Críticas

Monēre

Clayface

James Watkins. EUA, 2026.

Monstruo, en el sentido de elemento que se aleja de lo humano, de lo que puede formar parte de nuestra sociedad. Monstruo, dentro del concepto de existencia diferente, de algo alieno que establece su manera de ser más allá de las ideas que concurren a la creación de la moral y de la ética, o sea de las reglas que rigen el conjunto humano. Monstruo, en cuanto revelación de lo que efectivamente puede ser humano, demostración tan obvia de que el mal no está fuera de nuestra cultura, sino que es parte integral de la especie, de lo que somos en cuanto seres bípedos con un cerebro capaz, a veces, de hacer cosas horribles, terribles, amoral, o, más sencillamente, monstruosas. Lo monstruoso es, entonces, parte de nuestra sociedad, cultura e historia, ya que durante siglos, quizás milenios, ha formado parte de nuestra misma estructura narrativa, y por el hecho de hacerlo nos ha llevado a preguntarnos qué es, efectivamente, un monstruo, bien lejos de los esquemas postizos de καλὸς καὶ ἀγαθός (lo hermoso es naturalmente bueno).

La narración que nos presentan en esta película de superhéroes que nada parece presentar de este género se inserta en el juego del body horror, aquella visión que quizás se pueda afirmar empezó en su forma más madura con Mary Shelley y que fue refinada por Stevenson. Y es que, efectivamente, se mezclan en este cuento algunos elementos del cuento gótico, como puede ser el concepto de amor, de pasión y de venganza, así como elemento más modernos como la ciencia y el factor psicológico, todo esto dentro de un análisis de qué es que nos convierte, llanamente, en monstruos. Se puede afirmar, entonces, que el juego que se va creando en estas imágenes de una Gotham City tan real y muy poco ficticia nos empuja para que profundicemos el elemento del terror de la mente, y no solo del cuerpo, dentro de la relación de hermosura física y de decadencia moral, ética y relacional (de eso escribía Wilde). Como si, efectivamente, lo monstruoso no fuera lo que se ve directamente, sino lo que se inserta de forma subrepticia.

La mezcla de diferentes factores nos trae a la superficie, dentro del esquema narrativo, lo que es, efectivamente, el character study del elemento biográfico de una persona, hasta el punto de acompañarnos hacia la pregunta de si efectivamente siempre había sido un monstruo o solo se ha ido convirtiendo en él quizás no por su culpa. Y dentro de la transformación mental, no es posible dejar por un lado el elemento del horror físico, aquella sensación de pérdida de control que bien se introduce en el discurso del otro tipo de degeneración, la moral. ¿Qué es un monstruo, entonces? O, a lo mejor de forma más acertada, ¿quién es un monstruo dentro de una sociedad misma que demasiada importancia les otorga a cuestiones que son, simple y llanamente, amorales, como el dinero, la fama o la belleza?

La película de James Watkins, escrita por Mike Flanagan y Hossein Amini, producida por un presupuesto minúsculo para un filme de superhéroes (por lo menos, del universo DC) nos invita a pensar que, efectivamente, las historia que se pueden contar dentro del mundo de los cómics pueden ser más variadas y diferentes, sin tener que seguir el mismo esquema del montón, dejando abiertos nuevos caminos. El resultado final es una obra capaz de funcionar de por sí sola y al mismo tiempo de formar parte de algo más grande, como si la función centrífuga se hubiera situado en un área de baja fuerza cinética y de alta capacidad narrativa. Se fundamenta, entonces, más sobre el elemento narrativo, sobre la psicología (si bien un poco superficial) de los personajes, hasta darnos una mezcla de diferentes géneros que bien logran crear un resultado final digerible. Y, dentro de cierta náusea por el cinecómic de los hombres y mujeres con superpoderes, esto no puede ser sino un momento de alivio que aceptamos agradecidamente.

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Ficha técnica:

Clayface ,  EUA, 2026.

Dirección: James Watkins
Duración: 108 minutos
Guion: Mike Flanagan, Hossein Amini
Producción: Matt Reeves, Lynn Harris, James Gunn, Peter Safran
Fotografía: Rob Hardy
Música: Volker Bertelmann
Reparto: Tom Rhys Harries, Naomi Ackie, David Dencik, Max Minghella, Eddie Marsan

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