Críticas

La suerte de pocos

The Black Balloon

Elissa Down. Australia, 2008.

Pocos saben lo que es vivir con alguien que ha sido diagnosticado de autismo, y mucho menos saben lo que es crecer junto a una persona así o con otro tipo de discapacidad cognitiva. Son muy escasas las historias contadas desde este punto de vista y que hablen con realidad y honestidad; generalmente idealizan el conflicto real, poniendo todo en color de rosa y llevando el optimismo hasta el extremo del empalague. The Black Balloon (Elissa Down, 2008) es una de esas pocas cintas que logra equilibrar la honestidad de esta realidad, sin dejar de ser divertida y tierna a la vez. La cinta está inspirada en dos de los hermanos de la directora y escritora, diagnosticados de autismo, y sus experiencias siendo ella una adolescente que enfrenta esta realidad. Así como en Mi hermano persigue dinosaurios (Mio fratello rincorre i dinosauri, Stefano Cipani, 2019), esta película apuesta a la honestidad de las situaciones, por más duras e incómodas que estas sean.

La cinta nos presenta a la familia Mollison, que se acaban de mudar a una nueva ciudad gracias al trabajo de Simon (Erik Thomson), el padre militar. Maggie (Toni Collette), la madre, está embarazada y a punto de dar a la luz, y así se encarga de la casa mientras cuida de Charlie (Luke Ford), su hijo autista. En el centro de todo está Thomas (Rhys Wakefield), el hijo “normal”, que atraviesa la siempre complicada adolescencia, a lo que se le suma llegar a una nueva escuela y enamorarse de Jackie (Gemma Ward), una de sus compañeras en clase de natación. Thomas hace lo que puede con sus hormonas alteradas y su particular familia, se encarga de Charlie cuando le toca, y por culpa de su descuido es que el conflicto estalla.

Es muy fácil entender a Thomas. En su proceso de coming-of-age vemos que en su escuela abunda el bullying (especialmente hacia las personas discapacitadas) y por eso prefiere callar, ya con ser “el nuevo” tiene suficiente carga. Pero tampoco es fácil para él convivir con su hermano, pues sus propias expectativas lo debilitan, al querer de Charlie lo que nunca le va a poder dar, por eso vive frustrado y avergonzado de su familia. Su misión, la quiera aceptar o no, será aprender a valorar lo que tiene, convertirse en un maestro de la paciencia y enfrentar la forma en que los demás juzgan y observan. Su dolor profundo es el no pertenecer al común denominador. Pero, ¿hay algo mejor que ser diferente a los demás?

El grupo de intérpretes que conforma la familia es impecable, todos brillan por su naturalidad y realmente se siente como si hubieran convivido su vida entera, acostumbrados a los sacrificios que se tienen que hacer al tener a una persona con autismo entre ellos, con rutinas y costumbres propias y hasta esas miradas cómplices que dicen todo sin pronunciar una sola palabra. Toni Collete, como siempre, es impecable, acertada en sus tiempos, en sus reacciones y en sus expresiones. Nadie dudaría que es Maggie y que lleva 17 años tratando de sacar adelante a sus hijos, cada uno especial a su manera. Incondicional y profundamente enamorada de su familia, con todas las dificultades y problemas que esto significa.

Rhys Wakefield, en su primer papel en la pantalla grande, entrega un Thomas transparente en sus sentimientos, vivimos con él la carga de la adolescencia, de sus vergüenzas, dolores y amores, somos testigos de su evolución y nos alegra ver que aprende la lección. Por su parte, Luke Ford, como Charlie, logra capturar los movimientos, comportamientos y ecolalias características de una persona con autismo con gran fidelidad, sin exagerar ni pasar a la caricatura. Es travieso, desesperante, divertido, travieso y profundamente tierno a la vez. Me recordó la magistral interpretación de Leonardo DiCaprio en ¿A Quién Ama Gilbert Grape? (What’s Eating Gilbert Grape?, Lasse Hallström, 1993), con la que logró su primera nominación al Oscar y que debería haberse ganado.

Alguna vez me enseñaron que no se debe decir que alguien “tiene autismo”, porque no es lo única característica que poseen ni es algo que los “tiene” atrapados, no los domina. El autismo es algo que se destaca y es evidente, es cierto, pero es una pequeña parte de lo que son. Charlie no tiene autismo, lo vive y lo disfruta, son los demás los que tienen que adaptarse a él. Solo pocos tienen la suerte de vivir una experiencia tan única, tan agitada y agotadora a la vez. Nada le enseña mejor a uno el valor de la vida como vivir con alguien con autismo. Esa es la suerte de pocos, las mejores lecciones se aprenden así, soy testigo fiel.

La cinta también confirma una teoría que había escuchado antes, que dice que la familia es más discapacitada que aquel que ha sido realmente diagnosticado. Al no tener la paciencia necesaria y la fortaleza suficiente, especialmente los hermanos, se llega a extremos indeseables que destruyen a una familia desde el interior. Y la sociedad es igual, tampoco tiene la paciencia ni parece tener la inteligencia suficiente para entender y tratar a una persona así.

Parece que los discapacitados fueran los demás, pues su cerebro no les da para entender comportamientos diferentes. Thomas es la evidencia clara de esto, y el espectador es testigo de sus profundas heridas, que se abren de extremo a extremo en el clímax, revelando el dolor que lleva dentro como miembro de familia y necesita dejar salir. Y eso aplica para todo el mundo, por eso esta no es simplemente una cinta sobre autismo, es una película sobre crecer y liberarse de las cargas que nosotros mismos nos ponemos.

La misma guionista y directora reconoció en entrevistas que las primeras versiones de esta historia eran muy reservadas, contenidas, con el miedo al “¿qué dirán?” y al rechazo de una historia tan cercana a su corazón, pero fue su colega Jane Campion la que le dijo que se liberara y soltara todo lo que guardaba. Así es como se logra una historia tan honesta como cruda y tan hermosa como triste, el retrato de una realidad que tiene el final feliz que necesita. Ni Charlie va a dejar de ser autista ni Thomas va a cambiarse a una familia que no lo avergüence. La vida es lo que es, y así nos acostumbramos a vivir. Y, con el tiempo, aprendemos a amar profundamente lo que tenemos.

Tráiler:

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Ficha técnica:

The Black Balloon ,  Australia, 2008.

Dirección: Elissa Down
Duración: 97 minutos
Guion: Elissa Down & Jimmy The Exploder
Producción: Elissa Down, Toni Collette, Anita Belgiorno-Nettis, Sally Chesher, Mark Gooder, Jimmy the Exploder
Fotografía: Denson Baker
Música: Michael Yezerski
Reparto: Toni Collette, Rhys Wakefield, Luke Ford, Erik Thomson, Gemma Ward, Sarah Woods

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