Críticas

Aprender a encontrar un lugar

El ladrón de perros

Vinko Tomicic. Bolivia, 2024.

El ladrón de perros (2024, Bolivia), segundo largometraje de Vinko Tomicic Salinas después de El fumigador (2016, Chile), codirigida con Francisco Hevia, es una película de apariencia sencilla y mirada compleja. Escrita por el propio director a partir de una historia de Sam Hayat, encuentra en La Paz no solo su escenario, sino su verdadera materia cinematográfica: una ciudad escarpada, vertical, de extraordinaria fotogenia, atravesada por la precariedad y por una población que parece vivir siempre en los márgenes de algún lugar.

La estructura circular resulta particularmente significativa. La película comienza con Martín (Franklin Aro) en un aula y termina regresando a ese mismo espacio. Al principio, el muchacho, estudiante de segundo de secundaria, tiene dificultades para expresarse y sus profesores consideran que lleva cierto retraso. Quiere aprender a tocar la trompeta y entrar en la banda del colegio. Es un objetivo modesto, pero para él representa una posibilidad de pertenencia, de reconocimiento, quizá incluso de futuro. Sin embargo, cuando abandona el uniforme escolar, su realidad cambia radicalmente: junto a una iglesia se convierte en limpiabotas y se incorpora a ese paisaje de muchachos que sobreviven en la calle.

Es allí donde conoce al sastre interpretado por Alfredo Castro, actor chileno de una presencia extraordinariamente turbadora y profesional. Martín descubre en él una imagen de aquello que quisiera llegar a ser: alguien respetado, con oficio, elegancia y una posición reconocible dentro de la sociedad. El sastre posee, además, un perro perfectamente adiestrado que despierta la fascinación del muchacho. Martín y un amigo deciden robarlo. Y es aquí donde la película evita cualquier idealización de su protagonista: Martín miente, manipula, urde historias y se apropia del animal con una bajeza moral difícil de justificar.

Pero Tomicic Salinas no parece interesado en condenarlo, sino en observar las causas de esa conducta. Martín es un desheredado que busca desesperadamente un lugar en el mundo. También intenta convertirse en aprendiz del sastre y demuestra una inteligencia práctica que contrasta con sus dificultades iniciales para expresarse. La película introduce así una interesante paradoja: el muchacho tiene problemas para articular las palabras, pero es extraordinariamente hábil para construir ficciones con las que desenvolverse en una realidad hostil.

La exclusión aparece igualmente en la escena de la sociedad recreativa a la que el sastre lleva a Martín y de la que ambos terminan siendo apartados porque la presencia del muchacho incomoda a quienes pertenecen a un estrato social más acomodado. La mirada del director registra esos prejuicios sin necesidad de convertirlos en discurso. El cuerpo, la ropa y el origen funcionan como marcas de pertenencia o exclusión.

En paralelo, Gladys —María Luque, magnífica en su naturalidad— intenta formalizar la adopción de Martín. Su voluntad de ofrecerle un hogar choca con las dificultades derivadas de la edad del muchacho y de su pasado. Después del castigo físico que finalmente recibe, Martín visita la tumba de su madre. Es un momento despojado, casi silencioso, en el que el personaje parece enfrentarse a su propia orfandad.

El regreso final al aula completa el círculo. Martín habla ahora con mayor claridad, con un discurso mejor hilvanado. La cámara retrocede lentamente hasta descubrir que el aula está vacía. La imagen posee una hermosa ambigüedad: quizá Martín ha conseguido aquello que verdaderamente necesitaba, una educación, una herramienta para expresarse y, con ella, una posibilidad de encontrar su sitio.

La fotografía de Sergio Armstrong aprovecha con solvencia la monumental geografía paceña, sus desniveles y sus contrastes. Tomicic Salinas filma esa ciudad con una mirada realista, impresionista y contenida. El ladrón de perros acaba siendo, así, el retrato sobrio de un muchacho que se equivoca buscando algo tan elemental como ser visto.

Tráiler de la película:

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Ficha técnica:

El ladrón de perros ,  Bolivia, 2024.

Dirección: Vinko Tomicic
Duración: 84 minutos
Guion: Vinko Tomicic
Producción: Color Monster, Zafiro Cinema, Calamar Cine, Easy Riders Films, Jirafa, Machete Producciones, Aguacero Cine
Fotografía: Sergio Armstrong
Música: Wissam Hojeij
Reparto: Alfredo Castro, Franklin Aro, Teresa Ruiz y María Luque

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