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Regreso a Hope Gap

Hope Gap. William Nicholson. Reino Unido, 2019.

RegresoaHopeGapCartelEl guionista, dramaturgo y realizador británico William Nicholson ha dirigido su segundo largometraje con Regreso a Hope Gap, tras más de dos décadas sin ponerse detrás de una cámara. Su debut se produjo con A la luz del fuego (Firelight, 1997), centrado en un drama que se origina con la contratación de una gestación subrogada. La película estuvo muy bien recibida por público y crítica. Por ejemplo, obtuvo el Premio Especial del Jurado y Mejor fotografía en el Festival de San Sebastián el año de su estreno. Ya se imaginarán por tanto que la dilación en volver a dirigir una obra cinematográfica por parte de Nicholson se debió a otros motivos. No andarán muy lejos si sospechan en asuntos de producción y distribución cuando se obligó al autor a cambiar demasiadas cosas de su obra original. 

Regreso a Hope Gap es un filme meditado durante mucho tiempo y está basado en la ruptura conyugal de los padres del director. Rodado en Gran Bretaña, efectivamente se centra en las vicisitudes que transcurren cuando en un matrimonio de larga duración se toma la decisión de romper el vínculo. Grace y Edward son una pareja que lleva veintinueve años casada . Tienen un hijo, Jamie, ya en la veintena, que ha alcanzado independencia económica y vive en Londres. Sus progenitores residen en una zona rural costera. Grace está interpretada por Annette Bening. Representa a una mujer de fuerte carácter, repleta de energías, interesada por la poesía y con deseos por huir de una vida monótona. Es muy consciente de que sin intercambio de impresiones, deseos o querencias es muy difícil o imposible sostener una convivencia. Edward, que está llevado a la pantalla por Bill Nighy, es un profesor de carácter reservado, tímido y callado. Le gusta subir artículos en Wikipedia, le absorben ciertos acontecimientos históricos y adora la rutina. 

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Grace y Edward han permanecido juntos casi tres décadas pero con caracteres tan dispares, las peleas y los encontronazos entre ellos cada vez se hacen más frecuentes. Grace desea verbalizar sentimientos y anhela la felicidad, un estadio en el que cree y en el que no se considera situada. Edward, por contra, parece recluido en su mundo y no asemeja que se encuentre a disgusto con su existencia. Taciturno y serio, en la relación con su mujer se limitar a intentar no contradecirla y acceder en lo posible a sus deseos. Al estado en que se sitúa la pareja al inicio del largometraje, así como al resto del filme, nos iremos acercando con abundancia de diálogos, en general combinándose con los tres principales personajes implicados, mientras destaca la innegable belleza del paisaje circundante. 

La obra nos sumerge en un laberinto de reproches, de intransigencias, de soledades y de nuevas oportunidades. Hay que tener mucho cuidado con los anhelos personales y el grado de desarrollo que se pretende alcanzar con ellos. Hay veces que mientras consideramos insuficiente lo bueno que uno posee, estiramos demasiado la cuerda y la tensión termina por romperla. Porque escoger el tren equivocado desde el principio no conduce necesariamente a la devastación. Puede que se llegue a visitar terrenos que se erosionan periódicamente sin más. Y hay situaciones que creemos que son de difícil contingencia sin la intervención de un tercero. La que plantea esta película es una de ellas. Un tercero que aparece por sorpresa, sin ser buscado, que despierta emociones que se encontraban en el baúl de los recuerdos. 

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Los seres humanos somos o deberíamos ser libres y afortunadamente, con nuestro albedrío, podemos decidir el camino a seguir en el futuro. Por mucho que satisfaga y al mismo tiempo duela, por mucho que sorprenda, por muchos obstáculos que hayan de saltarse…Se ha hablado con creces y con fundamento del acoso masculino o machista pero muy poco del femenino. Y aquí creemos que nos enfrentamos a un caso ejemplar del segundo. Un acoso derivado de un pensamiento reaccionario, intransigente, de un ser convencido de que sus creencias o éticas son las verdaderas, las universales, las que deben imponerse al resto de la humanidad. Porque tiene la razón. Así lo ha decidido con independencia de legislaciones vigentes o derechos adquiridos. Lo que vale es la ideología propia y jamás, en ninguna circunstancia, debe mancillarse. 

En Regreso a Hope Gap vemos la evolución de un hombre y una mujer tras la ruptura de su convivencia, pero sobre todo, el filme se centra en el miembro que se siente desesperado, insultado, ofendido y vilipendiado. Para dicho ser el mundo se hunde, su mundo. Las certezas que le han mantenido a lo largo de su vida se disuelven y desaparece cualquier cabo al que agarrarse. Ya hemos dicho que estamos hablando de una persona reaccionaria, intransigente. Por tanto, es incapaz de asimilar que cualquier hombre o cualquier mujer poseamos el derecho y la libertad de elegir creencias y también de cambiarlas a nuestro antojo. Dándole la vuelta a la tortilla y apelando a una cita supuestamente dicha por Groucho Marx, “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”.

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Quizás lo más flojo de la obra resulte los añadidos que se hacen para conocer la existencia que lleva Jamie en la ciudad. No vemos que aporten en positivo las escenas en su apartamento, trabajando, charlando o confesándose con amigos. Un joven, interpretado por Josh O’Connor, que, por otra parte, intenta mantenerse al margen de lo que no le compete en lo que piensa que supondría una elección entre sus padres. Una postura acertada en discreción y respeto que llevada al límite conduce a momentos que lo configuran como un pelele que ni sabe ni quiere saber. Complicado límite el que se sitúa entre el tacto y la inutilidad. 

La película de William Nicholson acierta en su atinado perfil sobre el desmoronamiento de un matrimonio que tenía todos los billetes para permanecer unido hasta la muerte de uno de sus miembros. Combina con eficacia los diálogos y las voces en off para trasladar al espectador los crecimientos o hundimientos de cada cual. Y si una de sus criaturas debe perder la dignidad para intentar salvar lo insalvable no duda en perfilar una magnífica escena en el despacho del abogado para ello. Precisamente, en ese lugar se realiza una aguda comparación entre los bienes materiales que se reciben en caso de divorcio o en el de fallecimiento de la pareja (regímenes legales específicos al margen).  

Hablábamos de comparaciones en el párrafo anterior y no queremos dejar en el olvido la que implícitamente se produce en el incidente histórico de la guerra napoleónica: para que muchos sobrevivan resulta inevitable la caída de unos pocos. Reflexión muy pertinente, por cierto, cuando en estos días se están despreciando ciertas vacunas sin tener en cuenta dicha máxima. ¿Qué beneficios o qué perjuicios deben prevalecer? Ustedes mismos. Ah, y volviendo al largometraje, no resulta fácil introducir en una maleta, sin utilizar desde la luna de miel, los objetos básicos y recuerdos fundamentales de toda la existencia pasada. Pero si se hace con determinación y esperanza puede convertirse en una tarea mucho más sencilla. 

   

Tráiler:

Ficha técnica:

Regreso a Hope Gap (Hope Gap),  Reino Unido, 2019.

Dirección: William Nicholson
Duración: 100 minutos
Guion: William Nicholson
Producción: Immersiverse, Origin Pictures, Protagonist, Sampsonic Media (Distribuidora: Screen Media Films)
Fotografía: Anna Valdez-Hanks
Música: Alex Heffes
Reparto: Annette Bening, Bill Nighy, Aiysha Hart, Josh O'Connor, Nicholas Burns, Rose Keegan, Sally Rogers, Steven Pacey, Nicholas Blane, Derren Litten, Ryan McKen, Ninette Finch, Joel MacCormack, Anne Bryson, Finn Bennett, Tim Wildman, Jason Lines, Dawn Batty, Joe Citro, Dannielle Woodward

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