Críticas

Un traslado incesantemente esperanzador

El año que dejamos de jugar

Otros títulos: When Hitler Stole Pink Rabbit.

Als Hitler das rosa Kaninchen stahl . Caroline Link. Alemania, 2019.

El año que dejamos de jugar aficheUna familia judía corre riesgo y debe emigrar. Previo al ascenso de Hitler al poder (año 1933) el padre escribe severas críticas hacia los nazis, lo cual oficia de agravante junto a su filiación religiosa. Se narran las dificultades presentes durante la travesía por varios países.

Un drama cargado de vicisitudes propias de refugiados en tiempos de preguerra. La incomodidad es preferible a la humillación y la muerte. Toda una familia de clase media debe adaptarse a la condición de pobreza, lo cual significa una aceleración. en el proceso psicológico de maduración, de dos niños hermanos de 13 y 10 años. Al ser sometidos, a condiciones no acostumbradas de supervivencia, irán comprendiendo las circunstancias gradualmente, a medida que vayan experimentándolas. Un aprendizaje desde la carencia como factor esencial, contrapuesto a la comodidad que prodiga el dinero. El renunciamiento también incluirá los afectos, los vínculos trabados en las diferentes localidades.

El filme se despliega mediante un ritmo cansino, que va ofreciendo diversas cuestiones, vinculadas a la privación,  el orgullo, la vocación y los principios, entre otras.

El guion está a cargo de la realizadora Caroline  Link, en colaboración con Anna Bruggermann. Se basa en la novela de Judith Kerr Cuando Hitler robó el conejo rosa. Mascota de peluche que Anna deberá dejar en Berlín y que se transformará en metáfora de la pérdida de la inocencia, por aquello del mundo color de rosa. El peluche refuerza el ideal fantástico, juguete acompañante,  depositario de afectos personales que suelen expresarse en busca de seguridad durante  momentos de transición. El pasaje se aborta bajo circunstancias extremas, y Anna deberá dejar el conejo; a partir de ahora, el mundo se vuelve inseguro, los lugares de residencia cambiarán para proponer experiencias culturales diferentes.

El año que dejamos de jugar fotograma

Hay una tratamiento del tema un tanto simplificado y reiterativo de situaciones análogas durante el tránsito por diferentes modos de vida y condiciones político sociales; inclusive, si tenemos en cuenta que se trata de una circunstancia tan sensible como es la de los refugiados

Los sucesos políticos de la preguerra abandonan la escena, si es que en algún momento se hicieron presentes. El filme se vuelve un tanto reiterativo en los planteos. Si bien, las puestas en escena difieren, los sucesos giran en torno a un círculo vicioso cuya precondición de funcionamiento es la analogía. El pasaje por las diversas geografías exhibe siempre los mismos resultados y las mismas respuestas de los protagonistas. Es donde falla el guion, no hay sucesos nuevos, todo es muy semejante y contribuye a un ritmo lento que nos conecta con una experiencia repetitiva, que, si bien nos acerca a la idea de evolución psíquica acelerada, solo podemos prendernos de ella al capturar los ingenuos planteos de Anna, bajo algunas correcciones de su hermano y los adultos. Lo que sucede no aporta demasiados elementos nuevos; la película oficia de un darse cuenta de la vida, desde la monotonía de una rutina transitoria. Por momentos, sentimos que estamos frente a vidas comunes de familias caídas en la desgracia económica, sin poder establecer claras diferencias de contexto, que nos ubiquen en torno a detalladas asignaciones de sentido. Faltan ingredientes dramáticos que condimenten la trama, pero no en sentido efectista, sino explicativo, en términos de mayor profundidad. La política y la guerra, son un mero escenario donde los hechos se producen, es el fondo de una figura sin detalles relevantes. Un guion sin consistencia dramática que en ningún momento nos acerca a los hilos más profundos que entretejen, tanto la relación familiar, como sus vínculos con los avatares  políticos que operan como causantes del exilio. Por momentos, la película se vuelve una rutina monótona, que se repite en el énfasis sobre pequeños sucesos cotidianos comunes a la vida de cualquier persona.

Als Hitler das rosa Kaninchen stahl escena

La música de Volker Bertelmann se hace presente para atenuar y naturalizar pequeños momentos críticos: la partida de Berlín en sus preparativos finales, la enfermedad de Anna, entre otros. Cumple una función relajante que contrasta con la micro-crisis presente; genera  sensaciones de nostalgia, paz y resignación, en momentos de partida y frente a situaciones  de enfermedad. La idea es la calma y aceptación frente al momento crítico. Una importante contribución, que marca el tono afectivo del filme; una fórmula que degrada lentamente la gravedad del momento, para ejercer una influencia naturalizadora del evento cotidiano. Una forma de universalizar el dolor humano, y por ende, incluirlo en la experiencia del común de la gente. Como si se nos alertara de que este caso es semejante a muchos otros, y como tal, debe ser considerado. Una contribución a la toma de distancia, sin que sea necesario perder de vista el tono triste de la representación. Un recurso que descomprime la gravedad y señala el nivel de tolerancia de los personajes frente a la crisis. No hay desesperación, siempre hay aceptación y búsqueda de solución.

El año que dejamos de jugar plano

Una excelente actuación de la niña Riva Krimalowsky en el papel de Anna. El personaje más pequeño en edad, el que más sufre los cambios. Representa los sentimientos a flor de piel de una niña que, si bien reniega de la pérdida de todo lo conocido, exhibe la suficiente capacidad como para transitar los acontecimientos, de tal manera de lograr una adecuada adaptación, que le permita integrar el presente, sin despojarse de lo que le proporcionaron las experiencias vividas. Suele despedirse de las personas y objetos cada vez que se muda, señal del afecto sentido hacia los lugares que visita. Un apego a lo material, que es capaz de sortear mediante rituales de contacto y despedida, ya sea con la pared de una casa, como con cualquier elemento que haya estado presente en su contexto vital por un tiempo.

Un filme cálido y nostálgico desde la simplicidad de sucesos necesarios, apela al ambiente de preguerra, solo como marco político señalado, en términos de suceso lógicamente determinante en la vida de un padre de familia, que cumple con su deber de denunciar la inmoralidad que significan Hitler y el nazismo.

 

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Ficha técnica:

El año que dejamos de jugar  / When Hitler Stole Pink Rabbit (Als Hitler das rosa Kaninchen stahl ),  Alemania, 2019.

Dirección: Caroline Link
Duración: 119 minutos
Guion: Anna Brüggemann, Caroline Link (Novela: Judith Kerr)
Producción: Coproducción Alemania-Suiza; Warner Bros. Film Productions Germany, Sommerhaus Filmproduktionen, Mia Film
Fotografía: Bella Halben
Música: Volker Bertelmann
Reparto: Riva Krymalowski, Oliver Masucci, Carla Juri, Justus von Dohnanyi, Marinus Hohmann, Ursula Werner, Rahel Hubacher, Peter Bantli, Hannah Kampichler, Anne Bennent, Luisa-Céline Gaffron, André Szymanski, Anne Schäfer, Benjamin Sadler, Michele Cuciuffo, Raban Bieling, Ingo Ospelt, Hans-Caspar Gattiker, Andreas Matti, Katharina Schlothauer, Nils Wolf

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