Críticas
Soy lo que quiero ser
Tres mujeres
À voix basse. Leyla Bouzid. Túnez y Francia, 2025.
Es disfrutable y muy recomendable el filme de producción tunecina À voix basse (2025), algo así como La voz baja, un título completamente justificado con la historia de revelación a la que vamos a asistir. Sin embargo, la distribución española de esta pieza dramática y emocional se va a exhibir bajo el título de Tres mujeres que remite inevitablemente —aunque sea de manera lejana y casi involuntaria— a aquella obra maestra espectral y enfermiza que fue 3 mujeres (3 Women, 1977, EU) del inquieto autor Robert Altman en los años setenta. Sin embargo, la película escrita y dirigida por Layla Bouzid transita un territorio muy distinto: el de las identidades contemporáneas atrapadas entre la modernidad europea y el peso, todavía muy presente, de las tradiciones magrebíes. Y ahí es precisamente donde esta cineasta de origen argelino vuelve a demostrar una mirada sensible, inteligente y nada complaciente hacia las contradicciones culturales del norte de África.
Ya en Una historia de amor y deseo (Une histoire d’amour et de désir, 2021, Túnez), la notable película que presentó en la 66ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, la popular Seminci, la cineasta exploraba el conflicto entre deseo y tradición a través de la poesía erótica árabe y de un joven incapaz de asumir con naturalidad aquello que su compañera sentimental aceptaba sin culpa ni miedo. En Tres mujeres retoma muchas de esas inquietudes, aunque desde una perspectiva más madura, más política y también más íntima.

La película arranca con el aterrizaje de un avión sobre Túnez-Cartago. En él viajan Lilia, maravillosa y muy creíble la actriz Eya Bouterae, y Alice (Marion Barbeau), una pareja que regresa desde París a la casa familiar tras la muerte del tío Daly. A partir de ahí, el relato se estructura en capítulos que corresponden a los días que Lilia permanece en Sousse, población situada en la costa este del país y a 140 kilómetros de la ciudad de Túnez y bañada por el mar mediterráneo. En esta urbe, rica por su turismo, se dibuja un espacio doméstico cargado de recuerdos infantiles, silencios familiares y tensiones emocionales apenas verbalizadas. La muerte del tío —hallado desnudo y rodeado de circunstancias ambiguas— abre además una investigación policial que revela progresivamente su homosexualidad y sus vínculos con determinados ambientes clandestinos.
Ese descubrimiento funciona como detonante dramático. Porque Lilia comprende que también ella deberá enfrentarse a la verdad sobre sí misma. Alice, presentada inicialmente como una simple compañera de piso parisina, es en realidad su pareja sentimental, y toda la película gravita alrededor de ese miedo a verbalizar lo evidente ante una familia todavía condicionada por códigos morales profundamente arraigados. Bouzid introduce aquí una cuestión esencial: la existencia en Túnez del artículo 230 del Código Penal, utilizado históricamente para perseguir y criminalizar la homosexualidad. Y lo hace sin convertir la película en un manifiesto explícito, sino dejando que el conflicto emerja desde lo cotidiano, desde las miradas esquivas, las conversaciones interrumpidas o los silencios de una madre incapaz de procesar emocionalmente aquello que sospecha.

Lo más valioso de Tres mujeres reside precisamente en ese equilibrio entre denuncia y humanidad. La directora evita cualquier tentación panfletaria y construye personajes complejos, vulnerables, contradictorios. Lilia quiere ser fiel a sí misma, pero teme herir a quienes ama; Alice representa una concepción más libre y europea de la identidad afectiva, aunque tampoco está exenta de inseguridades; y la familia encarna ese espacio ambiguo donde conviven afecto sincero y prejuicio heredado.
La relación entre las dos protagonistas está escrita con enorme delicadeza. Sus discusiones, sus momentos de distanciamiento y también sus escenas de intimidad poseen una naturalidad poco frecuente. No hay voluntad de provocar, sino de observar cómo dos mujeres intentan sostener una relación sentimental en un entorno que todavía obliga a esconderse. En ese sentido, la película termina formulando una idea muy sencilla y muy poderosa: el derecho a decir “soy así” sin necesidad de pedir perdón por ello.

Visualmente, la cineasta tunecina apuesta por una puesta en escena sobria, de tonos cálidos y atmósferas familiares, donde la casa adquiere una dimensión casi simbólica: refugio emocional, pero también prisión invisible. Y junto a la estupenda actriz protagonista destaca especialmente Hiam Abbass en el papel de la madre, componiendo un personaje contenido, dolorido y profundamente humano. Su interpretación resume buena parte del espíritu de la película: mujeres obligadas a convivir con un mundo que cambia más deprisa que sus propias certezas.
Presentada en la Berlinale, Tres mujeres confirma a Layla Bouzid como una autora especialmente lúcida a la hora de retratar las fracturas sentimentales y culturales del Magreb contemporáneo. Su cine no busca escandalizar ni pontificar; prefiere comprender. Y precisamente por eso emociona. Porque detrás de sus conflictos identitarios, de sus tensiones sexuales o de sus diferencias culturales, lo que emerge finalmente es algo profundamente universal: el miedo a decepcionar a quienes amamos y la necesidad, al mismo tiempo, de vivir sin máscaras.

Tres mujeres, esa voz baja, apenas un eco, que quiere construir un altavoz para expresar la verdadera y sentida inclinación sexual de la protagonista, tiene un prólogo de reafirmación y constatación que la vida sigue prevaleciendo la autonomía y defendiendo la libre elección de los sentimientos. Quizás todo estaba perfectamente explicado y subrayado en los seis días que Lilia pasa en Sousse en su primer viaje y, en el segundo, a modo de recapitulación, de apenas unos minutos, indica y señala lo que intuíamos. Pero bueno, no está mal y las ‘Tres mujeres’ adquieren la dimensión y fortaleza de seres que representan generaciones distintas sin faltar el respeto a las tradiciones ancestrales del país norteafricano.
Tráiler de la película:
Ficha técnica:
Tres mujeres (À voix basse), Túnez y Francia, 2025.Dirección: Leyla Bouzid
Duración: 113 minutos
Guion: Leyla Bouzid
Producción: Unité de production, Cinétéléfilms
Fotografía: Sébastien Goepfert
Música: Yom
Reparto: Eya Bouteraa, Hiam Abbass, Marion Barbeau, Feriel Chamari, Salma Baccar y Badir Galaoui

