Críticas

La seducción del mal

El médico alemán

Wakolda. Lucía Puenzo. Argentina, 2013.

WakoldaLa Patagonia se extiende al sur de la Argentina, inconmensurablemente, cubierta por desiertos, montañas y lagos. Hacia el Oeste, se levanta la cordillera de los Andes, una mole pétrea que la separa de Chile, con altas cumbres cubiertas de nieves perennes. Una gran cantidad de lagos ha obligado a construir caminos que los bordean y que ofrecen un espectáculo que maravilla los ojos de los visitantes, con un paisaje que no tiene nada que envidiarle a los Alpes suizos.

La montaña es un testigo enhiesto, monumental, que ha ido modelando los caracteres de los pobladores, encerrándolos en el ensimismamiento, endureciéndoles la mirada y dotándolos de una desconfianza casi visceral. El frío es el estado natural de la región  y los fuertes vientos azotan sin clemencia el lugar. Parecía que ese paisaje agreste del sur argentino era exclusivo de otro realizador, Carlos Sorín, que ha  plasmado sus historias en films como La película del rey (1985), Historias mínimas (2002), Bombón, el perro (2004)…

La mirada de  Lucía Puenzo en Wakolda es muy diferente a la simpatía que demuestra Sorín por los pobladores de la Patagonia. Para Puenzo, detrás de la belleza y la imponencia de la montaña respira una comunidad cerrada, que trabaja en las sombras y, bajo una apariencia afable, en realidad sostiene una ideología perversa. En ambos casos, el paisaje acompaña con su aridez y belleza, pero en el film que nos ocupa, su inmensidad conlleva una sensación de misterio subterráneo, latente, inquietante…

Este es el tercer largometraje de Lucía Puenzo, una escritora que ha filmado algunas de sus novelas. Proviene de una familia de cineastas, en la que su padre, el prestigioso Luis Puenzo (La historia oficial, 1986) produce el film y su hermano, Nicolás, es el responsable de la fotografía.

Ambientada en los años sesenta, narra la historia de una familia, integrada por la pareja de Eva (Natalia Oreiro) y Enzo (Diego Peretti) y sus tres hijos. Regresan al pueblo donde Eva pasó su infancia, a rescatar y poner en funcionamiento una hostería familiar. En el camino se encuentran con un misterioso médico alemán, con quien mantendrán contacto durante los próximos días.

El médico alemán

Hay evidencia de que en los años cincuenta llegaron a la zona austral de la Argentina, encubiertos por personalidades falsas, varios nazis que habían escapado de Alemania al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Uno de ellos es el personaje central de Wakolda. En una ruta desértica, un médico alemán pide seguir en caravana el automóvil de la familia. Un plano general nos muestra el camino serpenteante con la inmensa mole montañosa al frente y los autos encaminándose hacia ella, mientras una tormenta se desencadena con toda su potencia. Desde entonces y hasta el final, Puenzo mantendrá el suspenso de una historia que no decae, sino que va incluyéndonos, emotiva y éticamente, en los vericuetos de su relato.

La narración está a cargo de la voz en off de la hija de la pareja, Lilith, una joven que se ve discriminada por tener menos estatura que sus compañeros.  El protagonismo de adolescentes conflictuadas por problemas físicos o de identidad sexual es, hasta ahora, una constante en el cine de Puenzo. Lilith tiene puntos de contacto con Alex, la joven intersexual de XXY (2007); ambas sufren con la apariencia de su cuerpo y la burla de sus compañeros. La solución, en los dos casos, está en manos de la ciencia, pero el riesgo que se corre no es sólo físico, sino también moral, ético. Y la presencia decisiva de los padres, tanto en estos dos films mencionados, como en El niño pez (2009), suele ser fatídica.

Una red de pactos y silencios, establecidos por encuentros fortuitos, actos a escondidas y miradas cómplices, va develando un entramado familiar y social que tiene como contrapunto los dibujos de un cuaderno donde el médico plasma sus obsesiones más perversas. Hay que decirlo, esa libreta es una pequeña obra de arte que nos regala Wakolda. La cámara se detiene en cada una de las páginas bellamente dibujadas en tinta por Andy Riva, el mismo artista que ilustró las escenas más violentas de Infancia clandestina (Benjamín Ávila, 2012). Los dibujos funcionan como una especie de puntuación en la narración. Puenzo vuelve una y otra vez sobre sus páginas para ir sumergiéndonos cada vez más, de manera tal que casi nos sentimos cómplices de lo que estamos observando en la particular historia de Lilith.

Natalia Oreiro compone a la madre, de ascendencia alemana, con una convicción que la coloca entre los mejores protagónicos que ha realizado. Su hermosura, que siempre se ha impuesto a los ojos de los espectadores, queda relegada a un segundo lugar para ofrecer, como ese paisaje que la contiene, una belleza aparentemente serena, solo alterada por la mirada, que delata sus emociones de sorpresa, expectativa o desesperación.

Wakolda-dibujosLos planos generales donde reina el paisaje están ubicados al comienzo y al cierre de la historia. El plano inicial nos incluye y el final, apoyado por la música in crescendo, nos expulsa. Pero antes hemos vivido situaciones escolares asfixiantes, atmósferas cálidas en el hogar de la familia y muy frías en la habitación del médico. El relato se parece al lago que domina la comarca y que refleja la belleza de las montañas, pero que guarda en la quietud de su superficie una calma inquietante, como si albergara un misterio bajo esa aparente calma. La cámara sigue de cerca a sus personajes, capta cada gesto, cada mirada que pueda sugerir un pacto secreto, va recorriendo los espacios donde estos conejillos de Indias se desplazan o encuentran su refugio. Hay una cierta predisposición a entrar en el juego que plantea el médico, porque hay una historia detrás de Eva que abre una puerta de entrada al mundo familiar; y en el caso en que algo se oponga, siempre habrá con qué comprarlo.

La perversa maquinación que plantea la historia se parece al juego del gato y los ratones, donde los espectadores participamos, porque nos pone en el dilema de identificarnos con alguno de los personajes, que han sido diseñados con más sombras que luces. Enzo y el médico tienen algo en común, experimentan con cuerpos. Enzo utiliza el material plástico; el genetista, el humano. De ahí esa sensación de inquietud, de zozobra en la que nos vemos sumidos una vez que se apagan las luces… Puenzo ha construido un relato subyugante.

 

Tráiler:

Ficha técnica:

El médico alemán (Wakolda),  Argentina, 2013.

Dirección: Lucía Puenzo
Guion: Lucía Puenzo
Producción: Luis Puenzo
Fotografía: Nicolás Puenzo
Música: Andrés Goldstein, Daniel Tarrab
Reparto: Natalia Oreiro, Àlex Brendemühl, Diego Peretti, Elena Roger, Guillermo Pfening, Ana Pauls, Florencia Bado, Alan Daicz, Abril Braunstein, Juani Martínez

6 opiniones en “El médico alemán”

  1. Todavía no vi Wakolda, y si bien desconfío de la obra previa de Puenzo, creo que acá puede haber algo muy interesante. Natalia Oreiro se va consolidando como una de las actrices más importantes del cine argentino de los últimos años. Muy buena crítica, Liliana. De paso, recomiendo ver Pacto de Silencio, documental de Carlos Echeverría que describe su infancia en Bariloche, marcada por la presencia del criminal de guerra nazi Erich Priebke y la complicidad de toda la comunidad alemana de esa ciudad entre la que el cineasta se educó:
    http://www.youtube.com/watch?v=orMFBpNlUtE

  2. Quizá tengas razón, Marceklo, y le falte jugarse un poco más con movimientos de cámara o perspectivas más audaces, pero la historia te atrapa, está bien actuada y eso también tiene su valor.

    Gracias por el enlace, Pablo. Veré el documental que recomiendas. El tema de la complicidad está presente en el film de Puenzo y si bien no juzga desde la historia, creo que la crítica puede leerse desde lo formal.

  3. Pablo, el documental es muy bueno. Wakolda muestra algo de ese pacto de silencio. El tema sobrevuela toda la película. Gracias por compartir el enlace.

  4. En verdad, no puedo estar más en desacuerdo con la opinión volcada respecto de la película de Lucía Puenzo. Es mortalmente aburrida y pretenciosa. Los paisajes, muy lindos. ¿Quién puede descubrir destellos de suspenso en este filme, con qué lo compara? No encuentro ninguna escena que despierte en mí el deseo de ver qué sigue.
    En fin, entre Wakolda y Séptimo naufraga momentáneamente el cine vernáculo. Hay que esperar, que siempre sale el sol.

    Saludos,

    Carmelo

  5. Fue tu crítica Liliana la que me hizo interesar en esta película y realmente coincido en todo con tus conclusiones. “Wakolda” es la película más inteligente del cine argentino en los últimos dos años. Está excelentemente bien realizada y mantiene la relación del espectador con los personajes y con esa comunidad cerrada, tan bien descripta y tan amenazante que como un coro envuelve a los personajes. Rescato la maravillosa escena de la fábrica de muñecas, donde la sordidez de las imagenes remite a los laboratorios de experimentos genéticos nazis. Quizás el final esté acelerado. Solo en una línea se describe como murió el personaje de Elena Roger (que entre paréntesis se debiera llevar las palmas de actuación). Igual, es lo más interesante que he visto del cine argentino en los últimos años.

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