Guiones 

Incident at Inez

Pequeño guion situado al final de la edición de lujo de la primera novela de Tarantino, aquel Once Upon a Time in Hollywood que se presenta más como una reelaboración de la película y no simplemente su contrapartida en papel, este Incident at Inez formaría parte de la serie de televisión protagonizada por Rick Dalton (DiCaprio, en la realidad ficticia de la película). Se trata, entonces, de un western, algo ya bien conocido en el caso del guionista y director estadounidense, quien había demostrado tener una mirada a lo Leone (y no solo) con una de sus obras quizás más interesantes y estructuradas, The Hateful Eight de 2015. Veinticinco páginas, como más o menos hubieran sido los minutos del episodio, en los cuales se nos presenta al personaje principal de la serie sumergido en una situación en la que la tensión sube hasta llevarnos a preguntar qué es lo que va a pasar para que no haya tiroteos y muertes.

Se nota aquí el juego de las limitaciones típicas de los productos televisivos, en los cuales no solo hay que enfrentarse a las temporales, sino también a la reducción de presupuesto y, por esta razón, de todo lo que esto comporta. El resultado de estas restricciones es una obra que intenta expandir su área sin por esto caer en el peligro de ser descartada por no haber logrado ajustarse a las reglas. Se presentan así dos grandes fuerzas centrípetas, la de la ciudad de Inez y la de la prisión de Beaver Falls, elementos geográficos que se insertan en la red temporal que se instaura entre el presente y el pasado. Vuelve, según los juegos típicos de Tarantino, la voluntad de dialogar con el tiempo, lo cual permite al espectador acceder a secretos capaces de cambiar el sentido del cuento que el director nos está narrando.

La estructura temporal, entonces, se basa en la necesidad de desvelar no tanto un misterio sobre la condición real de nuestra antagonista (¿es culpable o inocente?), ya que en cuanto espectadores ya somos llevados a considerar como correctas las afirmaciones que el protagonista produce sobre la cuestión (sí, es culpable). Lo que sí nos interesa es saber qué es efectivamente lo que hizo antes del presente en el cual se inserta el episodio, y para que el pasado nos permita tener una visión más clara es necesario volver a aquel elemento narrativo en el cual podemos ver no LA sino UNA de las acciones que pueden confirmar la bondad de lo que nuestro héroe está haciendo. El misterio de la antagonista, desde un punto de vista narrativo, funciona por estas razones no tanto en su forma de única motivación, sino de discurso de análisis psicológico de este personaje que, efectivamente, logra crearse una serie de personalidades gracias a las cuales pone en marcha la destrucción del otro.

En cuanto elemento narrativo, el episodio encaja en el género western en lo que a su contexto social y cultural se refiere. La presencia de personajes típicos de estas narraciones y de lugares que podemos reconocer muy fácilmente nos permite entrar en contacto con sus reglas sin que por esto el autor no se deje llevar por un afán de acto creativo; lo normal, lo que podemos reconocer sin demasiados problemas, se acompaña efectivamente al gusto por la puesta en marcha de factores cargados de cierta pizca de novedad o, más precisamente, de lo inesperado. De hecho, la lectura que podemos dar de este guion es la de una fuerza creadora pura, en la que la simplicidad de la forma no resulta ser algo negativo sino, más justamente, su punto de fuerza más alto. Se crea así una red narrativa típicamente divertida en la que, por supuesto, la estructura y el placer, así como el juego del homenaje, logran abrirse paso en la arquitectura fílmica.

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