A fondo 

Cine Lésbico y Bisexual I: Aproximación al Género

El ansia

En el presente artículo será ofrecido un representativo corpus clasificado cercano a las ciento cincuenta películas internacionales cuyo eje argumental se ocupa principalmente de la relación sentimental y/o sexual entre mujeres lesbianas/bisexuales, para, en la parte segunda del artículo, realizar el análisis fílmico de las que entendemos son las mayores obras cinematográficas de este género temático: Carol (2015), Disobedience (2017) y Ammonite (2020)[1]. Esta parte segunda será publicada en el número siguiente de nuestra revista. El artículo se verá naturalmente sujeto a la capacidad dispositiva de un medio divulgativo, cuyos límites no obstante ya estamos excediendo, sin la extensión ni la capacidad analítica del ensayo de investigación. La totalidad del Cine Les/Bi internacional resulta inabarcable, no sería posible realizar un catálogo completo, pero debo en cualquier caso disculparme por las posibles ausencias significativas. Es este un género de complicado acceso, gran parte de sus obras principales ya son del todo inasequibles por descatalogación o falta de distribución y circulan de manera muy irregular, algunas únicamente aparecieron en pequeños festivales[2]. Aunque existe bibliografía al respecto, resultan casi inexistentes los estudios teórico-críticos abarcadores del género o que realicen la taxonomía categorial del mismo[3].

En lo que concierte a la lenta institución de este género cinematográfico, además de por la censura legal y social, sobresale el carácter predeterminante de su falta de medios, por ello muchas de estas películas son obras menores y su realización quedó muy por debajo de la buena intención de sus responsables. Sin embargo, su valor testimonial y reivindicativo ha logrado una sorprendente difusión dentro y fuera del colectivo que representa. En un mundo en donde aún existen tantas naciones en donde se pena con cárcel, tortura o muerte la homosexualidad, estas películas han poseído una gran importancia social. Es importante incidir en el hecho de que muchos de los personajes femeninos que aman a mujeres en estos filmes son bisexuales, no lésbicos, aclaración a la que la crítica cinematográfica muchas veces rehúsa. La negación de la identidad bisexual sucede todavía en el cine como consecuente reflejo de su negación en la sociedad[4].

El importante valor testimonial y de denuncia social que ha ejercicio el cine LGBT+ −particularmente aquí sobre mujeres− exige una breve reflexión previa acerca del ejercicio de la crítica en el cine que me lleva a recordar un breve libro precursor en España de Cándido Fernández, Iniciación al lenguaje del cine, en donde el Profesor de la Universidad de Valladolid afirmaba en 1979 «el cine moderno es crítico, trata de enjuiciar al mundo para mejorarlo. Toda película de ataque es ya un comienzo de salud, de curación»[5]. Estas afirmaciones certeras en ese contexto histórico español, y perfectamente aplicables a las primeras muestras de cine sobre amor entre mujeres, sin embargo, considero han de ser matizadas en el presente. Es decir, películas en donde se mostraba cómo en España daban electrochoques terapéuticos en los psiquiátricos a mujeres lesbianas y bisexuales pueden servir para abrir los ojos a los menos empáticos; si bien, en mi opinión, en nuestros días este cine crítico/reivindicativo es más efectivo en tanto muestra personajes femeninos que son positivos y se autorrealizan sin culpa, drama ni castigo, lo que afortunadamente sucede con más frecuencia.

Muchachas de uniforme
Muchachas de uniforme

Las películas iniciadoras del género son tempranas, pero luego muy espaciadas a lo largo de varias décadas. La pionera, primera en la historia del cine, fue la alemana de Leotine Sagan Muchachas de uniforme (1931), basada en la también pionera obra de teatro, más tarde novela, de Christa Winsloe, Ayer y Hoy, de 1930. Se han realizado distintas versiones de la película o de su referente literario, como el remake alemán de 1958 dirigido por Géza von Radványi con una adolescente Romy Schneider de protagonista; desmerece mucho la homónima versión mexicana de 1951 dirigida por Alfredo B. Crevenna y protagonizada por la sobreactuada niña Irasema Dilián, el final añadía su suicidio, pero fue la primera película mexicana de este tema, toda una proeza. Incluso de 2006, hay otra versión, esta vez americana y titulada Loving Anabelle, otro final truncado y doloroso. Dentro del grupo de películas iniciadoras, es de destacar la argentina de Daniel Tinayre Deshonra (1952), sobre la sexualidad en las cárceles de mujeres. Sobresalió más tarde la americana de William Wyler La calumnia (1965)[6], remake de la del propio director en 1936. Sobresale en calidad la película dirigida por el responsable de la magistral ¿Qué fue de Baby Jane? (1962), Robert Aldrich, quien sorprendió con El asesinato de la Hermana George (1968), adelantada en el tiempo por el tema lésbico, por la toxicidad de la relación y el duro maltrato psicológico entre ellas. Un ejemplo de que este cine muchas veces empeoraba la mirada social hacia las mujeres que aman a otras mujeres, a pesar de ello es una obra fascinante de interpretaciones sobrecogedoras. En el mismo año otro gran director americano, Edward Dmytryk, realiza La gata negra (1962), otra obra excelente con actrices como Barbara Stanwyck, Jane Fonda y Anne Baxter. Como cabía esperar, la hoy probada y testimoniada condición bisexual de muchas de estas actrices del Hollywood dorado era entonces ocultada, nos referimos a actrices como Stanwyck, Crawford o las celebérrimas Garbo y Dietrich −amantes durante su juventud−. A este respecto, además de riguroso, resulta revelador y de apasionante lectura el extenso estudio de Diana McLellan The girls. Sappho goes to Hollywood.[7]

Un engaño supuso la americana La mansión encantada / The Haunting (1963), de R.Wise, una de esas películas del s. XX en donde el personaje lésbico además de malvado solo es negativo y acosa a alguna mujer. En 1968 el gran director francés Claude Chabrol brinda otra obra importante, Les Biches. En Italia en 1971, aparece Una lagartija con piel de mujer, donde las escenas lésbicas únicamente son fantasías y sueños que una mujer relata a su psiquiatra. Creo que por ello merece una mención especial que, en España en 1977, E. Martí Maqueda rodara la valiente Me siento extraña, tampoco por su calidad, pero fue protagonizada por las famosísimas Rocío Dúrcal y Bárbara Rey, y la película termina con una tórrida escena de cama que deja claro que las protagonistas se aman y se quedan juntas. Hay que hacer sobresalir el trabajo del notorio director alemán R. W. Fassbinder en Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1972). De nuevo en España, en 1978 aparecen varias muestras, una protagonizada por una mujer casada y bisexual: Emmanuelle y Carol, y la otra del mismo año, Silvia ama a Raquel.

Nos ocuparemos ahora de un conjunto cronológicamente posterior de películas de los años 80 y 90 que, ahora sí, se materializaron con una mayor calidad cinematográfica. En 1981 aparecen en España La frígida y la viciosa y la que es tenida como una de las mejores películas del destape La caliente niña Julieta. La húngara La elección de Hanna B / Another Way (1982), con guion y dirección de Károly Makk, le valió ese mismo año en Cannes el premio a la mejor actriz a una de sus protagonistas, Jadwiga Jankowska-Cieslak; a continuación, se convertirá en película de culto la americana Lianna (1983), dirigida por John Sayles, quien años después dirigiría la joya del cine fantástico The Secret of Roan Inish (1994). Rodada hace cuarenta años, Lianna es una valiosa película de considerable calidad. Del mismo año El Ansia, con Susan Sarandon y Catherine Deneuve, una película de inquietante atmósfera. Valiente y talentosa película la española Extramuros (1983), con las grandes Carmen Maura y Mercedes Sampietro. También de los ochenta era la soporífera Desert Hearts (1985), la primera dirigida por una mujer abiertamente lesbiana, Donna Deitch. Hemos de destacar la francesa Felpudo maldito (1994), protagonizada por Victoria Abril, que obtuvo un Premio César y una nominación a un Globo de Oro, una comedia ligera de gran difusión en los 90. Después obtuvo gran alcance en los círculos alternativos la película americana con guion y dirección de la entonces desconocida Rose Troche, Go Fish (1994), su primer film rodado en blanco y negro constituye uno de esos ejemplos arquetípicos de una de las categorías del género, rodada con bajo presupuesto, escenarios locales, actrices muchas veces no profesionales, regular fotografía y, especialmente en otros casos, los realizadores responsables poseen más ilusión que formación. Recogemos en nota este subconjunto fílmico[8]. Encontramos en cambio que, sin un gran presupuesto, la canadiense Patricia Rozema hizo un excelente trabajo en When Night Is Falling (1995), sobresalientes las escenas de sexo para ser una película de casi treinta años, donde se representa un sexo natural con besos de verdad y usos amorosos de verdad. También se abre en la película un debate en torno a la homosexualidad, sobre la autoaceptación, además hay final feliz, sin castigo, las mujeres pueden amarse, pueden cambiar de vida si son infelices, y una de ellas habla de su orientación, asumiendo claramente su bisexualidad: «No es que no sea feliz con Martin (su marido), pero soy más feliz con ella». Otra importantísima película de los 90 fue la rodada por las, hoy, hermanas Wachowski, Bound. Lazos ardientes (1996), cine negro protagonizado por dos mujeres, una lesbiana y otra bisexual, que se hacen amantes y huyen con el dinero del marido mafioso de una de ellas, tiene momentos memorables. Muy buena pero muy dura la también película americana de Lisa Cholodenko, High Art (1997), ejemplo de lesbiana adicta muerta al final. Casi del s.XXI y el mensaje parece seguir siendo: “si te acuestas con una mujer, esto es lo que puede pasarte”. Ocurre lo contrario en una de las mejores películas de amor entre chicas adolescentes que se ha rodado, también hoy película de culto y con valores positivos de aceptación y superación del desasosiego de reconocerse como mujer lesbiana o bisexual, se trata de la sueca con guion y dirección de Lukas Moodysson, Fucking Ǻmål, (1998), una película hermosa y divertida con una gloriosa secuencia final. Moodyson rodaría en 2002 la reputada Lilja Forever. El subgrupo fílmico sobre niñas púberes o menores de edad recoge los trabajos más irregulares y de menor interés, no obstante, por su amplitud, lo recogemos en nota a pie[9].

Henry y June
Henry y June

De la última década del s. XX y las primeras del XXI hay que destacar la importancia de películas, necesariamente duras algunas de ellas, que se ocupan de historias basadas en hechos reales de mujeres reales. La americana de Philip Kaufman, Henry&June (1990), ha de ser incluida por el gran alcance que obtuvo en las salas de cine del mundo, por el beneficio testimonial de que se viese a María de Medeiros / Anaïs Nin en la cama con Uma Thurman / June, amante y esposa de Henry Miller, la libertad sexual y la pasión que existió entre ellas sacaron literalmente a muchas lesbianas y bisexuales del armario. Durísima e impactante, muy bien rodada la neozelandesa de Peter Jackson, Criaturas celestiales (1994), deslumbrante trabajo adolescente de Melanie Lynskey y excepcional Kate Winslet, a quien hoy tenemos por una de las mejores actrices en activo. Una rareza la película protagonizada por Angelina Jolie como la importante modelo bisexual y adicta que da nombre al desgarrador y doliente filme, Gia (1998). Importante históricamente la película alemana dirigida por Max Färberböck, Aimée y Jaguar (1999), basada en dos mujeres reales que se amaron en tiempos de la Alemania nazi y cuyo final podemos imaginar. Por su difusión y duro personaje homosexual encarnado con impecabilidad por Julianne More, incluiremos la película americana de S. Daldry, Las Horas, (2002), inspirada parcialmente en trabajos de Virginia Woolf. Luego la americana Monster, (2003), otra mujer bisexual o lesbiana perturbada y asesina. Valiosa e impactante la española con guion y dirección de J.C. Claver, Electroshock, (2006), que no se basa en casos de mujeres concretas, pero es un excepcional documento acerca de los métodos “reeducativos” para la homosexualidad durante el franquismo. En la segunda y recién iniciada tercera década del presente siglo, en cuya completa exploración no podemos comprometernos, sobreviene la eclosión y libertad del género, que incluso afecta a sus películas históricas y/o basadas en mujeres concretas: excepcionales Olivia Colman, Emma Stone y Rachel Weisz en la de Reino Unido dirigida por Yorgos Lanthimos, La Favorita, (2018); más regular la también Vita and Virginia, (2018), que representa muy pobremente la relación entre Virginia Woolf y la aristócrata Vita Sackville-West. Triste la brasileña Luna en Brasil. Flores raras, basada en la relación entre la poeta norteamericana Elisabeth Bishop y la célebre arquitecta Lota Macedo Soares. Notable revelación para el individuo de a pie debió de ser descubrir, con la película americana Wild nights with Emily (2018), que la poeta Emily Dickinson amaba a su cuñada. También mucha relevancia obtuvo la española de Isabel Coixet, Elisa y Marcela (2019), sobre la historia de dos mujeres pareja, una de las cuales se hizo pasar por hombre para poder vivir juntas y llegaron a casarse por la iglesia. Imaginemos el final cuando son descubiertas… En otro orden, también dolorosa pero necesaria la americana Freeheld (2015), protagonizada por Julianne Moore y, entonces, Ellen Page; representa la lucha de tantas mujeres para, a su muerte, poder dejar su pensión de viudedad a su compañera. En 2017 aparecen El profesor Marston y la Mujer Maravilla, sobre el creador de este personaje de cómic y la amante bisexual que compartía con su esposa, y acerca de la tenista lesbiana Billie Jean King, La batalla de los sexos (2017).

Por añadir su carácter reivindicativo de lucha contra el racismo, hemos seleccionado un grupo representativo de películas con protagonistas ajenas al etnocentrismo blanco del género. En este orden son importantes las películas: la india de gran calidad y difusión, primera de la trilogía célebre de Deepa Mehta, Fire (1996); otras protagonizadas por mujeres de origen indio, la americana de Nisha Ganatra, Chutney Popcorn (1999) con un amor interracial con bebé incluido; Shamim Sarif dirigió la sudfricana interracial The World Unseen (2007) y luego rodaría en Reino Unido la popular I Can’t Think Straight (2008). También muy interesantes, porque hay pocas películas íntegramente protagonizadas por les/bi de color, son: la buenísima de Dee Rees, Pariah (2011), la de Kenia Rafiki (2018), la americana de Cheryl Dunye, The Watermelon Woman (1996). La japonesa Ride or Die (2021) es otra con lesbiana asesina. La americana con protagonistas asiáticas de Alice Wu, muy difundida, Guardando las apariencias. Saving face, (2004). Destacaríamos la maravillosa película de Reino Unido de Jaan Duun, Gypo, (2005), donde además se aúna la acusada diferencia de edad y nacionalidad entre las protagonistas, y la israelí de Avi Nesher ambientada en el judaísmo ortodoxo, The Secrets (2007). Dos excelentes obras estas últimas[10].

Algunas de las películas no pertinentes en las categorías anteriormente establecidas −sin duda otras tendrían cabida en varias de las mismas−, sí hallarán cabida en el grupo siguiente. Se trata de películas que han aparecido a lo largo de las pasadas dos décadas, en la reciente pequeña eclosión de Cine Les/Bi que necesariamente habría de producirse en este s. XXI, donde el género ya se instituye plenamente. Salvo excepciones, no figuran obras de gran calidad, suelen ser muy comerciales, pero la grandísima difusión de algunas sirvió de proyección a estas orientaciones sexuales históricamente negadas, por lo que merecen ser referidas y aun aplaudidas[11]. En primer lugar, el grupo anglosajón, siempre más amplio y de mayor distribución, donde aparecen películas como las americanas: The Girl, (2000), típico caso de casi única película de su responsable, Sande Zeig, guion basado en un cuento de su esposa la escritora feminista francesa Monique Wittig. Celebérrima en este colectivo fue una de las escasas películas dirigidas por Anne Heche, Si las paredes hablasen 2 (2000). Impactante por su, aquí sí, altura artística cinematográfica, fue la obra de David Lynch, Mulholland Drive (2001)[12], que, si no se centra en la historia de amor entre las mujeres específicamente, brindó una escena sexual y un relato que supuso todo un referente en el género. Divertida y muy conocida la comedia Besando a Jessica Stein (2001), celebrada y también premiada la de Lisa Cholodenko, Los chicos están bien (2010), de nuevo Julianne Moore memorable de lesbiana, en realidad bisexual, lo que no consideramos se trate adecuadamente en esta la película que protagoniza junto a Annette Bening y Mark Ruffalo, todos realizan grandes trabajos. Comerciales y artísticamente insuficientes, aunque entretenidas y muy bien producidas, la de M.A. Donoghue, La boda de Jenny (2015), o My days of Mercy (2017). Ilustrativa de los aberrantes centros estadounidenses de reeducación de homosexuales, la película de la directora Desiree Akhavan, La (des)educación de Cameron Post (2018). Un lujo reciente de la política española es que estos tratamientos de reorientación sexual ya sean tenidos por ilegales, perseguidos bajo pena de multa, pues los resultados de estos antinaturales intentos suelen generar depresión e incluso suicidio. No existe evidencia científica que ratifique que la orientación sexual puede cambiarse. Tras el inciso legal, terminamos con las americanas de Marielle McCarthy, ¿Podrás perdonarme algún día? (2018), depresiva como ella sola, y otro ejemplo infausto que no he podido visionar, de Cheryl Dunye, en donde lesbianas matan lesbiana, es The Owls (2010). Sí es muy buena The World to Come (2020), pero otro terrible caso de película de mujeres que se aman y una sufre el maltrato de su marido que literalmente la deja morir, una dureza excesiva, efectista e innecesaria en estos días para este género.

El conjunto en lengua inglesa se cierra con películas de Reino Unido que recibieron una enorme acogida, como Rosas rojas. Imagine Me&You, (2005), con Lena Headey y Piper Perabo, que las convirtió en dos musas de la comunidad Les/Bi, aunque Perabo ya había empezado a serlo tras la ya referida película canadiense de culto y de adolescentes Lost and Delirious. Memorables las adaptaciones de las excelentes novelas Les/Bi de Sarah Waters, como Affinity (2008), y todas las series resultantes de su obra literaria. De Corea del Sur y del aclamado Park Chan-Wook incluimos aquí −por su origen cultural inglés en estas premiadas novelas− a la película La Doncella (2016). En nuestra opinión esta película deja tan atrás aspectos nucleares argumentales de la notable novela y pierde en su traslado al universo emocional/cultural asiático tanto que, sin desde luego ser una mala película, como adaptación literaria la encontramos decepcionante. No tan afamadas, pero comercialmente correctas y con cierta difusión, fueron las inglesas de Jacob Chase The four-faced liar (2010) y la de A. Jankel, El secreto de las abejas, (2019). De todo el Cine Les/Bi, sin duda el de Reino Unido sobresale ampliamente por su calidad, lo que resulta más evidente en comparación con el cine francés de similar género. Recordemos que las tres grandes obras del género son de producción británica.

Las generalizaciones sobre cine y nacionalidad son un riesgo, pero el cine francés del género resulta marcadamente peor y no tiene ejemplos tan elevados; en cualquier caso, sí han sido conocidas: Dirección y Guion de Catherine Corsini, La Répétition (2001); Dir. y G. de Sylvie Verheyde, Amor de mujer (2001); Des parents pas comme les autres (2001); Dir. y G. de Catherine Corsini, La belle saison, (2015); Bye Bye Blondie (2011); muy buena F. Meneghetti, Entre nosotras, (2019); Ch. Bourgeois-Tacquet, Les Amours d’Anaïs, (2021). Ninguna mala, pero ninguna ni remotamente al nivel de las obras maestras del cine inglés que comentaremos en la segunda parte. En este grupo ha de tener cabida la rumana de Tudor Giurgiu, Love Sick (2006), aquí una de las mujeres también se acostaba con su hermano, lesbiana e incestuosa, otro prototipo nefasto; y la serbia Disi Duboko, (2004), la lesbiana traiciona a su hermano acostándose con su novia, tampoco es la mejor proyección de salida del closet y, de Lituania, la premiada The Summer of Sangaile (2015).

De entre las de idioma castellano/español de los últimos tiempos hemos de dejar fuera a la, hablemos claro, en ocasiones risible de Julio Medem, Habitación en Roma (2010); ni siquiera Elena Anaya logra salvar esta película sensiblera y sentimental, desmedida, inverosímil e infantil. No sabemos qué le ocurre al Medem de sus últimos filmes, pero se aleja del gran potencial que reflejó en sus primeros trabajos. Ni siquiera Najwa Nimri con Charo López salvaron la endeble Pasajes (1996), de Daniel Calpasoro. No hemos conseguido ver, pero no dejaremos de citar dos películas de 2015, la argentina La luciérnaga, de cuya difusión y representatividad tenemos constancia y la ecuatoriana El secreto de Magdalena. Entretenida y ligera es la española De chica en chica (2015), con el atractivo de contar con el trabajo de Jane Badler −la Diana de la serie V–, pero poco creíble, con actrices que no convencen interpretando lesbianas. En cambio, una eclosión de éxito nacional e internacional la comedia musical basada en la obra de teatro musical de sus mismos autores Javier Ambrosi y Javier Montalbo, La llamada (2017), la obra germinal ha sido un éxito en Moscú, México D.F., etc. Los Javis no profundizan, solo entretienen y lo hacen bien: los diálogos, las canciones, el sarcasmo de fondo, la fusión de géneros, la localización en un campamento agreste, la chica enamorada de la monja, en fin, un referente nuevo que ya era hora que existiese para los/las jóvenes de cualquier orientación. El cierre de las películas españolas debe ponerlo la aclamada Madres paralelas (2021) de Pedro Almodóvar, de la cual afirmaría, como el insobornable crítico Carlos Boyero, que me dejó como un iceberg. En lengua catalana, muy premiadas y reconocidas, son las películas de Marta Balletbó-Coll: Costa Brava (1995) y Sévigné (2004), en donde confluyen grandes actores o actrices con otros menos acertados[13].

Sevigné
Sévigné

Dejamos fuera de nuestro repaso del género y sucinto análisis algunas películas por encontrar que han sido desmedidamente sobrevaloradas como la francesa Retrato de una mujer en llamas (2020), cuya fama parece obligarnos a la justificación crítica. Así pues, la directora Céline Sciamma, expareja de la actriz protagonista Adèle Haenel, más parece realizar un obsesivo estudio mediante primeros y primerísimos planos del bello rostro de su ex que otra cosa. Esta actriz ha brindado papeles memorables, pero no aquí, habla de su angustia por su inminente matrimonio pactado, pero no transmite tal emoción mediante su impertérrita mirada; muchísimo mejor está en el papel de la pintora Noémie Merlant, pero sus reiteradas miradas sin disimulo al inicio se relacionan más con una mirada de seducción masculina, a pesar de la dirección femenina del filme. Todo se centra demasiado en Adèle Haenel, la ex de la directora, involucrada con ella en la creación de la película. El argumento chirría, a la pintora a los tres días de llegar le hacen saber que la otra joven «ya la quiere mucho» ¿Ya, a los tres días perdida de amor? Forzado, adolescente y simplista. No me adentraré en el tratamiento infantil del sexo, que se escamotea insólitamente; pero de la fotografía de Claire Mathon en los acantilados afirmaré que me parece un trabajo escueto e insuficiente. Otra aclamada y celebrada ha sido la de Paul Verhoeven, Benedetta (2021), que juega con el efectismo de la monja con su amante, que talla un pene de madera a partir de una talla de la virgen para penetrarla, a una supuesta monja lesbiana del s. XVIII de la que poco se sabe; y el cartel publicitario de la monja con el pecho fuera jugando con el morbo superficial más obvio, eso es todo el trasfondo del filme, provocación. Por su parte, Happiest Season (2020) ha hecho enloquecer a muchas mujeres porque Kristen Steward es un icono en la comunidad Les/Bi y su compañera Mackenzie Davis comienza a serlo, pero poco aporta artísticamente, salvo las correctas interpretaciones de sus actrices. Se repite el tópico de odio a la Navidad y de salir del armario ante los padres como algo imposible y angustioso, seguimos con los lados problemáticos y oscuros de la orientación sexual. De entre las sobrevaloradas, finalizamos con la francesa de A. Kechiche, La Vie d’Adèle (2013), larguísima, inmoderada, con un sexo exagerado que ha sido criticado por la comunidad que pretende representar, que atemorizó y contuvo en el armario a chicas jóvenes, según han declarado en sus blogs/redes muchas de ellas años después. Ya hay estudios acerca de la mirada puramente masculina de su director hacia el sexo entre mujeres y las propias actrices declararon haber rodado esta escena hasta la extenuación porque él nunca tenía suficiente intensidad ni acometividad. Se ha afirmado que el director proyecta sus fantasías heteronormativas sobre el sexo entre las protagonistas, un retrato comercial efectista con fines recaudatorios, despiezando el cuerpo de la mujer para obtener bellos primeros planos, estética sin verdad, sin sonidos embarazosos[14].

En conclusión, el visionado crítico de estas casi ciento cincuenta películas permite observar la lenta y tardía constitución de este género, al cine Les/Bi le ha llevado casi un siglo ofrecer sus mejores obras, la censura inicial no desaparece hasta hace escasos años. Por otra parte, la ausencia de medios imposibilitó muchas veces la calidad (muchas actrices no profesionales, pésimo sonido e iluminaciones irregulares, localizaciones pobres, etc.); se acusa la sobreabundancia de películas superficiales, muy simples, con protagonistas adolescentes, mucha comedia juvenil ligera y torpe. Pero principalmente este género nos lleva a cuestionar el sentido inicial de lo que debe ser hacer crítica en el cine, en este cine históricamente combativo. Consideramos que los parámetros de la denuncia más dura deberían hoy redefinirse o al menos añadir otro punto de vista. Sí, la extrema situación a la que las mujeres Les/Bi han sido históricamente sometidas debe ser reflejada, y lo ha sido hasta el extremo. Sin embargo, si por un lado nos encontramos la gran muestra fílmica extremista en su necesario carácter testimonial (palizas, violaciones, aislamiento, persecuciones, rechazo de los padres, etc.) y, por el otro, se halla solo el grupo de filmaciones de mirada heteropatriarcal que añade falsos elementos estigmatizadores (ser lesbiana o bisexual es ser incestuosa, robanovias, adicta, sacrílega, asesina o enferma mental)… ¿Entre estas dos miradas: qué espacio de ejemplaridad positiva de la actual Verdad dejamos al cine? Faltan en la actualidad más ejemplos fílmicos de relaciones de mujeres que tienen una vida común con los problemas de una relación común, falta una mirada más normalizadora. Ello vencería parte de esa homofobia que nace del desconocimiento y, por otra parte, brindaría ejemplos naturales a chicas jóvenes aún atribuladas por su sexualidad.

Pero al margen del necesario interés social, desde el punto de vista que aquí más nos concierne, el cinematográfico: el verdadero cine como gran Arte ha de acercarse a las grandes verdades universales que alcancen conciencias, la naturalidad de este amor ha existido durante siglos en la clandestinidad, pero ya que en nuestro privilegiado mundo enriquecido ha cambiado tanto, el cine debe comenzar a reflejarlo y de una forma artísticamente elevada. Existen algunas películas así, pero son todavía muy escasas.

Según adelantábamos, en la parte segunda de este artículo, que aparecerá en el próximo número de El Espectador Imaginario, serán analizadas tres grandes obras cinematográficas del género que brindan esperanza a una temática de gran importancia social y que subsistió muchas décadas casi sin medios, se trata de obras recientes que verdaderamente realizan Arte del Cine: Carol (2015), Disobedience (2017) y Ammonite (2020). Sin el detenido análisis de estas películas el estudio del género resulta incompleto.

 

[1] Únicamente por razones de extensión del artículo, siempre con el respeto por otras formas de identidad de mujer tan legítimas como la biológica, no entraremos en el cine Les/Bi de protagonistas transexuales (ej. La chica danesa), hermafroditas (XXY), travestis (Normal) ni en el restante espacio de diversidad de lo femenino, tan inabarcable como la naturaleza humana. El género fílmico será referido como Les/Bi. Bi porque la mujer por definición bisexual embarcada en una relación amorosa/sexual con otra mujer no se convierte en lesbiana, su orientación sexual no cambia (Vs. Nota 3).

[2] Por razones de espacio, no nos hemos ocupado de los ya numerosísimos cortometrajes, documentales, series, etc. Mis disculpas porque el ingente número de datos barajados (directores, guionistas, año de publicación…) muchas veces nos llegaba con erratas, incontrastables, de las copias de las que hemos podido disponer. Entendemos que alguna ausencia importante seguro se habrá producido, especialmente de películas posteriores a 2020, las cuales, por recientes, resultan muchas inaccesibles aún. De otro lado, algunas películas no me han parecido representativas, otras simplemente no han llegado a mí por ningún medio, si bien sobresale la pequeña eclosión del género en los últimos cinco o seis años, también en Hispanoamérica y Centroamérica. Un gran avance desde muestras como las argentinas Deshonra (1952), las olvidables Atrapadas (Aníbal Di Salvo, 1984), Correccional de mujeres (Emilio Vieyra, 1986) y Relación prohibida (Ricardo Suñez, 1987), mejor Lengua materna (2010) y la venezolana que incluyó en su cine su primer personaje lésbico, Homicidio Culposo (1984). No obstante, he catalogado cualquier pieza fílmica rara a la que he tenido alcance y agradeceré la sugerencia para reparar estas ausencias a través de vuestros comentarios. Debo confesar que también he dejado películas fuera porque algunas eran pésimas.

[3] Es de elogiar,  por su colección de carteles de cine, el libro de L.M. Carmona, Las cien mejores películas sobre lesbianismo, Cacitel, 2007. En otro orden podemos destacar: A. Melero Salvador, Placeres ocultos: gays y lesbianas en el cine español de la Transición, Notorious Ediciones, 2010; de mismo autor y editorial Violetas de España: gays y lesbianas en el cine de Franco, 2017. Del ámbito anglosajón: Alison Darren, Lesbian film guide, London, New York Cassell, 2000; Andrea Weiss, Vampires & violets: lesbians in film, Penguin New York, 1993; Boze Hadleigh, Las películas de gays y de lesbianas, Odín, 1994; Shameem Kabir, Daughters of desire: lesbian representations in film, London; Washington Cassell, 1998; la tesis de Irene Pelayo, Imagen fílmica del lesbianismo a través de los personajes protagonistas del cine español, Universidad Complutense de Madrid, 2009.

[4] Personas que vivieron históricamente una orientación bisexual de la que hay pruebas firmes, en cambio, son tenidas aun hoy por heterosexuales u homosexuales: Sócrates, Platón, Julio César, Nureyev, Shakesperare, Freddie Mercury, Eleanor Roosevelt, Billie Holliday, Cary Grant, Marlon Brando o el mismísimo Abraham Lincoln. Vs. Fritz Klein, La opción bisexual, American Institute of Bisexuality, 2012; Elisa Coll, Resistencia Bisexual, UHF, 2020; Rinna Riesenfeld, Bisexualidades, Barcelona Paidós, 2006; Francesc Strino, Carne y Pescado. 30 bisexuales hablan por primera vez, Barcelona, Ediciones La Tempestad, 2006.

[5] C. Fernández, Ministerio de Cultura-Imprenta Litográfica Valladolid, 1979.

[6] Hemos traducido los títulos originales de Muchachas de Uniforme como de La Calumnia y otros filmes porque han alcanzado una difusión importante dentro de nuestra cultura de, hoy, 512 millones de hablantes, y son únicamente reconocibles por los espectadores hispanos desde dichas traducciones. En otras de origen húngaro, japonés, lituano, keniano, etc., o en películas poco conocidas, en general se han respetado sus títulos originales.

[7] Vs. La traducción española en 420 págs.: D. McLellan, Greta&Marlene: Safo va a Hollywood, T&B Editores, 2002.

[8] Más o menos según esta definición coinciden las americanas It’s in the Water (1998), La increíble y verdadera historia de dos mujeres enamoradas (1995), Puccini para principiantes (2006), las dos últimas con guion y dirección de Maria Maggenti, Puccini mejor y con más presupuesto, pero en conjunto son películas que siguen las vidas amorosas de un grupo de amigos en donde hay una historia entre mujeres. Así también April’s Shower (2003) y Relax… It’s just Sex (1998). También la irlandesa La memoria de los peces (2003), la canadiense de mucho sexo y poca historia Below Her Mouth (2016) o la reciente española de poco presupuesto, pero veraz retrato de una pequeña comunidad lésbica veinteañera y en crecimiento, La amiga de mi amiga (2022). Algunas de estas películas tienen como director/a a quien solo ha rodado esta película y algún corto más.

[9] No todas, pero sí hay algunas de calidad muy notable como la española con dirección y guion de Arantxa Echevarria, Carmen y Lola, (2020), un amor finalmente feliz entre dos chicas gitanas; con poco oficio parece la dirigida por J. Garay, Eloïse (2009); también adolescente la japonesa de Hiroshi Ando, Blue (2002); las canadienses de final terrorífico y poco educativo Lost and Delirious. El último suspiro, (2009), de Léa Pool, y la de Mia Salsi, Love and Suicide (2005), más de lo mismo, sentimentalismo extremo, amor juvenil desbordado, ruptura y suicidio. La primera de culto. La argentinas de Diego Lerman, Tan de repente (2002) y la de Lucía Puenzo, El niño pez (2009), recordemos que Puenzo fue antes responsable del retrato de una caso de hermafroditismo en la premiada XXY (2007). El cine de la argentina Lucrecia Martel incluye con naturalidad a varias adolescentes enamoradas de otras jóvenes, si bien suele ser algo colateral argumentalmente o en personajes secundarios apenas tratados; sin duda se echa de menos la gran obra cinematográfica del género que podría rodar esta directora autodeclarada lesbiana, pero es notoria su ya inclusión de personajes no heteronormativos con tanta naturalidad. Las americanas: Alice Wu, Conquista a medias (2020); Olivia Wilde, Booksmark (2019); una joya All over Me (1997), de culto la de Jamie Babbit, But I’m a Cheerleader, 1999; Circumstance (2011); y la rodada por la directora de las excelentes y premiadas Ida y Cold War, Pawel Pawlikowski, My Summer of Love, (2004), aquí con guion de Pawlikoski también. Destacable la noruega de Joachim Trier, Thelma (2010), aunque con tema les/bi muy colateral. Reciente film de gran calidad y de interpretaciones excelentes es la finlandesa Tytöt, tytöt, tytöt. Girl Picture (2022), una gran película.

[10] Es de reseñar, siquiera en nota, que sean tan escasas las películas en donde las mujeres presenten una diferencia de edad remarcable como en Gypo, pero destacaremos el regular telefilm Losing Chase (1996), historia de amor veraniego y no desarrollado entre dos mujeres de edades diferentes protagonizadas nada menos que por la gran Helen Mirren, y los notables Kyra Sedwick y Beau Bridges. Citamos también la española A mi madre le gustan las mujeres (2002), hay amor lésbico intergeneracional pero el tema solo es cómo afecta a las hijas. Maravillosa película vasca acerca del amor lésbico en la tercera edad es 80 egunean (2010), con guion y dirección de los responsables de las reconocidas Loreak y La trinchera infinita, José Mari Goenaga y Jon Garaño. Muy talentosa primera película de insólita calidad es la también dedicada a personajes mayores, la paraguaya Las herederas (2019).

[11] Dentro de los filmes más comerciales dejamos fuera, como siempre, las películas con relaciones entre mujeres poco tratadas, insinuadas o incluidas como un detalle más para enganchar en taquilla, como Instinto básico (1992), Cisne negro (2010), Adiós a la reina (2012), la española Al otro lado de la cama (2002), sobre una historia real pero con relación ambigua muy colateral Lizzie (2018), deslumbrantes Kristen Steward y Chloë Sevigny; Kajillionaire (2020) incluye dos interpretaciones insólitas y notables de Debra Winger junto a Evan Rachel Wood.

[12] Recomiendo el interesantísimo artículo de Carla Dos Santos aparecido en el número anterior de nuestra revista: “Mullholland Drive. Entre carreteras, elefantes y terciopelo: la femme en el universo lyncheano”, Nº134. Jul.2022 (http://www.elespectadorimaginario.com/mulholland-drive-entre-carreteras-elefantes-y-terciopelo-la-femme-en-el-universo-lyncheano/)

[13] I. Gómez Beltrán escribió un interesante trabajo, aunque no tenga el más acertado título, sobre estas películas rodadas en catalán: “El sujeto lésbico en el cine español dirigido por mujeres: el caso de Marta Balletbó-Coll: Costa Brava (1995) y Sévigné (2004), Alparkía. Investigación feminista (2017). Recomendable C. Rodríguez González, “Visibilidad y diversidad lésbica en el cine español. Cuatro películas de la última década” Revista ICONO 14, Nº9 (2011).

[14] L.G. Vázquez Rodríguez, “Against the lesbian gaze in Blue is the Warmest Color (2013)”, University King’s College London (2016).

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