Críticas
Entre la nostalgia y el desmadre
Street Fighter
Kitao Sakurai. EUA, 2026.
Bienvenidos a un nuevo episodio más de eterno retorno. Podríamos entrar en el debate interminable sobra la falta de ideas y originalidad en el cine comercial antes de entrar en materia con Street Fighter, pero me resulta circular y estéril. El caso es que los pintorescos guerreros del legendario videojuego vuelven en carne y hueso a las pantallas, incombustibles a pesar de los muchos años que han pasado desde que reinaban en los salones de recreativos de todo el mundo.
Street Fighter marcó un antes y un después; básicamente inventó un género, y regaló unos cuantos iconos a la cultura popular, así que es natural que, de cuando en cuando, alguien apriete el botón de la nostalgia. Depués del visionado de este pitote marcial, tengo sensaciones encontradas. No lo duden, Street Fighter es una de las peores películas que he visto este año pero, al mismo tiempo, he disfrutado mucho de esta colorida mamarrachada por su falta de complejos. Kitao Sakurai nos lanza un hiperbólico mejunje que en demasiadas ocasiones parece perder el rumbo. Su humor anticlimático desdibuja las pocas intenciones dramáticas que se atisban en los predecibles personajes, y el chiste se va de las manos. Bordea las terribles fronteras de la vergüenza ajena en diálogos, situaciones o decisiones técnicas, indigesto batiburrillo que sorprende por la falta de interés que parecen demostrar todos los implicados en el asunto.
A pesar de esa sensación de desidia, en el extraño cúmulo de contrastes que alimenta Street Fighter, resulta que tiene momentos que desprenden una energía brutal y contagiosa, que hace abrazar sin pudor el espectáculo casi ridículo que se desarrolla ante el espectador, con el hipotálamo saturado a base de un montaje disparatado, luces cegadoras y ritmo casi suicida. Street Fighter ofrece lo que prometía: la ensalada de puñetazos en continuo ascenso hacia ninguna parte a base de fe en el poder icónico de sus protagonistas.

No pierde el tiempo en construir una base sólida en el drama, va directa al grano con escasas pinceladas de narración. Utiliza tantas trampas narrativas que dan ganas de aplaudir a Sakurai, que consigue que sus malabares funcionen con lo justo. Mención especial a las conseguidas secuencias de animación, que sirven para dar un tono vistoso a los flashbacks que intentan dar sentido a la historia. Nos regalan algunos de los mejores momentos de la película, y retrotraen al magnífico filme animado de 1994 (que sigue siendo la adaptación más lograda del videojuego).
El elenco hace lo que puede en medio del engorroso campo minado que es el motor de la historia: la relación entre Ryu y Ken. Las posibilidades de este legendario dúo quedan disueltas en el tono de comedia ligera en el que se ha sostenido Street Fighter. Es imposible tomarse en serio el conflicto entre ambos luchadores cuando el chiste recurrente en el peor momento dinamita el potencial dramático. El resto de personajes tropieza en la película como meras comparsas o excusas para el intercambio de puñetazos, muchos de ellos acabando como penosa parodia, En algunos instantes tenía la sensación de ser testigo de un elaborado concurso de cosplay que se había ido de las manos.

Con todo esto, la conclusión es que Streer Fighter no pasa de bobada sudorosa con alguna coreografía resultona, autorreferencial, plagada de guiños para ver si la nostalgia de las tardes en el salón de recreativos es suficiente para tapar sus muchísimas costuras. Pero hoy me siento generoso, y voy a romper una lanza por el descaro con el que Sakurai y compañía se han presentado ante el mundo.
Street Fighter, como decía al principio, llega sin complejos y desdibuja el rotundo aspecto del videojuego original a base de comedia exagerada, consciente y gamberra. Las escenas de acción son, efectivamente, secuencias sacadas de un videojuego, tan desquiciadas e imposibles que acaban por resultar encantadoramente extenuantes. La ruidosa banda sonora se centra en la colección de clásicos del rock noventero, otro sumando en la histérica invocación a la nostalgia. Y reconozco que sentí electricidad por la espalda cuando los protagonistas se partían la cara a ritmo de White Zombie.
Quizá me he dejado engañar por la magia del cine y los cuatro trucos de trilero perpetrados como llamada a ese chaval de 12 años que reventaba los botones del mando de su consola, hace ya muchos años. Pero da igual, me rindo. Voy a dejar que el espíritu disfrutón de Street Fighter me divierta, a pesar de las veces que ha conseguido esta película llevarme a los límites de la paciencia cinéfila.
Si abrazan la mamarrachada, disfrutarán mucho de Street Fighter. Si no están dispuestos a ese sano (creo) ejercicio mental, huyan como la peste.
Lo dejo en sus manos, queridos lectores.
Ficha técnica:
Street Fighter , EUA, 2026.Dirección: Kitao Sakurai
Duración: 119 minutos
Guion: Kitao Sakurai, T.J. Fixman. Historia: Dalan Musson, Gary Dauberman
Producción: Legendary Pictures, Capcom, Paramount Pictures.
Fotografía: Ken Seng
Música: Leo Birenberg, Zach Robinson
Reparto: Andrew Koji, Noah Centineo, Callina Liang, Joe Anoa'i (Roman Reigns), David Dastmalchian, Cody Rhodes, Andrew Schulz, Orville Peck, Curtis "50 Cent" Jackson, Jason Momoa, Vidyut Jammwal, Olivier Richters, Rayna Vallandingham, Mel Jarnson, Hirooki Goto, Eric André, Alexander Volkanovski, Kyle Mooney, Ma Dong-seok

