Críticas

Vuelo con turbulencias fantasiosas

Black box: vuelo 298

Black Box. Steven Quale. EUA, 2026.

Steven Quale lleva años moviéndose con comodidad por los territorios del sobresalto, la catástrofe y el fantástico de alto voltaje. Ahí están Destino final 5 (Final Destination, EUA, 2011), En el ojo de la tormenta (Into the Storm, EUA, 2014) o Renegados (Renegades, EUA, 2017), títulos que dibujan el perfil de un cineasta interesado en poner a sus personajes contra las cuerdas y observar cómo reaccionan cuando el mundo empieza a desmoronarse. Black Box: Vuelo 298 (Black Box, EUA), producción norteamericana de 2026, vuelve a transitar esa misma pista, aunque esta vez el aterrizaje resulta bastante accidentado.

La película arranca con una idea prometedora. Antes de que conozcamos todos los detalles de la catástrofe, aparecen grabaciones realizadas desde teléfonos móviles: mensajes de despedida, confesiones y testimonios desesperados que parecen haber quedado archivados como pruebas de algo terrible. «Si estás viendo esto, debes saber que luchamos hasta el final», advierte una de esas voces. «El avión no debe aterrizar. Algo está ocurriendo». Y, durante unos minutos, Black Box parece dispuesta a jugar con el misterio y el metalenguaje de las imágenes encontradas.

El vuelo 298 de Vero Airlines cubre la ruta entre Nueva Orleans y Seattle. Como manda el manual del cine de catástrofes, Quale presenta rápidamente una galería de pasajeros destinados a convertirse en piezas del tablero. Entre ellos está Jeremy, interpretado por Tom Brittney, un hombre triste, apagado y con una herida emocional que iremos descubriendo más adelante. También Emma, una azafata interpretada por Holly White, y una niña perdida en medio de un caos que irá creciendo a velocidad de crucero.

La primera señal de alarma llega con un pasajero de comportamiento extraño. Está enfermo, irascible, escupe sangre y parece completamente fuera de control. Jeremy y Emma intentan atenderle mientras el ambiente se carga de una electricidad cada vez más turbia. Durante esos compases, la película coquetea con el cine de pandemias, con la paranoia colectiva y con esa sensación tan contemporánea de que cualquier síntoma extraño puede convertirse en el primer acorde de una pesadilla global.

Pero Black Box: Vuelo 298 no tarda en cambiar de rumbo.

El avión aterriza —o eso parece— en un lugar desconocido. Nada encaja. Los supervivientes no saben dónde están ni qué ha ocurrido realmente. Y entonces entra en escena una amenaza de procedencia incierta: una criatura monstruosa, tentacular y letal que convierte la historia en un cóctel de ciencia ficción, terror, abducciones y delirio cósmico.

A partir de ahí, Quale mezcla referencias y géneros como quien prepara un combinado demasiado cargado. Hay ecos lejanos de La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, EUA, 1956), de Don Siegel, algo de paranoia a lo Donnie Darko (EUA, 2001), de Richard Kelly, y un discurso de dominación extraterrestre construido a base de frases inquietantes y mensajes apocalípticos: «¿Por qué retrasar lo inevitable?», «Somos imparables» o «No habrá vuelta atrás».

El problema es que la película acumula ingredientes sin conseguir una mezcla especialmente sabrosa. Todo sucede deprisa, todo quiere ser extraño y todo pretende elevar el nivel de la amenaza, pero el resultado acaba pareciendo más delirante que verdaderamente perturbador. Los personajes están dibujados con trazos demasiado convencionales y Jeremy responde al arquetipo del héroe traumatizado que debe enfrentarse a una catástrofe mientras arrastra un duelo personal.

La brevedad de sus apenas noventa minutos juega a favor del ritmo, pero también impide que sus ideas respiren. Black Box: Vuelo 298 salta del suspense al terror, de la infección a la invasión alienígena y de la catástrofe aérea a la abducción colectiva con una energía algo desbocada, como una sesión psicodélica que ha perdido la aguja antes de llegar a la mejor canción.

Hay, eso sí, una voluntad de mezclar universos y buscar imágenes inquietantes. Las escenas finales en el aeropuerto, con la sospecha de que la amenaza se ha extendido mucho más allá del avión, apuntan hacia una dimensión apocalíptica que podría haber dado bastante más juego.

Pero la sensación final es de irrelevancia. Black Box: Vuelo 298 quiere impactar, sorprender y abrir nuevas rutas dentro del fantástico contemporáneo, pero termina aterrizando en territorio conocido. Mucho ruido, muchos tentáculos y demasiadas turbulencias narrativas para una película que, finalmente, apenas deja huella.

Un vuelo frenético, lunático y ruidoso que promete una abducción de alto voltaje y acaba ofreciendo poco más que un pasaje de ida hacia la insustancialidad.

Tráiler de la película:

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Ficha técnica:

Black box: vuelo 298 (Black Box),  EUA, 2026.

Dirección: Steven Quale
Duración: 85 minutos
Guion: Stephen Susco
Producción: Capstone Pictures, Hammerstone Studios, Inzide Media
Fotografía: Steven Quale
Música: Raffertie
Reparto: Tom Brittney, Holly White, Betsy-Blue English, Dane Whyte O'Hara, Kaja Chan, Boadicea Ricketts y Ceallach Spellm

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