Críticas

Ninfa acuática

Ondina, un amor para siempre

Undine. Christian Petzold. Alemania, 2020.

Christian Petzold, director alemán reconocido por su original estilo y su forma tan particular de contar historias, agrupándolas generalmente por su temática en trilogías –al realizador le gusta pensar en varias historias a la vez, para así no parar en ningún momento de trabajar–, escribe y dirige Ondina, un amor para siempre, que será la primera de tres películas sobre cuentos y mitos alemanes que se enfocan en alguno de los cuatro elementos. Esta vez es el agua el elemento que inspira y colma por completo la atmósfera de la película, mientras que en la segunda será el fuego el protagonista absoluto de la historia, a la que dará el nombre de The Red Sky.

Su anterior trilogía, cuya esencia común es la del amor en sistemas opresores, está compuesta por sólidos e interesantes trabajos, Bárbara (2012), Phoenix (2014) y En tránsito (2018). En todas ellas impera un ambiente de angustiosa incertidumbre provocada por el miedo a que las poderosas fuerzas del sistema impidan la consumación de un amor que de pronto parece imposible.

Por su parte, Ondina, un amor para siempre, está basada, como tantas otras representaciones artísticas, en el mito alsaciano de Ondina, la ninfa acuática. Petzold consigue personalizar y reinventar el relato, logrando un filme atrayente y enigmático, que se desenvuelve incesantemente entre el realismo y la fábula fantástica. Otras interpretaciones del mito se han visto ya en pantalla, entre las más recientes se encuentra la cinta Ondine (2009), de Neil Jordan, en la que un pescador (Collin Farell) rescata del mar a una mujer que queda atrapada en su red; un ser mágico y marino que llega a transformar su vida.

Ondina un amor para siempre

Las ninfas acuáticas representadas en el folklore germánico son seres femeninos, traviesos, inmortales y causantes de los percances que acaecen en las aguas donde las embarcaciones pesqueras navegan. Uno de estos seres mitológicos, de nombre Ondina, de una belleza arrolladora, se enamora de un humano y le promete que si alguna vez le es infiel, lo matará en el momento en el que él duerma.

Petzold decide transformar la leyenda para adaptarla a nuestro tiempo, creando una nueva y moderna Ondina, interpretada por la actriz Paula Beer (El canto del lobo, 2019; La sombra del pasado, 2018), una historiadora especialista en urbanismo, que guía recorridos dentro de un museo, explicando a los visitantes la planeación y el desarrollo citadino de Berlín, a partir de maquetas que la representan desde siglos atrás.

Como espectadores curiosos y observadores, asistimos a la primera escena en un café de la ciudad, como si interrumpiéramos una conversación privada, llegando un poco tarde y a destiempo. Ondina ha sido comunicada por su novio que su relación ha terminado y que será suplantada por otra mujer, por lo que –haciendo un guiño al mito–, la protagonista comenta que entonces se verá obligada a matarlo; sin embargo, pronto se distrae de aquello, debido a la sorpresiva aparición de un nuevo amor, Christoph (Franz Rogowski), iniciado bajo los mantos de agua de una pecera rota. Y esta es la pareja y relación en la que el foco de la película se centrará.

Los personajes medulares en las historias de Petzold son, en varias ocasiones, si no en su mayoría, femeninos. Estas mujeres son, a menudo, fuertes y osadas, como Bárbara o Yella (Yella, 2007). O también amantes apasionadas, entregadas y expuestas al peligro, como Nelly, en Phoenix, o Laura, en Jerichow (2008), todas ellas interpretadas con exquisitez por su actriz predilecta, Nina Hoss. El común denominador en los filmes anteriores es, sin duda, la mujer que consigue armarse de valor –a pesar de su corazón roto–, para tomar resueltamente el destino en sus propias manos, pero que basa la toma de decisiones exclusivamente en la fuerza de su amor.

En este mismo sentido Ondina, interpretada por su nueva actriz fetiche, Paula Beer, a quien vimos en En tránsito también al lado de Franz Rogowski –una pareja que refleja una muy buena química en pantalla–, nos deja ver su determinación y su desgarro amoroso a lo largo de la historia, y nos brinda un personaje femenino impulsivo, pasional y poderoso, incluso, por momentos, mágico, capaz de amar intensamente por sobre todo lo demás.

El tono de la narrativa nos balancea entre lo real, lo misterioso y lo fantástico, y es el agua, que corre a lo largo de la historia, la que será de gran ayuda para aportar ciertas imágenes de ilusiones casi mágicas. De tal forma que, dicho elemento siempre presente augura el mítico idilio y es, a la vez, presagio tanto de vida como de muerte. Conecta y une, pero también aleja y aísla. Son clave aquellas tomas en las que vemos a la pareja buceando juntos, se encuentran y se espejan en la penumbra, en el fondo de un lago, aunque también se pierden de vista y se evaporan de la mirada, dejando el plano en una total oscuridad plagada de silencio, aumentando el suspense y dotando al filme de una dinámica tensión dramática.

Sin lugar a dudas, Petzold se ha convertido en un creativo contador de historias, que siempre tiene algo nuevo que decir y encuentra, con frecuencia, formas distintas para expresarlo, en tanto que busca no encasillarse; no obstante, las preocupaciones constantes de su cine están siempre presentes, como el papel de la mujer en las relaciones amorosas y lo trágico que llega a resultar amar tan intensamente y sin escapatoria.

Ficha técnica:

Ondina, un amor para siempre (Undine),  Alemania, 2020.

Dirección: Christian Petzold
Duración: 89 minutos
Guion: Christian Petzold
Fotografía: Hans Fromm
Reparto: Paula Beer, Franz Rogowski, Maryam Zaree, Jacob Matschenz, Anne Ratte-Polle, Rafael Stachowiak, José Barros, Julia Franz Richter, Gloria Endres de Oliveira, Enno Trebs, Christoph Zrenner

Una respuesta a «Ondina, un amor para siempre»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.