Brooks, Tati Gabrielle, Lewis Tan, Damon Herriman, Chin Han, Tadanobu Asano, Joe Taslim, Hiroyuki Sanada

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