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El colapso

Aunque se trata de una serie de 2019 y es, por tanto, anterior al coronavirus, lo cierto es que, debido a la crisis sanitaria mundial, El colapso se ha resignificado y ha adquirido una relevancia que no tuvo en el momento de su aparición. A nadie se le ocurriría ver una película de maremotos mientras viaja en un crucero, o ver una de un secuestro aéreo mientras cruza el océano en un vuelo regular, pero el caos global que ha supuesto la pandemia nos ha llevado a descubrir y a revisitar películas que tratan precisamente el tema pandémico, como Estallido (Outbreak, Wolfgang Petersen, 1995), Contagio (Contagion, Steven Soderbergh, 2011) o la surcoreana Virus (Gamgi, Sung-su Kim, 2013). En muchos sentidos, Contagio resultó profética, pero el realismo de El colapso resulta mucho más próximo, menos melodramático y, lo más importante, cuenta algo que todavía no ha pasado, pero que podría pasar.

El colapso es obra del colectivo francés Les Parasites (Jérémy Bernard, Guillaume Desjardins y Bastien Ughetto), cuyos componentes estudiaron en la Escuela de Creación Audiovisual y realización de París (EICAR). No sabemos realmente en qué ha consistido ese colapso al que alude el título (L’effondrement, en el original), pero sí asistimos a sus consecuencias, al caos que ha provocado a nivel mundial, y que se manifiesta en cortes eléctricos, desabastecimiento de productos esenciales, escasez de combustible… No es un colapso sanitario, como el que vivimos actualmente, pero sí una profunda crisis del sistema capitalista, que se quiebra como tal y obliga a los individuos a buscarse la vida, muchas veces pasando por encima de sus semejantes.

A lo largo de ocho episodios breves (la mayoría ronda los veintidós minutos, pero hay uno que no pasa de los diecisiete y otro que se alarga a los veintiocho; la miniserie, en total, dura poco menos de 180 minutos), en tiempos y escenarios distintos, se nos presentan diferentes situaciones mediante un plano secuencia. No hay personajes principales ni secundarios (aunque tres de ellos aparecen en más de un episodio), ya que lo que importa es la situación, lo que ocurre: el primer episodio sucede en un supermercado dos días después del colapso (la acotación temporal es clave, ya que algo ha sucedido el día 0, pero ignoramos los detalles, que no importan); el segundo transcurre en una gasolinera el día 5 después del colapso; el tercero, en un aeródromo el día 6; el cuarto, en una aldea el día 25; el quinto, en una central el día 45; el sexto, en una residencia de ancianos el día 50; el séptimo, en una isla el 170; y cierra la miniserie el episodio octavo, que nos lleva a un plató de televisión cinco días antes del colapso.

En realidad, las imágenes de esa emisión ya las habíamos visto de pasada en el primer episodio, de manera que se cierra así a un círculo en torno a un vacío que no sabemos exactamente en qué consiste. Esa estructura es la misma que la de Contagio, en la que se explica lo que pasó el primer día al final de la película, pero aquí, en cambio, el último episodio es anterior al colapso, que se queda completamente fuera de foco. Ese es uno de los grandes aciertos, dejar que sea el espectador quien trate de completar ese espacio: ¿Qué puede haber provocado el colapso, en qué consiste, qué ha pasado con las instituciones y los gobiernos? Desgraciadamente, no nos faltan motivos ni razones para llenar ese vacío. No hay un relato central, sino que encontramos personajes anónimos que se enfrentan a esta situación desde sus trabajos, desde su clase social, desde su condición moral.

Producida por Canal+ y estrenada en Filmin en el mes de julio, ya había pasado antes por YouTube, pero cualquier momento es igual de bueno (o de malo) para descubrir esta miniserie y ponernos frente al espejo de un mundo en pleno desmoronamiento. La cuestión ya no consiste en saber si nuestro mundo va a colapsar o no, sino en saber cuándo se va a producir ese colapso y qué personaje queremos interpretar en el final de los días: ¿el que está al pie del cañón?, ¿el que se salva por encima de quien sea?, ¿el que se rinde?, ¿el que todavía cree que todo se puede arreglar?

Cuando llegue el momento, no podremos elegir, nos limitaremos a ser nosotros mismos: al cabo, eso es precisamente lo que nos ha conducido hasta aquí.

 

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