Investigamos
Do moviegoers dream of electric scripts?
Diferencia entre lo que funciona como absolutamente nuestro y lo absolutamente de otros: yo que digo mi nombre, con mi voz, mi tonalidad, mi misma velocidad, mi acento. O, en otras palabras, yo me presento como solo yo sé presentarme, lo cual, dicho sea de paso, nada significa dentro de la repetición del ser humano a lo largo de los pocos siglos (que, desde nuestro científico punto de vista humano, muchos son) durante los cuales hemos ido caminando sobre esta tierra que tiene una forma redonda, más o menos. Y es que en la repetición de unos patrones que quizás dependan de cómo está hecho nuestro cerebro (al fin y al cabo es el mismo en todas las etnias, en todos los modelos de seres humanos a lo largo de la historia del sapiens) está escondida la necesidad de cada uno de ser (¡cuán obvio!) sí mismo, o sea de subrayar que lo que yo haga es lo que yo quiero hacer porque yo, supremamente yo, soy el único que puede hacer lo que yo haga (frase laberíntica, me doy cuenta, y es que yo ni mitad toro soy, sino todo un simio que ha ido evolucionando).
Lo mío, entonces, es mío, y lo que yo quiera hacer con él hay que respetarlo desde un punto de vista autoral. Que se me diga que lo que produzco es basura, que se me diga que lo que creo es chatarra, de todas formas yo podré decir que por lo menos es algo que yo (infinitamente yo) he decido hacer. Una consideración, por supuesto, que no quiere remarcar la importancia de lo personal, de lo que nos está conectado en cuanto obra de nuestra mente, sino que pone de manifiesto el hecho de que construir, crear y dar vida, casi como si un moderno Frankenstein fuésemos, es un oficio que requiere cierta capacidad de tener bien claro hacia dónde queremos ir. O, más sencillamente, la autoría nos permite decir si lo que estamos haciendo se conforma con nuestra manera de ver el mundo (tanto el real como el ficticio). Sin embargo, ¿quién es el autor en el cine?

Lo que la mayoría quizás diría es que el director es quien tiene derecho a definirse el padre de una obra cinematográfica. Otra versión es la de que siendo un filme una obra de grupo, todos concurren a que exista, por lo cual no de padre sino de padres (y madres) habría que hablar. Algunos podrían hasta hablar del concepto de diálogo que se establece con el público, según lo cual una vez que se ofrezca una obra a los espectadores (o lectores) esta solo les pertenece a ellos, quienes pueden decidir qué tipo de sentido tiene; una idea, esta, tan estúpida como ridícula, porque una obra no puede tener el sentido que le den los otros, sino el que decide el autor. Lo que nos tiene que interesar es lo que Cervantes quería decir, y no lo que el lector en su silla supone haber entendido. Que se me diga lo contrario, entonces yo tendré razón a pensar que cualquier cosa que me digan tiene que significar lo que yo quiero que signifique sin tener en cuenta el significado real del concepto de diálogo y de interpretación correcta (os lo había dicho, un laberinto).
Puede que yo tenga mis ideas, y puede que no todos estén de acuerdo. Sin embargo, el valor de una película nace en la idea de lo que se quiere narrar, así que, efectivamente, la principal autoría de una obra de este tipo le pertenece, ni más ni menos, al guionista. Por supuesto, el director podrá inyectar lo que quiera y variar el juego hasta lo permisible, sin embargo la arquitectura de la película está en lo narrado, no solo en cómo lo viene siendo. Todos reconocemos la importancia de las imágenes de Gone with the Wind, pero una vez que empecemos a pensarlo bien, es la narración de los hechos lo que efectivamente recordamos, así como los diálogos. El significado profundo de una obra de cine, entonces, se basa en las palabras escritas, lo cual no implica que todo lo visual (y no solo) poca importancia tenga, sino que, efectivamente, se encuentra en un lugar secundario (desde el punto de vista estructural, que bien claro quede, y no de importancia global). Es probable que se trate, en mi caso, de un vicio, ya que en literatura estudiamos los guiones de teatro como si de obras en prosa se trataran, y allí intentamos descubrir el significado real, fundamental, de cada concepto que el autor nos quiere dar. Al fin y al cabo, ¿de quién nos recordamos, de Shakespeare y de Lope de Vega, o de los directores de teatro que han llevado sus obras al escenario?

Permitanme, si fuera posible, ir más allá y construir una defensa de mi posición que se base en algo real y no lamentablemente virtual. Cuando Scott dice que Deckard es un replicante, lo dice simplemente porque él quiso introducir sus ideas y utilizar unos indicios de carácter visual (como la cuestión de los ojos o del unicornio). Sin embargo, su idea resulta ser bastante imposible, ya que los verdaderos autores de la historia, los guionistas, siempre pensaron que Deckard era un ser humano. No hay, en los guiones (los primeros y el final), nada que indique que Deckard pueda ser un replicante, lo cual lleva a que todo lo que Scott ha ido insertando no tenga sentido alguno con la realidad misma de una estructura que no encaja con las ideas bastantes raras del director. Blade Runner no le pertenece a Scott, sino a los guionistas, quienes habían ido creando una arquitectura precisa que ningún espacio dejaba a que el personaje principal fuera todo menos un ser humano. Que Scott piense lo que quiera, su voluntad de crear un efecto tan ridículo nada puede en contra de un cuento que desmiente cualquier otra lectura; y, de hecho, pensar que Deckard sea un replicante abre paso a un sinfín de absurdidades y fallos lógicos en la historia.
Puede que no todos estén de acuerdo conmigo. Puede que la idea de un director como único verdadero autor resulte más interesante, sobre todo en un mundo como el del cine, donde lo visual parece ser lo más importante. Sin embargo, un buen guion puede salvar, hasta cierto punto, a un filme dirigido por un director incapaz (piénsese en el juego de Trier con su automavision), mientras que un director excelente casi nada puede si el guion que le ofrecen está mal estructurado o tan solo lleno de agujeros. La autoría de un cuento le pertenece a quien ha creado aquel cuento, no a quien simplemente lo ha llevado al reino de lo visual. Y es que, dentro de la cuestión de la autoría, lo más importante es saber qué es lo que se quiere que se nos diga, o sea qué es lo que nos están contando, lo cual es oficio principal del guionista. No se enfade nadie: sé bien que un filme es una obra compartida, creada por diferentes personas, y que el director, al fin y al cabo, es quien sabe transmitir determinadas emociones, ideas, símbolos (suyo es el reino de lo semiótico), pero no, les ruego, no me digan que Deckard es un replicante.

