Críticas

El cuerpo devuelto

Los demonios

The Devils (Ken Russell's Film of The Devils). Ken Russell. Reino Unido, 1971 (reestreno en 2026 en versión 4K).

Cartel de la película Los demoniosHay películas que se reestrenan y películas que, en rigor, se estrenan por primera vez. Los demonios, de Ken Russell, pertenece a la segunda categoría. Durante más de cinco décadas circuló en versiones recortadas, ninguna de las cuales correspondía a lo que su autor había imaginado. Ahora llega a las salas en una restauración en 4K de 114 minutos, impulsada por Warner y el BFI a partir del montaje que Russell preparó en privado en 2004. Volver a ella no es solo volver a una película. Es encontrarse, al fin, con un cuerpo que había sido mutilado.

Loudun, 1634

Russell parte de un hecho histórico, ya narrado por Aldous Huxley en Los demonios de Loudun y llevado al teatro por John Whiting. En la Francia de Luis XIII, el cardenal Richelieu quiere derribar las murallas de Loudun para someter a las ciudades que aún escapan al poder central. Se interpone el padre Urbain Grandier (Oliver Reed), un sacerdote carismático, mundano y sexualmente libre, que defiende la autonomía de la ciudad. Para eliminarlo, el poder encuentra un instrumento inesperado: la madre Jeanne des Anges (Vanessa Redgrave), priora jorobada de un convento de ursulinas, consumida por una obsesión erótica hacia Grandier. Su acusación de posesión demoníaca desencadena una histeria colectiva, exorcismos públicos y un proceso cuyo final ya conocemos desde el principio: la hoguera.

Lo extraordinario de la película es que no trata la posesión como un fenómeno sobrenatural, sino como una operación política. Las monjas no están endemoniadas: son utilizadas. Su deseo reprimido, su encierro y su sufrimiento se convierten en pruebas fabricadas, y sus cuerpos, en el escenario donde el Estado y la Iglesia escenifican su alianza. Los exorcismos funcionan como espectáculo de masas, con público, gradas y un clima de feria. Russell entiende que el horror no está en el diablo, sino en la maquinaria que lo necesita.

Fotograma de Los demonios

El cuerpo como territorio

Ahí reside la potencia que la censura nunca supo perdonar. Los demonios no es escandalosa por sus desnudos, sino por lo que esos desnudos significan. El cuerpo femenino aparece como territorio expropiado: deseado, castigado, exhibido y, finalmente, convertido en instrumento de condena. La interpretación de Vanessa Redgrave es central en ese sentido. Su Jeanne no es una villana ni una víctima simple, sino una mujer devorada por un deseo que no tiene dónde ir, y que el poder sabe aprovechar. Russell la filma con una mezcla de crueldad y compasión que todavía hoy incomoda.

Frente a ella, el Grandier de Oliver Reed recorre el camino inverso. El hombre que vivía en el exceso termina despojado de todo, torturado y quemado, pero sin renunciar a sí mismo. Su cuerpo destruido es también una forma de resistencia. La película encuentra su dimensión trágica en ese contraste: dos cuerpos atravesados por el mismo poder, uno que se quiebra y otro que se niega a hacerlo.

La dirección artística de un joven Derek Jarman añade una capa decisiva. Su Loudun es una ciudad de muros blancos, lisos, geométricos, más cercana a un azulejo higiénico que a una reconstrucción histórica. Esa blancura aséptica convierte cada escena de violencia en un contraste brutal. No hay pátina de época que suavice nada: el siglo XVII se vuelve un espacio moderno, casi clínico, donde el abuso de poder no pertenece al pasado. La música de Peter Maxwell Davies, disonante y abrasiva, completa un dispositivo pensado para no dejar al espectador en paz.

Oliver Reed y Vanessa Redgrave en Los demonios

La película recuperada

Russell solía decir que Los demonios era su única película política, y la historia de su censura parece darle la razón. En su momento fue un éxito en Reino Unido, una de las películas más vistas del año, pero los cortes, las prohibiciones y el rechazo del propio estudio la fueron convirtiendo en una obra difícil de ver. Algunas de las secuencias eliminadas permanecieron perdidas durante décadas, y su rescate tuvo mucho de arqueología.

La nueva restauración permite, por fin, valorar la película en su integridad. Las escenas recuperadas, incluida la orgía de las monjas en torno al crucifijo, no funcionan como añadidos escandalosos, sino como piezas que devuelven coherencia al conjunto. Sin ellas, el delirio colectivo del convento parecía un exceso gratuito. Con ellas, la película revela con claridad su tesis: la profanación no la cometen las monjas, sino quienes las empujan a ese estado y las exhiben como prueba.

Ver hoy Los demonios en pantalla grande, con la nitidez que permite el 4K, tiene algo de reparación. La película que trataba sobre cuerpos mutilados por el poder fue, ella misma, mutilada durante cincuenta años. Su regreso íntegro no borra esa historia, pero la vuelve visible. Y en esa visibilidad, la obra de Russell recupera algo que nunca debió perder: la capacidad de incomodar, de interpelar y de recordarnos que la violencia institucional rara vez se presenta como tal.

Medio siglo después, Los demonios sigue siendo una experiencia extrema. Pero ya no es una leyenda sobre lo que faltaba. Es, por fin, una película entera.

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Ficha técnica:

Los demonios (The Devils (Ken Russell's Film of The Devils)),  Reino Unido, 1971 (reestreno en 2026 en versión 4K).

Dirección: Ken Russell
Duración: 114 minutos
Guion: Ken Russell, John Whiting. Novela: Aldous Huxley
Producción: Russo Productions
Fotografía: David Watkin
Música: Peter Maxwell Davies
Reparto: Vanessa Redgrave, Oliver Reed, Dudley Sutton, Max Adrian, Gemma Jones, Murray Melvin, Brian Murphy

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