Críticas

La dignidad de los pobres

Lázaro feliz

Lazzaro felice. Alice Rohrwacher. Italia / Suiza / Francia / Alemania, 2018.

Cartel de lázaro feliz Con tres títulos enmarcados en los contornos del cine realista de corte rural, se puede aventurar que la filmografía de la realizadora italiana Alicie Rohrwacher apuesta por reflejar un universo caracterizado por dar presencia y voz a un puñado de personajes situados en la periferia, alejados del confort y a distancia de las posibilidades de los grandes espacios urbanos. Su obra se centra en seres humanos atrapados en las esquinas del campo, en contacto con la naturaleza, como sinónimo de pureza y equilibrio, en un hábitat que sin embargo permite la incursión de elementos, digamos, contaminantes, en un sentido alegórico, que pervierten y desnaturalizan todo planteamiento idealista. Es como en la novela de Paul Theroux, La costa de los mosquitos, en la que un hombre cegado por sus propias convicciones arrastra a toda su familia a un lugar libre, lo más parecido al paraíso que se puede encontrar en el planeta, para hacer sentir un modelo de existencia apartado de los dogmas impuestos por la sociedad pero tan poco práctico como las utopías imaginarias.

Algo de esto suelo ver en las películas de Alice Rohrwacher, una cineasta que hasta la fecha ha cimentado una carrera prometedora y curiosa, de intenciones personales, equiparables a la etiqueta de autora y, por lo tanto, digna de tenerla como un referente del cine social europeo. En esta línea, en la que prevalece como marca de fábrica el relato costumbrista con tintes que hurgan en los aspectos menos dulces de la sociedad, se enmarca su último largometraje, Lázaro feliz (Lazzaro felice, 2018), una rica y subliminal historia acerca de los desafíos de la vida cuando las injusticias dilapidan cualquier atisbo de honradez.
Cuando apenas faltan días contados para que finalice el año en curso, puedo afirmar, categóricamente y después de una profunda reflexión, que esta obra de la que me ocupo me parece uno de los filmes más extraordinarios y preciosos de la temporada. El tacto y delicadeza, la lírica alegoría que se desprende de su historia y tratamiento, la hondura humana que exhala, la sedosa ternura de su personaje central, Lázaro, y la penetrante crítica social sin ánimo de exhibir pancartas para subrayar su enunciado, se conjugan en una maniobra de estilo cuyo parecido razonable con películas de Ermanno Olmi y Ettore Scola refuerzan mi criterio.

Fotograma de lázaro feliz

Lázaro feliz se estructura en dos partes claramente diferenciadas. En ambas, el timón y figura unificadora, con lectura mesiánica incluida, es Lázaro, encarnado con ajustada precisión y talento espontáneo por el actor no profesional, Adriano Tardiolo. Su iluminada mirada, de ojos verdes y cariño inasequible al desaliento, conforman uno de los rostros mejor aprovechados del último cine europeo. La bondad de su espíritu y la férrea amabilidad de su perfil, unido a un altruismo vocacional tan pocas veces visto en una pantalla, que, en la obligación de buscar referencias o afinidades, debería acudir a la poesía visual de los desheredados de Pier Paolo Pasolini. Lázaro es el epicentro de las dos coordenadas y vaso comunicador de dos episodios cuyo nexo común es la perenne esclavitud de los oprimidos.

Fotograma de lázaro feliz

Alice Rohrwacher retoma los códigos del realismo social para armar una mirada crítica hacia el poder caciquil y las deshonestas tribulaciones del actual sistema de clases. La riqueza aplasta al esclavo. Vocablo que no es anacrónico y según algunas muestras del cine actual cobra vigencia en estados que utilizan a la migración como mano de obra barata explotada sin compasión. La autora de Cuerpo celeste (Corpo celeste, 2011), en la primera parcela de la película, de aliento poético, cuenta el quehacer laboral y cotidiano de una pequeña comunidad de campesinos que viven y trabajan en una zona llamada La Inviolata. Las tierras y las casas pertenecen a la marquesa Alfonsina de Luna (Nicoleta Braschi). Una señora despótica, usurera y se comporta como una cacique. Su administrador y portavoz es su extensión recaudatoria. Pese a trabajar de sol a sol, no tener descansos y afanarse en la siembra y recogida de las cosechas, la producción que generan siempre es insuficiente y restados los gastos de reparación de maquinaria y mantenimiento de los obreros, el capital resultante aumenta más si cabe la deuda contraída con la poderosa marquesa. Un ser que ni sufre ni padece. Oprime a sus vasallos sin que la ingenuidad y candidez de las familias son capaces de contrarestarlo. Una acción que transcurre en una época indeterminada pero que podría situarse en los años 60. Aunque su lectura tiene imbricación con los tiempos actuales.

Foto de lázaro feliz

En este ambiente de campesinos, de gente honrada, que adolecen de comodidades y cuyos jóvenes carecen de oportunidades para huir de la zona y buscar en las ciudades industrializadas facilidades para un futuro esperanzador, aletea Lázaro, ingenuo pero dichoso, obediente y entregado a cualquier menester por desagradable que pueda parecer. No se opone a nada y acepta cualquier encargo. Su corazón afable y alma benevolente logra entusiasmar a toda la cooperativa y logra seducir por su entrañable personalidad al hijo de la marquesa, Tancredi (Luca Chicovani), que de visita a La Inviolota para que su madre rinda cuentas con los lacayos, entabla una sorprendente amistad con Lázaro, al que sin rubor alguno le confiesa que pueden ser hermanastros, porque su padre frecuentaba a las mujeres bajo su yugo. Una estrecha relación, para nada forzada, que pretende equiparar dos castas distantes en el mismo plano. Tancredi es un niñato estirado, pagado de sí mismo, engreído y vago. Fiel ejemplo de una clase en decadencia y sin escrúpulos con los más humildes. Sin embargo, el petimetre aristócrata se siente atraído por el aspecto benigno de Lázaro y le hace ver y creer una dimensión casi sobrenatural, vinculada a la estirpe del lobo, lo que permite a Alice Rohrwacher introducir en la narración un bucle temporal que se produce a mitad de metraje y que da paso a un segundo capítulo en el que el personaje de Lázaro experimenta una sensación de resucitado. Ha pasado el tiempo, los personajes han seguido su curso pero Lázaro permanece igual, sin cambios físicos y estéticos. Se reencuentra con su gente, ahora en los suburbios de una gran ciudad pero con idénticas condiciones de miseria y desolación. Se mantienen del engaño y pequeñas estafas, mientras Lázaro conserva los mismos valores y principios, siendo su única obsesión volverse a juntar con Tancredi, convertido en una reliquia lisonjera y despreciable en su humanidad.

Tráiler:

Ficha técnica:

Lázaro feliz (Lazzaro felice),  Italia / Suiza / Francia / Alemania, 2018.

Dirección: Alice Rohrwacher
Duración: 125 minutos
Guion: Alice Rohrwacher
Producción: Tempesta/Amka Films Productions/Ad Vitam Production
Fotografía: Hélène Louvart
Reparto: Alba Rohrwacher, Adriano Tardiolo, Nicoletta Braschi, Luca Chikovani, Sergi López y Agnesa Graziani

2 respuesta a “Lázaro feliz”

  1. Me fascina el estilo literario que has usado para reseñar el film. Frases como:
    1 una rica y subliminal historia acerca de los desafíos de la vida cuando las injusticias dilapidan cualquier atisbo de honradez.
    2 cuyo nexo común es la perenne esclavitud de los oprimidos.
    3 y cariño inasequible al desaliento
    4 Su obra se centra en seres humanos atrapados en las esquinas del campo, en contacto con la naturaleza, como sinónimo de pureza y equilibrio, en un hábitat que sin embargo permite la incursión de elementos, digamos, contaminantes, en un sentido alegórico, que pervierten y desnaturalizan todo planteamiento idealista

    A pesar de que escribo no he tenido frases tan sobrecogedoras como las tuyas. Gracias
    Me gustaría ver el film Lazaro Feliz.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.