Críticas

El tiempo como punto de partida

La chica que saltaba a través del tiempo

時をかける少女. Mamoru Hosoda. Japón, 2006.

Parte integrante de la nueva realidad física, el tiempo es, desde un punto de vista psicológico, algo de lo que no nos damos cuenta directamente. Si bien es posible medirlo (los relojes en nuestras muñecas lo pueden demostrar, o tan solo nuestros móviles), en realidad su presencia es algo que subimos sin que se analice de forma consciente; el tiempo fluye no solo alrededor de nosotros, sino en nuestro mismo cuerpo, decidiendo lo que el conjunto genético tiene que hacer, hasta llevarnos hacia nuestra merecida muerte (un poco cínica como idea, quizás, o por lo menos no muy optimista). De todas formas, el tiempo, en cuanto elemento, funciona también como punto de partida para nuestros sueños, aquellos según los cuales sería interesante poder pararlo o jugar con él hasta el punto de hacer todo lo que queramos (dentro de los límites de la física, obviamente). Desde Wells, con su máquina, hasta Marty McFly, con su DeLorean, este juego se propone abrir paso a las aventuras que nos ofrece, sin olvidar, por supuesto, el conjunto de problemas que puede conllevar, ya que, como siempre, detrás de los sueños se esconden las pesadillas.

La película japonesa de la que escribimos se inserta, entonces, en el conjunto de obras que quieren hablar del tiempo en cuanto elemento narrativo con el que entablar un discurso sobre los mecanismos de su plasticidad. Más simplemente, si nuestra protagonista descubre poder “rebobinar” el tiempo, el resultado de todo esto no puede ser simplemente el de un don, sino que, desde un punto de vista narrativo, tiene que conllevar una serie de detalles negativos o, por lo menos, capaces de llevar a la presencia de dificultades profundas. La arquitectura del cuento, entonces, no se va a basar solo sobre el aspecto más divertido de tener poderes de esto tipo, sino que introduce una serie de obstáculos que ayudan a que la película tenga aquella pizca de dramático con la que permitirle al público seguir mirando para saber lo que va a suceder. Y, si nos ponemos desde el punto de vista del entretenimiento en su forma más pura, la película logra su objetivo perfecta y rotundamente.

Se añaden, esto sí, otros elementos para que el producto final tenga una estructura más compleja. Tomando inspiración de la novela en la que se basa en parte (sería, la película, una especie de secuela), se unen al concepto típicamente de ciencia ficción el juego de las relaciones interpersonales, desde el de la amistad hasta el del amor. Se nota así cómo los diferentes niveles textuales se mezclan perfectamente a través de una red narrativa que les permite encajar hasta producir un sentimiento de satisfacción general ante la bondad intrínseca de la estructura; si nos divertimos viendo la película, esto se debe a que, efectivamente, la historia que nos es narrada tiene una profundidad discursiva que se equilibra con la simplicidad del cuento. El resultado de las dobles vertientes (lo profunda y lo simple que se revela ser la película) es la capacidad de atraernos hasta el punto de cambiar directamente el camino de una visión divertida a una más bien seria, de aquella seriedad, obviamente, que nos ayuda a tener una consideración menos superficial del mundo.

La unión de diferentes temas alrededor de la ciencia ficción no es, obviamente, nada nuevo. La ciencia ficción misma funciona normalmente como punto de partida para diferentes tipos de consideraciones y comentarios, muchas veces de carácter social, político o cultural. No solo, se desarrollan en este ámbito también discursos de carácter más íntimo, como puede ser el amor o la atracción (y la cuestión de la sexualidad) en La mano izquierda de la oscuridad de Le Guin. Lo que se hace en esta película, entonces, forma parte de un canon reconocido y bien establecido, lo cual no le quita a la obra su carácter de profundidad temática. Y, todo esto, en el conjunto de una técnica que logra usar los elementos de irrealidad para construir una estructura no simplemente sólida, sino también capaz de funcionar en relación al carácter de cooperación narrativa entre los diferentes elementos.

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Ficha técnica:

La chica que saltaba a través del tiempo (時をかける少女),  Japón, 2006.

Dirección: Mamoru Hosoda
Duración: 98 minutos
Guion: Satoko Okudera
Producción: Takashi Watanabe, Yuichiro Saito
Fotografía: Yoshihiro Tomita
Música: Kiyoshi Yoshida

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