Críticas

Plato rico

La matanza de Texas

Otros títulos: La masacre de Texas, Masacre en Texas, El loco de la motosierra.

The Texas Chain Saw Massacre. Tobe Hooper. EUA, 1974.

Se supone que la diferencia entre el horror y el terror depende muchas veces de la presencia o menos de monstruos. Por lo menos, siempre he pensado que se trataba de que los malos fuesen seres humanos o seres no humanos. Las dos cosas, obviamente, pueden mezclarse, y me parece correcto decir que si de terror se habla, este puede tener su merecido lugar también en una película de horror. ¿Acaso no es correcto decir que el horror del alienígena de O’Bannon se tiñe también de un color oscuro, el del miedo, gracias al ojo de Scott? Sin embargo, una película como Profondo Rosso es obviamente de terror, mientras que los zombis de Romero se parecen más al horror (el hecho de que se citen a los dos autores, al italiano y al estadounidense, se debe también a que los dos habían “trabajado” juntos en la secuela de Night of the Living Dead, produciendo dos diferentes cuts de Dawn). El horror y el terror, entonces, pueden ir juntitos o pueden funcionar separadamente, lo cual no es un problema para el espectador, mientras que sí lo puede ser para el crítico en busca de una precisa taxonomía.

En el caso de la película de Tob Hooper estamos ante uno de los mejores productos de su género ya que el terror que nace de su visión logra penetrar hasta la médula de nuestro pobre cuerpo que, ahogado por una violencia de carácter sobre todo psicológico, no puede sino agarrarse al borde de la butaca y agradecer el hecho de ser solo un espectador y no un personaje de este cuento sangriento. Y es, efectivamente, la capacidad de llevarnos a tener un miedo profundo lo que demuestra cómo el director sabe utilizar la cámara para que sintamos una sensación de malestar tan fuerte que nos quita de la realidad en la que existimos y nos empuja a que nos sumerjamos en un Tejas de verano, asfixiados por un calor que se reverbera en unos sonidos y ruidos que nos recuerdan la paz de una naturaleza que nos mira sin compasión ni sadismo. Y es un mundo que funciona “así”, como si nada fuera, como si todo hiciera parte de una universalidad sin ética ni moral, pero sin que esto tenga que llevar a una maldad interna, universal. La demostración, en otras palabras, de que el horror y el terror de esta película se basan en la normalidad de los actos violentos mismos.

Y esta violencia del que están llenas las imágenes brota no tanto de la presencia (muy diminuta) de sangre, sino de la sensación misma que nace del acto de reconocer que nosotros mismos, los seres humanos, podemos convertirnos en comida. Somos, efectivamente, cuerpos que contienen elementos que se pueden masticar y digerir, y nuestra carne tiene, entre sus posibilidades más simples, la de convertirse en un plato. Una cuestión, esta, que nos recuerda al mundo de los cuentos para niños (los de hace siglos, no los simplificados y simplones de un hoy melifluo) cuando los orcos y otros personajes de este tipo se comían a los niños y chupaban sus diminutos huesos antes de echarse una siesta. Nos reconocemos, entonces, en la figura de la víctima natural, demostración de que una vez dejado el mundo “humano” en el que vivimos (la ciudad, la polis, la cultura) para nada sirve el concepto mismo de civilización. Hay partes del mundo que no están hechas para nosotros y el miedo que surge de la visión de esta película es si efectivamente la cuestión es que el universo en su totalidad es algo que nos demuestra cómo el ser humano ninguna importancia tiene, y su seguridad solo se establece dentro de los minúsculos límites de su misma tribu.

El canibalismo, la sensación de estar fuera del mundo y en lo que realmente es el universo, el miedo ancestral y la cuestión de la lucha por la supervivencia, todo esto forma parte de un discurso que nos lleva a considerar el cine también como antigua modalidad narrativa, la de los cuentos que nos indican cuán difícil puede ser la vida, y cuán ingenuos somos los niños (tanto los niños pequeños como nosotros los niños adultos) en pensar que el mundo y el universo están aquí paraacariciarnos dentro de su dulce y materno regazo. Por esta razón se alcanza una perfección estructural narrativa en el caso de esta primer matanza de Tejas, y la construcción de un sinfín de sensaciones de malestar que van aumentando a través del fluir del cuento empujan al espectador a ver la última emblemática escena como un memento de lo que somos : simples cuerpos de carne y hueso.

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Ficha técnica:

La matanza de Texas  / La masacre de Texas, Masacre en Texas, El loco de la motosierra (The Texas Chain Saw Massacre),  EUA, 1974.

Dirección: Tobe Hooper
Duración: 83 minutos
Guion: Kim Henkel, Tobe Hooper
Producción: Tobe Hooper
Fotografía: Daniel Pearl
Música: Tobe Hooper, Wayne Bell
Reparto: Marilyn Burns, Paul A. Partain, Edwin Neal, Jim Siedow, Gunnar Hansen

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