Críticas

Cronología de un constante empezar de nuevo

Minari

Lee Isaac Chung. EUA, 2020.

Minari_aficheLa unidad familiar ante todo. Amagues permanentes de una ruptura insinuada desde la tolerancia de roles que respetan funciones de género. Un drama cotidiano que podría representar las diferencias de cualquier pareja común. Nada de rimbombancia ante sucesos naturales de la vida. Un corazón, de dudoso rendimiento a futuro, se conjuga con un infarto cerebral y el incendio  con pérdidas masivas; todo entretejido en un guion que sabe relacionar situaciones para sacar partido de una narración que no da puntada sin hilo.

Es la historia de una familia coreana inmigrante. La necesidad del hombre de apuntalar su rol social está presente; jefe, que debe mostrarse útil a propósitos del propio género, pretende ser guía hacia la prosperidad coincidente con el resultado de una vida natural como productor rural: una granja a su cargo y las consecuentes vicisitudes de una vida apartada de la ciudad. El conflicto gira en torno a la dicotomía campo-ciudad y todo lo que la diferencia connota.

La aceptación convierte a la tragedia en un recomenzar sin miramientos,  un manejo del tiempo que se estira ante decisiones rupturistas, mensaje de comprensión de los espacios familiares con respeto extensivo de los roles; a pesar de la polémica, es allí donde está el límite que multiplica la tolerancia, lo implícito de la unidad familiar.

Minari_fotograma

Firme retrato que promueve la aceptación de la familia, un “a pesar de…”  se multiplica en la inoperancia rupturista que, en tiempos líquidos, nos obliga a reflexionar sobre “lo verdaderamente importante”.

El filme apuesta a la naturalidad de las circunstancias para desgravarlas de un tinte trágico propio de producciones de temática semejante. La tragedia está en la vida para ser integrada, no es cuestión de superación ni de trauma, mucho menos de activación de rencores o luchas de poder,  porque lo sustancial está más allá de lo que toca vivir. Parte de esa fortaleza unificadora se desprende de una cultura de roles y funciones respetados que, a su vez, involucran exigencias liberadas de culpa  asentadas en el afecto que tantea resolución.

Drama sobre como sobrellevar el drama. Convivencia con el conflicto que satura la obra por fuera de cuestiones intimistas, lo cotidiano nos permite reconocernos en algo de alcance social general, para proponer una forma de abordaje sustentada en roles tradicionales, que cumplen la misión de reforzar afectos fuera del efectismo, al que tan acostumbrados nos tiene el cine comercial. Nada de melodrama, nada de tragedia, es la vida y debe aceptarse buscando soluciones donde la familia, más allá de diferencias, opere como pilar y sostén fundamental.

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Minari es la planta “mágica” que representa la posible “sanación”; funciona como representante de una cultura; crece en todas partes, por eso opera de forma misteriosa fuera de su lugar originario. No arregla la vida, pero quizá su efecto oficie una contribución secreta. Es la naturaleza viva, crece más allá de toda planificación previa, y todo el filme representa justamente eso: la evasión de la vida frente a lo planificado. Así funciona,  la programación de los acontecimientos es violada de manera permanente, nada está bajo control, aunque la aparente rutina se esmere en anunciarlo. Pequeños percances traen sucesos mayores por fuera de cualquier posible ley predecible; la seguridad del jefe de familia, representación cabal del papel aprendido, no es tal, solo sirve a una confianza necesaria al discurrir de acontecimientos ficticiamente controlados.

El guion juega entre lo previsible y lo imprevisible; peligros típicos, esperados e incumplidos, ofician de distractor frente a circunstancias que irrumpen sin previo aviso: el primer plano de una serpiente nos recuerda la advertencia, pero los verdaderos riesgos suelen ser más cotidianos e interpersonales.

Puestas en escena con planos generales y primeros planos compartidos donde cierta profundidad de campo denota la amplitud espacial como margen de acción permanente, las circunstancias pueden ser adversas pero, aunque no lo parezca, siempre hay  cierto margen para sobrellevarlas. Tanto en la naturaleza como en interiores el espacio no asfixia.

Minari_plano

Un canto a la tolerancia desde discusiones que no van más allá,  pero también un movimiento que nos acerca a la colaboración desde el acatamiento a una voluntad masculina, que carga con la presión del posible fracaso, nítido reflejo de valores coreanos aceptados de manera explícita. Algunos pasajes son claros, diálogos sutiles invitan a comprender el rol del hombre en la familia y su trasmisión a la descendencia.  Jacob comunica a su hijo David, al referirse a los polluelos quemados debido a su mal sabor e incapacidad para procrear: “Los machos no tienen buen sabor. No pueden poner huevos y no sirven para nada. Así que, tú y yo deberíamos tratar de ser útiles.” Por otra parte, Mónica acepta la dirección en el campo material, pero no en el afectivo-espiritual, la exigencia en este terreno la hace cultora de la unidad familiar por sobre todas las cosas: “Elegiste la granja por encima de nuestra familia…Podemos vivir juntos cuando las cosas van bien, pero cuando no lo están, ¿nos desmoronamos?”

El simbolismo presente en la naturaleza nos brinda un capítulo aparte para el análisis;  la antítesis agua-fuego, asociada al valor,  su producción y destrucción, nos sitúa en relación al cultivo como fuente de éxito económico y espiritual (minari) en confrontación a la posibilidad de fracaso y destrucción por presencia, inexistencia o mala aplicación de recursos naturales. El humano dispone un manejo de la ambivalencia que no siempre está del todo claro, aunque su responsabilidad es ineludible. Son sus acciones las que generan consecuencias, por tanto, la naturaleza debe ser entendida, interpretada y utilizada en un contexto de cuidadosa observancia de sus posibilidades articuladas a las condiciones propias de su aprovechamiento. Es el porqué de las catástrofes, errores de cálculo que pueden desmoronar el trabajo humano, más allá de la perseverancia y el esfuerzo. Eso sí, queda claro que, ante todo, la unidad familiar debe preservarse como algo sagrado, se reconoce la responsabilidad, la culpabilización no es admitida;  siempre hay espacio para la tolerancia por el afecto. Más allá de las circunstancias la unidad prevalecerá ante la adversidad.

 

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Ficha técnica:

Minari ,  EUA, 2020.

Dirección: Lee Isaac Chung
Duración: 115 minutos
Guion: Lee Isaac Chung
Producción: Plan B Entertainment. Distribuidora: A24
Fotografía: Lachlan Milne
Música: Emile Mosseri
Reparto: Steven Yeun, Han Ye-ri, Youn Yuh-jung, Alan S. Kim, Noel Cho, Will Patton, Scott Haze, Eric Starkey, Esther Moon, Tina Parker, Darryl Cox

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