Críticas

Cuando el neón deja de brillar

Su propio infierno

Her Private Hell. Nicolas Winding Refn. Dinamarca, 2026.

El universo de Nicolas Winding Refn no es un lugar cómodo. A lo largo de su carrera ha logrado tantos aplausos como sonoras críticas, pero, con independencia del ruido que genera a su alrededor, es incontestable la capacidad del director danés para la creación de mundos fascinantes y terribles. Dueño de un marcado sentido de la estética, su cine bordea peligrosamente con el ejercicio visual onanista y vacío. A pesar de su fastuosa puesta en escena, la frialdad casi quirúrgica de sus obras puede ser una barrera insalvable para muchos espectadores, incapaces de conectar con lo que parece un suntuoso escaparate sin alma.

Es un director que provoca reacciones en todos los sentidos, desde la más encendida defensa de su visión del cine a críticas furibundas que le señalan como un vanidoso constructor de vacuos sinsentidos de diseño.

Con el estreno de Su propio infierno (Her Private Hell), Winding Refn ha llevado el estilo al paroxismo. Se viste con sus mejores galas de provocador, y construye un escenario surrealista y onírico en el que jugar a gusto con las percepciones del espectador. Parece que Refn ha escrito y dirigido Su propio infierno como broma personal, acentuando los aspectos de su cine que más revuelo generan. Refn moldea el tiempo, maneja los personajes como extraños títeres sin alma, extiende las miradas, los sonidos, las hipnóticas secuencias extraídas de lo que parece un sueño de neón y niebla. Y lo hace con cierta sorna, como si pensase en cada segundo una forma de irritar a aquellos que encuentran su cine insoportable.

El problema con esta postura es que incluso los que defienden sus extravagancias van a tener difícil la conexión con este amalgama de imágenes inconexas, confusas e hiladas con la clara intención de impactar al público, aunque sea dejándolo KO en su butaca. Refn no se caracteriza por ser precisamente amable con los espectadores, pero en Su propio infierno crea muros insalvables entre la obra y la audiencia. Ver Su propio infierno puede empezar como una experiencia estimulante, pero con el delirio que propone Refn, se puede terminar la película extenuado, y si no se es muy devoto del cine del director, directamente enfadado, con una terrible sensación de engaño.

Imagen de Su propio infierno

La elegancia fantasmal de la puesta en escena no sirve para el disimulo de momentos que sobrepasan el absurdo, que trata a sus personajes (esencialmente femeninos) como si fuesen un chiste malo. Hay secuencias que son extraños ejemplos de comedia involuntaria, pero me niego a creer que un tipo como Winding Refn sea tan torpe. Creo que sabe perfectamente lo que hace, unicamente con la intención de perturbar al confuso espectador. Así que detrás de la tenue luz urbana tenemos un demiurgo en plena explosión macarra con ganas de llamar la atención, no tengo ninguna duda.

Por el camino, la mezcla de géneros nos lleva desde el melodrama propio de una telenovela, de emociones exageradas, pasando por el género negro y el cine de yakuzas al terror pesadillesco y sangriento. Este potingue funciona al fragmentar la narración en varias líneas que poco a poco conectan, aunque no dan sentido del todo al invento. Mientras tanto, ahí estamos nosotros, los espectadores, intentando que las piezas encajen. Los ecos lynchianos se recrudecen por el uso de la exagerada banda sonora, un efecto que vimos en los momentos más absurdamente de dramáticos de obras imprescindibles como Twin Peaks. Pero el truco del surrealismo no es suficiente cuando estás ofreciendo tan poco a tu público.

La protagonista de Su infierno privado

Todavía me debato con esta película entre si me ha dado una experiencia diferente y evocadora a pesar de su elemento de ensoñación febril, o es una imponente tomadura de pelo. Es tan artificial e impostada que se desconecta de cualquier atisbo de coherencia o credibilidad. Refn escribe las reglas de su universo para hacer trampas, convertido en un prestidigitador al que se le ven demasiadas veces las cartas bajo la manga.

Me gusta mucho el cine de Winding Refn, y creo con firmeza que ha rodado algunas de las mejores películas de las últimas décadas. Incluso con todos sus tics de director, sus absurdos y caprichos, algunas veces innecesarios, pero forman parte de su ecosistema fílmico. La cosa es que incluso a mí, que disfruto normalmente de sus películas, me cuesta defender Su propio infierno. Tiene momentos brillantes, un empaque visual de primer orden. Es hipnótica, brumosa y, en ocasiones, genuinamente perturbadora. Pero la belleza no esconde el vacío, o el punto gamberro del director, que a veces roza lo infantil..

Solo puedo decir que es una película que hay que experimentar de primera mano, aunque el resultado sea el sopor o la cólera. Solo espero que este experimento sea un simple juego de un director necesario y atrevido, y que Winding Refn vuelva a sus hechuras habituales, que ya son una invitación a lo extraño pro sí mismas.

 

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Ficha técnica:

Su propio infierno (Her Private Hell),  Dinamarca, 2026.

Dirección: Nicolas Winding Refn
Duración: 107 minutos
Guion: Esti Giordani, Nicolas Winding Refn
Producción: byNWR, Neon.
Fotografía: Magnus Nordenhof Jønck
Música: Pino Donaggio
Reparto: Sophie Thatcher, Charles Melton, Havana Rose Liu, Kristine Froseth, Shioli Kutsuna, Aoi Yamada, Dougray Scott, Diego Calva, Hidetoshi Nishijima, Parker Sawyers

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