Críticas

Una mercancía llamada tercera edad

I Care a Lot

Otros títulos: Descuida, yo te cuido.

J Blakeson. Reino Unido, 2020.

La villanía en el cine es un rango que debe ser ganado en la pantalla grande por el aporte del actor o actriz que debe representarlo, por el cuño ideado por el guionista y por la implementación añadida por el director de la historia que termina de moldear una imagen especial. El fruto de la fusión creativa puede dar origen a una figura que queda alojada en la memoria de los espectadores. Hitchcock, por ejemplo, fue un cineasta muy recalcitrante a la hora de diseñar malvados que estuviesen a la altura del héroe. Su fuerte era los antagonismos. De tal manera que la proeza del protagonista al derrotar a su fiero oponente, casi siempre en finales deslumbrantes, le daba un sentido todavía más meritorio y conseguía que el público saliera de la sala de exhibición persuadido de haber contemplado un duelo fascinante de titanes con el triunfo del bien. Por lo tanto no es ningún desmérito encarnar al personaje malvado en una película, aunque sea muy siniestro y repulsivo, porque ofrece la oportunidad de escarbar en la ambigüedad más desopilante y los oscuros resortes internos de la criatura para imponer, sin exageraciones y pérfidos artificios, una talla de maldad de fina sutilidad a la vez que maquiavélica capaz de enamorar al aficionado. De esta tesitura traigo aquí las breves pero astutas y escalofriantes apariciones de, Anthony Hopkins, encarnando al temible e inquietante psicópata Annibal Lecter en El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs, Jonathan Demme, 1995, EA). El rol de Hopkins en el libreto era secundario, pero la feroz, inteligente y penetrante interpretación del actor británico sirvió para colocar el listón muy alto y crear un icono que dio origen a una franquicia que aterrorizó a toda una generación de cinéfilos.

Malhechores los hay de todo tipo y condición. Unos se manchan de sangre y sus fechorías son monstruosas; otros visten elegantemente, son ejecutivos y causan un daño moral. Son depredadores infames que se disfrazan de corderos cuando son auténticas fieras sin escrúpulos. Los de esta catadura de una bajeza rastrera, de semblante triunfador y falsa generosidad, son los principales estrategas, de arteras maniobras facinerosas, de los que se ocupa, Descuida, yo te cuido (I Care a Lot, 2020, EA), escrita y dirigida por J Blakeson.

En su primera pieza como realizador de largometrajes, La desaparición de Alice Creed (The Disappearence of Alice Creed, 2009, Reino Unido), Blakeson apuntaba maneras rocambolescas acerca de un argumento sobre un secuestro que se torcía por un mal encaje de la actitud de los delincuentes. Está claro que su capacidad y talento para perfilar bribones con agallas y personalidad es una de sus constantes. Una línea que se mantiene en esta producción sobre estafadores, que narra las artimañas de dos empresarias, Marla Grayson (Rosamund Pike) y Fran (Eiza González), que se dedican a localizar personas de edad avanzada, solitarias, sin parientes, con su paga de jubilación, ahorros invertidos en productos financieros y propietarios de una casa de renta media/alta para engañarles y alojarles en una residencia de ancianos. Una vez aparcados en un espacio idílico las chicas se encargan de esquilmarles todos los bienes y vender sus posesiones esperando con mucha desfachatez el pronto fallecimiento de sus víctimas.

Este es el cometido de las dos mujeres, socias y amantes, que sin ningún escrúpulo y sentimiento de culpa realizan indecorosos amaños de sagaz tráfico de influencias con el único objetivo de acumular fortuna sin importarles el destino de su mercancía humana. El cinismo y el canallismo de esta película es flipante. Los dos personajes femeninos actúan y se comportan como felinas y groseras mafiosas. Casi a la altura de una organización criminal. No les detiene absolutamente nada. Saben lo que quieren, cómo encontrarlo y las artimañas necesarias para engatusar a los incautos. Actúan bajo el amparo de una sociedad llena de espabilados que da amparo a ventajistas sin conciencia. En este aspecto, la película es mordaz.

El humor negro y la acidez es la materia fílmica que describe el delirio narcisista de Marla y Fran. La estridente ignominia alcanza también a la denuncia del lucrativo negocio orquestado por las venerables residencias para personas de la tercera edad afeando una actividad que en Descuida, yo te cuido conlleva una salvaje y despreciable codicia, muy alejada de su principal propósito. El fin justifica los medios. La sátira no deja títere con cabeza porque en el entramado montado por las dos avariciosas empresarias cuentan con la marrullera colaboración de médicos que falsean informes a conveniencia de Marla y Fran, la implicación del gerente de la residencia que obtiene pingües beneficios con la reserva de habitaciones especiales o la misma benevolencia y laxa voluntad de un juez permisivo que se aviene a impartir justicia siempre a favor de las tenaces emprendedoras.

La película está contada en primera persona. En el comienzo vemos a Marla Grayson tener un altercado con un pobre desgraciado y a partir de aquí su voz narrativa inicia el relato de los pormenores de su comercio y sus perspicaces habilidades para la estafa. Son escenas iniciales en las que se impone la ironía y la mordacidad. Al espectador se le enseña un mundo ruin y desalmado, que se mueve por intereses creados y sólo importa la cuestión económica. La clave del éxito está en la autoconfianza de Marla. Una mujer ganadora, oportunista, voraz y tremendamente competitiva. Delante suyo tiene un mercado abierto que la está esperando para ganar utilizando sus zarpas y rapiña sin perder nunca la compostura y sin signos de arrepentimiento.

Sin embargo, la estructura perfecta y la arrogancia desafiante encuentra una fisura por la que se cuela una inoportuna casualidad. La prepotencia es retada por el azar y porque en este mundo de bellacos todos quieren ser ilícitos y asestar golpes para sacar tajada. La nueva “cliente” de Marla, Jennifer Petersen (Dianne Wiest), es obligada a someterse a la custodia de las dos tiranas. El asunto parece uno más, rutinario. Pero la aparición inesperada de un pariente de la Jennifer, Roman Lunyov (Peter Dinklage), un mafioso de origen ruso, permite al largometraje dar giro que tensiona el tono del argumento para alojarlo en el thriller. El sarcasmo se transforma en cine de acción y el choque de rivalidades conduce a la película a la violencia y la intriga. La irrupción de matones del este de Europa fieles a la crudeza y su indiscutible letalidad supone colocar a Marla Grayson y su socia en un correoso brete. Inasequible al desaliento, Marla abandonará a su pesar los ambientes suntuosos, los despachos elegantes y los tribunales amañados para lidiar con fuerzas asesinas. La desalmada ejecutiva no está acostumbrada a estos menesteres pero tampoco quiere perder sus conquistas. Plantará cara, se meterá en la boca del lobo, se pondrá en peligro y estará cerca de la muerte. Elementos importados que no afean el tratamiento incisivo del primer bloque pero provoca que entremos en un bucle novelesco de tópica tramoya que mezcla la denuncia cáustica apuntada en el arranque de la película con los códigos del cine de gángsters, un maridaje bien asociado que deja el resultado fuera del alcance de una reflexión más aguda y vitriólica.

Tráiler de la película:

Ficha técnica:

I Care a Lot  / Descuida, yo te cuido ,  Reino Unido, 2020.

Dirección: J Blakeson
Duración: 118 minutos
Guion: J Blakeson
Producción: Black Bear Pictures, Crimple Beck. Distribuidora: Netflix, GEM Entertainment
Fotografía: Doug Emmett, Mike Valentine
Música: Mark Canhan
Reparto: Rosamund Pike, Peter Dinklage, Eiza González, Dianne Wiest, Chris Messina, Isiah Whitlock Jr., Macon Blair, Damian Young, Arthur Hiou, Jamie Ghazarian,

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