Críticas

El terror de los refugiados

Casa ajena

His House. Remi Weekes. Reino Unido, 2020.

Es como si hubieran escapado del terror de la guerra que azotó su comunidad en Sudán para encontrarse con otro infierno en un país que no es el suyo. Los esposos africanos Bol (Sope Dirisu) y Rial (Wummi Mosaku) huyeron en un barco que volcó, dejando a personas que murieron en el camino, entre ellas, su pequeña hija.

Así llegaron a un centro de detención para refugiados en el Reino Unido, y tras ser considerados como personas buenas, se les asigna una vivienda en un poblado marginado, aparentemente peligroso y de bajos recursos en Londres, un apartamento de dos niveles, sucio, descuidado, lleno de agujeros y cucarachas. Pronto se darán cuenta de que sus enemigos no son quienes los pusieron ahí, sino los ruidos, las voces y las apariciones que se esconden detrás de las paredes.

Este es el eje de la historia en Casa Ajena (2020), el primer largometraje de Remi Weekes, inspirado en lo que ha llamado «días de asimilación», pues él es una persona de color que ha crecido en Londres, y es el mismo sentimiento que se ha generado por mucho tiempo con la gente –según lo ha dicho- de su misma comunidad.

Weekes plantea, en principio, un film sobre la experiencia de los refugiados. Se les otorga una vivienda de dos niveles y se les dice que la casa es más grande de la que los mismos empleados tienen, como si les hiciera un favor. Después se los saca a la calle para ser prejuiciados y discriminados por gente de su propia comunidad, pero originarios de Londres.

Pronto se plantea una desconexión en el matrimonio, pues Bol quiere salir adelante, buscar un trabajo, vestir bien, comer con cuchara y adaptarse lo más pronto posible, pero Rial insiste en regresar a su país, se niega a adaptarse, a olvidar la muerte de su hija, come en el suelo y con las manos.

En medio de esta confusión que enfrentan los personajes, Weekes mezcla rítmicamente su historia con el género de terror. Bol escucha voces detrás de las paredes, gente de color con semblantes de personas muertas aparecen deambulando por la casa, niños, adultos y ancianos. Como si una fuerza siniestra intentara apoderarse de los nuevos dueños de la vivienda.

Hay un espléndido trabajo de ambientación, pues el entorno de la casa, desde un inicio, aparentó ser lúgubre y tenebroso, un destacado diseño de producción de Jacqueline Abrahams y la cinematografía de Jo Willems que le dan un toque a recientes películas de terror afroamericano como Nosotros (2019) y Déjame salir (2017); o con un tipo de suspense abstracto, al estilo de Hereditary (2018) y Midsommar (2019), aunque Weekes tiene la habilidad para distanciarse de ellas.

No es la convención tradicional del género de terror de las casas embrujadas. Hay un esfuerzo notable por marcar una visión del género. Apuesta en sus primeros actos por el drama de los refugiados, de esas familias que lo arriesgan para alejarse más por obligación que por gusto del conflicto violento de su país para adentrarse de a poco en el terreno sobrenatural, pero el realizador es cuidadoso en evitar que en la historia se vean dos películas distintas, sino que lo uno refuerce lo otro.

Weekes revitaliza el género con secuencias un tanto llenas de surrealismo. Se aleja del clásico jumpscare y el grito fácil. Tiene un brillante ir y venir en la historia entre África y Europa para construir el arco de sus personajes y acierta en no hacerlo tan claro y explícito para insertarnos en la misma confusión e inestabilidad emocional que ellos, en sus propios recuerdos y en sus propios monstruos.

En ese contexto se vuelve referencia también aquel largometraje de Bayona Un monstruo viene a verme (2016) en el que un árbol enorme y monstruoso visita por las noches a un niño que no ha superado la muerte de sus padres y vive con el temor de perder a su madre que se encuentra enferma de cáncer.

En este sentido, Weekes ejecuta a la perfección una combinación entre las películas del género con los horrores más profundos que padecemos en el mundo real. No pide al espectador ser refugiado o de color, sino ser empático con las angustias y los dolores que se deben dejar atrás cuando no tienes otra opción que la de pertenecer.

Casa ajena, más que una película de horror y de casas embrujadas, es una historia sobre lidiar con el dolor, de aquello que los refugiados están obligados a dejar atrás y que, de pronto, puede convertirse en sus propios demonios y pesadillas.

 

Tráiler:

Ficha técnica:

Casa ajena (His House),  Reino Unido, 2020.

Dirección: Remi Weekes
Duración: 93 minutos
Guion: Remi Weekes
Producción: Starchild Pictures, Vertigo Entertainment, BBC Films, Regency Television. Distribuida por Netflix
Fotografía: Jo Willems
Música: Roque Baños
Reparto: Sope Dirisu, Wunmi Mosaku, Matt Smith, Javier Botet, Emily Taaffe, Andy Gathergood, Kevin Layne, Vivien Bridson, Lola May, Rene Costa, Matt Townsend, Vivienne Soan, Homer Todiwala, John Kamau, Gillian Vassilliou

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