Críticas
La moral y sus verdugos
El drama
The Drama. Kristoffer Borgli. Estados Unidos, 2026.
El drama, dirigida y escrita por Kristoffer Borgli, confirma que el cineasta noruego continúa explorando los territorios más incómodos de la conducta contemporánea. Tras las perturbadoras y sarcásticas Sick of Myself (Syk pike, 2022) y Dream Scenario (2023), el realizador vuelve a construir una obra donde la incomodidad se convierte en motor dramático y el espectador queda atrapado entre la risa nerviosa, el desconcierto moral y la inquietud psicológica. Bajo una apariencia de comedia romántica moderna, potenciada además por la presencia de Zendaya y Robert Pattinson, la película termina derivando hacia un thriller psicológico oscuro, cruel y profundamente satírico sobre los límites de la tolerancia moral y la fragilidad de las convicciones éticas contemporáneas. Acercándonos a Nietzsche, quien cree combatir monstruos debe tener cuidado de no convertirse él mismo en uno.
La premisa argumental resulta aparentemente sencilla. Emma y Charlie forman una pareja idealizada que prepara su boda mientras amigos y familiares orbitan alrededor de los rituales previos al enlace. Todo parece desenvolverse dentro de los convencionalismos habituales de una obra situada en el subgénero “rom-com” sofisticada, al combinar humor y enredo con una historia de amor central. No obstante, una revelación inesperada relacionada con el pasado de uno de ellos dinamita el equilibrio emocional de la pareja. El autor juega entonces con la información, dosificándola, e incluyendo un giro narrativo tan abrupto como perturbador que modifica completamente la percepción del espectador sobre los personajes. Resulta interesante que el largometraje evite el sensacionalismo fácil: el conflicto no gira tanto alrededor de un crimen ni de un peligro inmediato, sino sobre la reacción social y emocional ante determinados pensamientos, impulsos o fantasías del pasado. Ahí reside precisamente la inteligencia del filme: convertir una confesión inquietante en un laboratorio moral donde afloran la hipocresía, el miedo, las inseguridades y las contradicciones de quienes se consideran éticamente superiores.

Borgli construye así una obra incómoda porque obliga continuamente a preguntarse dónde situamos los límites del perdón. El personaje señalado nunca llegó a cometer ningún crimen, ni volvió a mostrar posteriormente inclinaciones semejantes; incluso la película subraya que su vida adulta se ha orientado precisamente hacia la empatía y la estabilidad afectiva. Sin embargo, alrededor de esa revelación emerge un ecosistema de reacciones automáticas, políticamente correctas y de moral artificiosa donde importa más exhibir indignación que comprender la complejidad humana. El director satiriza con enorme agudeza esa necesidad contemporánea de simplificar psicológicamente al individuo, reduciéndolo para siempre a un único episodio o pensamiento perturbador. La película no niega la gravedad de determinadas conductas potenciales, pero sí cuestiona la facilidad con la que ciertos entornos sociales convierten cualquier ambigüedad moral en una condena irreversible. Ese es uno de los grandes hallazgos del filme: obligar al espectador a convivir en una zona gris incómoda.
Formalmente, El drama mantiene la frialdad estética y el humor abrasivo característicos del realizador. La puesta en escena evita el exceso visual y apuesta por espacios aparentemente luminosos y sofisticados que terminan volviéndose asfixiantes. Las reuniones familiares, las cenas, las despedidas de solteros o los preparativos nupciales se filman como pequeños campos de batalla psicológicos donde cada gesto parece esconder un juicio silencioso. El director domina admirablemente el ritmo de la incomodidad: prolonga silencios, encadena miradas tensas y desfigura conversaciones triviales en escenas cargadas de amenaza moral. Resulta especialmente brillante la manera en que introduce cambios de registro casi imperceptibles, pasando de la comedia absurda a la desventura emocional o al suspense psicológico, sin romper nunca la coherencia tonal. El espectador ríe en determinados momentos para sentirse inmediatamente culpable después, mecanismo muy presente también en el mejor cine de Ruben Östlund, o incluso en ciertas obras de Yorgos Lanthimos, aunque Borgli posee una identidad propia más cercana al malestar contemporáneo cotidiano.

La película resulta especialmente incisiva en su retrato de las dinámicas sociales actuales. Más allá de la pareja protagonista, resulta igualmente demoledor observar cómo reaccionan quienes les rodean. Amigos aparentemente comprensivos empiezan a actuar desde la sospecha, familiares transforman el escándalo en espectáculo moral y algunos personajes utilizan el conflicto para reafirmar su propia superioridad ética. Borgli disecciona así una sociedad obsesionada con el posicionamiento inmediato, donde la duda o la reflexión parecen sospechosas. La obra apunta también hacia la teatralización de la moral en tiempos de redes sociales: no basta con condenar, hay que hacerlo además de forma visible y contundente para demostrar públicamente la propia pureza ideológica. Así, El drama se convierte en una sátira feroz sobre la cultura contemporánea de la cancelación, aunque evita cuidadosamente caer en discursos simplistas o reaccionarios. El filme no defiende conductas problemáticas, sino algo mucho más incómodo: la posibilidad de que el ser humano sea contradictorio, cambiante y moralmente ambiguo.
Las interpretaciones contribuyen decisivamente a sostener ese delicado equilibrio tonal. Zendaya ofrece un trabajo complejo, alejándose de carismas inmediatos para construir un personaje atrapado entre el amor, el miedo y la presión social. Su rostro transmite continuamente la sensación de estar evaluando no solo a su pareja, sino también a sí misma y a sus propios límites morales. Por su parte, Robert Pattinson vuelve a demostrar su extraordinaria capacidad para habitar personajes emocionalmente ambiguos. Convierte a Charlie en una figura incómoda precisamente porque no llega a resultar monstruosa del todo ni plenamente tranquilizadora. Hay en él vulnerabilidad, inseguridad y desconcierto, pero también algo opaco que el espectador nunca termina de descifrar del todo. Esa ambivalencia constituye uno de los grandes aciertos interpretativos de la película.

Otro de los aspectos más estimulantes del filme reside en cómo utiliza la estructura del thriller psicológico para hablar realmente de otra cosa: del miedo contemporáneo a equivocarse moralmente. Los personajes viven aterrorizados no solo por el posible peligro del otro, sino también por la posibilidad de parecer demasiado comprensivos, demasiado indulgentes o demasiado humanos ante una situación socialmente incómoda. Borgli retrata un entorno donde el juicio colectivo pesa más que la intimidad emocional de la pareja. La relación amorosa termina así convertida en un espacio colonizado por discursos externos, opiniones ajenas y sospechas permanentes. Bajo la apariencia de un relato íntimo sobre una crisis sentimental, El drama habla en realidad de sociedades incapaces de convivir con la incertidumbre ética. Todo debe etiquetarse rápidamente: inocente o culpable, víctima o amenaza, aceptable o monstruoso. Y precisamente ahí, en esa necesidad compulsiva de clasificar moralmente a las personas, emerge el auténtico terror de la película.
Puede reprochársele al director cierta insistencia discursiva en algunos tramos finales o una voluntad demasiado evidente de incomodar al espectador intelectual urbano contemporáneo. Sin embargo, incluso en esos momentos más subrayados, la película mantiene una lucidez incómoda y provocadora muy poco frecuente en el cine comercial estadounidense reciente. Lo más perturbador de El drama no es el secreto inicial ni el giro argumental, sino la facilidad con la que todos los personajes empiezan a deshumanizarse mutuamente bajo la apariencia de actuar con corrección. Borgli hace evolucionar así una historia aparentemente mínima en una reflexión corrosiva sobre la culpa, el miedo, la hipocresía social y los límites del amor contemporáneo. Bajo un envoltorio engañoso late una pregunta profundamente inquietante: ¿hasta qué punto conocemos realmente a quienes amamos y, sobre todo, qué estamos dispuestos a perdonarles cuando dejan de encajar en la imagen moral que habíamos construido de ellos?
Tráiler:
Ficha técnica:
El drama (The Drama), Estados Unidos, 2026.Dirección: Kristoffer Borgli
Duración: 106 minutos
Guion: Kristoffer Borgli
Producción: A24, Square Peg, Live Free or Die Films
Fotografía: Arseni Khachaturan
Música: Daniel Pemberton
Reparto: Zendaya, Robert Pattinson, Alana Haim, Mamoudou Athie, YaYa Gosselin, Michael Abbott Jr., Sydney Lemmon, Hailey Gates, Chase Breithoff, Jordyn Curet, Tierre Diaz, Matthew J McLaughlin, Echo Campbell, Mary Ann Schaub

