Críticas

Fuego de ácido cósmico

Mandy

Panos Cosmatos. EUA, 2018.

mandy_posterNos encontramos ante un filme tajante; su propuesta es tan extrema y tan segura de si misma que  no tiembla ni un instante. Detractores los tendrá a patadas, admiradores por igual,  y es que pese a desbordar originalidad por los cuatro costados observamos reminiscencias de un cine variado; una mezcla de Mad Max (George Miller, 1979), Hellraiser (Clive Barker, 1987) y ese cine de terror/fantástico de culto enterrado bajo las capas de la marginalidad, un cine para un grupo de adeptos determinado y reducido con la esperanza de encontrar una joya líquida en el caluroso desierto cinematográfico de género. El relato se muestra sencillo; Red (Nicolas Cage), y su mujer Mandy (Andrea Riseborough), viven enamorados y aislados en el bosque. Todo es un remanso de paz hasta que Mandy es secuestrada y asesinada por un grupo perteneciente a una secta religiosa. A partir de ese momento la historia se convierte en una venganza lisérgica sin escrúpulos por parte de Red, que intenta dar caza uno por uno a todos los integrantes de la secta.

Lo que envuelve y da sentido a la obra es su estética, el guión es relegado a una simple historia para la exhibición demandada de lo que se visualiza en pantalla. Sugestiva a más no poder, con un envoltorio de cómic ochentero, como si se tratara de una leve pesadilla de Kenneth Anger y una pesadilla horrible de un joven que experimenta por primera vez con LSD. Las superposiciones enturbiando la imagen, la excesiva saturación de los colores (como ese rojo intensísimo que parece llamear e iluminar toda la sala), las mismas voces de los personajes que adquieren ese tono metálico, confuso y distorsionado, y el enfermizo y desquiciado relato que vive el protagonista hacen del filme una pesadilla visual viva, violenta y surrealista. Un auténtico infierno metalero y deslumbrante. Enseguida adviertes la nebulosa en la que está inmersa la película. En los minutos iniciales un tono verde oscuro tiñe el cielo mientras recorremos a cierta altitud un frondoso bosque. Una motosierra talla con cierto desprecio el tronco de un árbol que lo hace caer  mientras suena de fondo la virtuosa y fantástica melodía de “Starless”, compuesta por la banda de rock sinfónico King Crimson. No será la última vez que aparezca la motosierra en pantalla, y para entonces se convertirá en objeto icónico en una de las escenas shock del filme.

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Hay un elemento constante que se repite en la película de Cosmatos; el fuego. Lo observamos en los primeros minutos apenas como una inocente hoguera aunque premonitoria a la tragedia cuando Red observa a Mandy como sale del agua a través de las llamas. Justo antes de que el filme se parta por la mitad pronunciada e intencionadamente en un fundido a negro pausado, observamos, al igual que su impotente protagonista ensangrentado, como esas llamas, mucho más grandes, envuelven el punto de inflexión para Red y a su misma vez sirve como detonante y excusa de toda la segunda mitad de la cinta. La última vez que vemos llamaradas en la pantalla se muestran como un incendio descontrolado, muy disperso y caótico, y mucho más grande y extenso que en las dos primeras. Podemos relacionar el fuego con la locura del protagonista y sus diferentes estados; controlado en la hoguera, intensificado en la tragedia y descontrolado al final. El rostro de Red en la última escena con la cara desencajada advierten de su deteriorado estado psíquico mientras conduce desolado por el bosque dejando atrás un incendio que se desboca, dejando silencio y ceniza a su paso.

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El misticismo, así como lo bohemio, la pintura, los artilugios y amuletos mágicos y esotéricos aparecen constantemente. La cruz, aparece paradójicamente como algo más bien satánico que cristiano, simbología mística de sangre y fanatismo religioso. Como he mencionado anteriormente, se puede dividir el filme en dos partes de una hora de duración cada una. En la primera parte se introduce y se presenta a los personajes. La armonía en la que viven los protagonistas y el ansia obsesiva de la secta de conseguir a Mandy después de que el líder la viera pasear por el bosque accidentalmente. Los motoristas del inframundo (el puntazo del filme), como seres infernales en un limbo permanente, y la tragedia como colofón. Todo es magnético, ralentizado y con un sentido teórico, las acciones bruscas descansan y no son sustituidas por la adrenalina hasta casi llegar al final. La segunda parte, sin embargo, esta abarcada por la práctica, la acción. La mecha se enciende en el corazón del protagonista que, sin más consuelo que la venganza busca y se prepara a conciencia para el acto final. Tremenda escena la del baño con un Nicolas Cage “ido” literalmente, bebiendo vodka y derramándoselo en una herida abierta y profunda, aunque seguro que menos dolorosa que la vivencia psicológica y brutal por la que acaba de atravesar.

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La obra de Cosmatos es un alucinógeno de dos horas, espesa y ardiente como lava, una película pasada de rosca, excesiva en todo su encuadre, en sus formas y en sus acciones. Realmente parece que todos los personajes estén navegando en una especie de cuelgue psicodélico. Para todos aquellos que siempre han querido probar el LSD y nunca se han atrevido, bien, Mandy está bajo los efectos, y si la consumes como tal obtendrás una odisea a la surrealista y estrambótica psique de Cosmatos. ¿Será una pesadilla? Sí, pero muy satisfactoria.

 

Ficha técnica:

Mandy ,  EUA, 2018.

Dirección: Panos Cosmatos
Duración: 121 min. minutos
Guion: Panos Cosmatos, Aaron Stewart-Ahn (Historia: Panos Cosmatos)
Producción: Piccadilly Pictures / Son Capital / SpectreVision / Umedia / XYZ Films / Legion M. Distribuida por XYZ Films
Fotografía: Benjamin Loeb
Música: Jóhann Jóhannsson
Reparto: Nicolas Cage, Andrea Riseborough, Linus Roache, Bill Duke, Richard Brake, Hayley Saywell, Line Pillet, Ned Dennehy, Clément Baronnet

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