Críticas

Ars docendi

Los que se quedan

The Holdovers. Alexander Payne. EUA, 2023.

La simplicidad de lo normal demuestra, muchas veces, cómo todos nosotros podemos tener problemas de varios tipos. Hay, efectivamente, una sensación de universalidad, en lo que a lo atómico se refiere, entendido aquí como la presencia de la unicidad de cada ser humano, con su historia social, cultural y psicológica. Por supuesto, se podría decir que en realidad todo hombre y toda mujer comparten los mismos componentes biológicos y, por esta razón, los mismos patrones mentales con los que se permite el sistema de asimilación de las experiencias: todos podemos llorar (menos los psicópatas, claro está, sin embargo es otra cuestión), todos podemos reír, todos podemos reconocernos en la representación exterior, que no es otra cosa que el conjunto de la humanidad entera. Quizás esta sea la motivación por la que seguimos leyendo y apreciando obras como la de Salinger, ya que detrás de las palabras y de la sintaxis, y escondida entre los párrafos, se presenta una sensación de estar compartiendo algo que no solo le pertenece al género humano, sino que es, rotunda y totalmente, algo que se inserta en la privacidad de nuestra experiencia en cuanto individuos.

La estructura de la película de Payne se basa así en la universalidad de un mensaje que, si bien tiene su forma particular, logra entrar en contacto con la vida privada de cada uno de nosotros. Quizás sea una cuestión sencilla, la de presentar unos dilemas básicos, cuya misma arquitectura es reconocible por cualquiera de los espectadores; o a lo mejor, se trata de la capacidad de entablar un discurso que se desarrolla en la pantalla, pasando de temas singulares a temas universales, disfrazados de cuestiones de por sí histórica y socialmente definidas. Estamos ante, en otras palabras, una demostración de cómo detrás de lo particular se puede esconder una serie de cuestiones que nos atañen a todos y que, gracias al análisis subconsciente de la visión fílmica (no nos damos cuenta directamente, sin embargo captamos los conceptos casi instintivamente), llevan a la superficie aquel desideratum típico de la obras narrativas, el acto de lograr engancharnos.

Y, por supuesto, el cuento de Payne y Hemingson es capaz de invitarnos a que sigamos el trayecto de los personajes en una mínima odisea, en la que los Ulises navegan tanto por el diminuto mundo geográfico en el que viven como por el ancho y profundo abismo psicológico e interpersonal a los que se ven desafortunadamente atados. Un profesor y su alumno, nuestros dos navegantes, que se odian, mal se sufren, no se reconocen el uno en el otro, y que, de todas formas, logran crear unos lazos que se hunden en la necesidad de ir más allá de la relación (casi exclusivamente laboral) que encontramos entre las paredes de un instituto americano de los años setenta. Es una lección de vida, de lo que efectivamente significa ser un componente ajustado y ético de la especie humana, lo que el director y el guionista nos proponen, y en la simplicidad de la estructura, que se mueve entre el espacio cerrado del instituto vacío (estamos durante el período navideño) y el espacio abierto del mundo que está allí fuera, se construye un diálogo que lo agridulce de esta aventura nos propone como dilema: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a salvar a otra persona?

Es un cuento de fracasos (y fracasados), de problemas (inter)relacionales, de lo que el abandono significa, tanto de los padres como de los hijos (muertos en un Vietnam que vino a robarse demasiadas vidas), y de la necesidad de querer tener a alguien cerca de nosotros para que no nos sintamos solos, sino partes de una humanidad de la que sentimos como si ya nos fuera imposible ser elementos productivos. Y es un camino de pedagogía, de hacer lo justo también cuando esto significa ir en contra del imperativo de apoyarse en la verdad, como si mintiendo pudiéramos liberarnos a nosotros como a quienes hemos aprendido a querer. Es, en definitiva, una joya artística esta película de Payne y se inserta en la voluntad de las obras de arte de enseñar algo sobre la vida, abriendo paso a la necesidad griega del saber conocerse uno a sí mismo, aceptando el deber de lo ético ante el fracaso personal dentro de la cuestión del sacrificio y de la enseñanza como elemento vital. Una obra que, en su brillantez narrativa, actoral y visual, se presenta universal dentro de su particularidad.

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Ficha técnica:

Los que se quedan (The Holdovers),  EUA, 2023.

Dirección: Alexander Payne
Duración: 133 minutos
Guion: David Hemingson
Producción: Mark Johnson, Bill Block, David Hemingson
Fotografía: Eigil Bryld
Música: Mark Orton
Reparto: Paul Giamatti, Da'Vine Joy Randolph, Dominic Sessa

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