Series de TV
Spider-Noir

Quizás los superhéroes funcionen cuando menos superheroística es la narración. O, más sencillamente, hay que notar que la serie del hombre araña interpretada por Cage (quien basa su nom d’art en otro personaje de Marvel, aquel Luke que nace en el período de la blaxploitation) funciona porque, al fin y al cabo, el cuento forma parte efectivamente del discurso (y entonces del canon) del hard boiled, con un detective quien, como tiene que ser, está plagado por un trauma (y es que, por supuesto, todo esto tiene que ver con el mundo femenino y con la idea de que a veces la vida tiene sus pocos altos y sus muchos bajos).
Y se fuma, así como se bebe, como si el mundo y el ser humano no les tuvieran miedo a aquellos problemas a los que tenemos que enfrentarnos hoy en día. Es otro mundo el que se nos ofrece, y es que como tal funciona y nos lleva a aquellos años de las primeras décadas del siglo pasado, después de la guerra y en una situación de inestabilidad económica. Todo fluye y en este fluir aplacible nos sentimos parte de un universo que no es el de los superhéroes, sino de los viejos cómics de antaño, de los de Dick Tracy y compañía. Es un placer, por supuesto, dejarnos transportar entonces tanto por la parte visual que por la parte narrativa.

Y fundamental es, para que no se olvide, el uso de la cámara dentro de los guiños al mundo de los filmes de detectives de los años cuando el cine estaba en blanco y negro (opción que también permite esta serie). Las imágenes torcidas, el ojo de la cámara que nos ofrece perspectivas insólitas, y un juego (cuando posible) de sombras que nos demuestra cómo el director y todos los que han concurrido a crear esta pequeña obra han sabido recuperar las lecciones del pasado para insertarlas dentro de un mundo, el presente, en el que vivimos. Discurso, entonces, de espejos y de unos tiempos que se entremezclan y se funden entre sí.
Quizás los superhéroes más nos interesen cuando más bien estructurada está la narración. Una estructura, la de Spider Noir, que sabe reconocer las bases sobre las que se yergue y que le permiten jugar con los clichés sin por esto convertirse en un aburrimiento. Hay un misterio, hay un detective, hay un mundo que parece no tener aquellas capacidades para superar sus límites sociales y que se deja ahondar dentro de una estructura criminal. Y todo esto creando un tapiz que nos recuerda que lo que estamos viendo es cine-cómic, y en el hacerlo los espectadores aceptamos lo que se nos viene regalando.

