Críticas

Aquellas fotos

Infancia clandestina

Benjamín Ávila. Argentina, 2011.

El comportamiento normal de un hambriento es la violencia, pero la violencia de un hambriento no es por primitivismo: la estética de la violencia, antes de ser primitiva, es revolucionaria, es el momento en que el colonizador se da cuenta de la existencia del colonizado. A pesar de todo, esta violencia no está impregnada de odio sino de amor, incluso se trata de un amor brutal como la violencia misma, porque no es un amor de complacencia o de contemplación, es amor de acción, de transformación.

Glauber Rocha, Estética de la violencia, 1965.

 

infancia clandestinaLas palabras del cineasta brasileño definen el marco social y político en que se dan los brotes insurgentes de finales de los años sesenta y comienzos de los setenta en casi toda Latinoamérica. Es una buena definición para tratar de entender hoy por qué se pudo justificar algo tan injustificable como es la violencia.

Infancia clandestina narra la historia de Juan, un niño que debe vivir con una identidad falsa para protegerse a sí mismo y a su familia, en años de idealismo y violencia. Una historia propia, narrada desde los ojos de un niño de once años, cuya vida transcurre, extraordinariamente, entre cambios de identidad, mudanzas continuas y verdaderos sobresaltos, pero también como la de otros niños, en la escuela, con amigos, con la ilusión del amor, entre chistes y risas.

Benjamín Ávila no sólo es un damnificado de esa historia, pues su madre sigue desaparecida y su hermano fue uno de los chicos restituidos en democracia, pero no hay que buscar en el film visos autobiográficos (que aunque él lo niegue, los hay, sobre todo expresados al final, junto a la línea de los créditos, donde despliega su historia a través de fotografías familiares) que le restarían valor al film, sino el poder de su mirada. Una mirada que se expresa a través de Juan, sobre hechos que le tocó vivir.

Infancia clandestina

No es una mirada inocente. Es una mirada consciente. Y es una mirada formada en el lenguaje cinematográfico. Ya en Nietos (2004) había dejado ver su rastro autoral en imágenes que trascendían el registro tradicional del documental. En Infancia clandestina, primerísimos primeros planos sobre el rostro de la madre (una sobria y destacable Natalia Oreiro) y del adolescente; la iluminación de los espacios hogareños, en una amplia gama de claroscuros que se reparten entre los ambientes de la casa y el escondite; los planos generales del colegio, donde los chicos se burlan de Juan que mira absorto a la chica de sus sueños; las conversaciones con su tío (un magnífico Ernesto Alterio), que le descubre los misterios de la seducción; los espacios abiertos, llenos de vida y alegría, donde sobrevuela la amenaza (el idílico encuentro en el campamento, donde le roba un beso a la chica, dentro de un automóvil quemado que nos habla de otra posible historia)…

La vida y la muerte, la alegría y el dolor, la valentía y el miedo conviven continuamente, como en la vida misma. Y todo ese conglomerado de sentimientos está expresado a través de imágenes sugerentes finamente compuestas, donde el ralentí está debidamente dosificado y la música acompaña efectivamente con sonoridades suaves y, por momentos, melancólicas. Escenas brutales, como la discusión entre los hermanos, o entre madre e hija, permiten vislumbrar los matices ideológicos de sus personajes. Todos, en su punto, tienen razón y habilitan una línea de pensamiento y comportamiento para el chico.

infancia clandestinaHábilmente, para las escenas más traumáticas de la historia (detenciones y pesadillas) Ávila ha elegido los dibujos de Andy Riva, montados con un ritmo que pasa de lo adrenalínico a la poesía.

Estamos ante una obra que pasará a integrar los puntos altos de la cinematografía argentina, con su historia ubicada cronológicamente entre La hora de los hornos (Fernando Solanas y Octavio Getino, 1968) y su llamada a la lucha activa, y La historia oficial (Luis Puenzo, 1985), con los resultados de la derrota.

La capacidad de Infancia clandestina reside en la fuerza de estar basada en hechos reales, sin que esos hechos fagociten la calidad formal y poética del film; ni que ocurra a la inversa, que la poesía suavice los hechos drásticos que cuenta.

El espectador es sacudido por emociones desde que comienza el film hasta que termina. Desde el inicio sabemos que la historia no tendrá un final feliz. La serie de planos se desenvuelve de manera tal que hasta los momentos de mayor respiro poseen una amenaza latente. La angustia que vivimos va in crescendo, pero a pesar de ello, podemos entrever momentos de alegría e ilusión. Su lirismo nos permite andar la historia junto al protagonista, pero sin darnos cuenta que el sollozo se va alimentando plano a plano.

Sin juicios, sin escenas que se constituyan en golpes bajos, Benjamín Ávila nos cuenta una historia dolorosa con trazos poéticos. Infancia clandestina es un film magnífico. Tanto, que la emoción no me permite expresar todos los sentimientos que desató en mí cuando la vi.

Tráiler:

 

Ficha técnica:

Infancia clandestina ,  Argentina, 2011.

Dirección: Benjamín Ávila
Guion: Benjamín Ávila, Marcelo Müller
Producción: Luis Puenzo
Fotografía: Iván Gierasinchuk
Música: Marta Roca Alonso, Pedro Onetto
Reparto: Natalia Oreiro, Ernesto Alterio, César Troncoso, Cristina Banegas, Teo Gutiérrez Moreno, Violeta Palukas.

6 opiniones en “Infancia clandestina”

  1. Hola, queria hacerle una pregunta al director de la pelicula ¿que es lo que pasa despues con la hermana y los padres?¿Habra otra pelicula que le siga a “infancia clandestina”?

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