Críticas

El tiempo después

Cronos

Fernando González Medina. España, 2026.

Cartel de la película CronosHay acontecimientos que no necesitan ser explicados para volver. Basta una imagen, una calle llena de gente, una furgoneta, un teléfono que suena. Durante unos días, Barcelona dejó de parecerse a Barcelona. Y después volvió a hacerlo. Las calles recuperaron el ruido, los turistas regresaron, las Ramblas siguieron siendo las Ramblas. Como si las ciudades tuvieran una capacidad extraordinaria para continuar incluso cuando quienes las habitan todavía no han conseguido hacerlo.

Quizá por eso resulta significativo que Fernando González Molina haya elegido llamar Cronos a una película sobre los atentados del 17 de agosto de 2017. Cronos es el nombre de la operación policial que se activa tras el atentado, pero también es el tiempo: el que corre mientras se busca a los responsables, el que se detiene en el momento del ataque, el que después continúa, aunque ya no sea exactamente el mismo.

La película comienza allí donde tantas imágenes de aquellos días terminaban: después. Su interés está puesto en las horas y los días posteriores, en el dispositivo policial que intenta ordenar aquello que acaba de suceder, más que en una reconstrucción del atentado en sí. Barcelona se convierte en un mapa de movimientos, llamadas, controles, informaciones que llegan tarde o se contradicen. El tiempo se vuelve así la materia misma del thriller: cada minuto puede cambiarlo todo.

Y funciona, porque González Molina entiende que no necesita mostrar más para producir tensión. El horror ya existe antes de que la película empiece, y el espectador también llega con sus propias imágenes. No hace falta volver a mirar la furgoneta avanzando por las Ramblas para recordar lo que ocurrió. Lo interesante está en otro lugar: en observar cómo una sociedad intenta recuperar una cierta idea de orden cuando el orden acaba de romperse.

Fotograma de Cronos

Hay también algo incómodo. Cronos quiere reconstruir una tragedia colectiva y, para hacerlo, decide mirar principalmente a quienes tuvieron que responder a ella. Los Mossos d’Esquadra ocupan el centro del relato: sus decisiones, su agotamiento, sus enfrentamientos. La película los trata como personas que intentan trabajar dentro de una situación que los supera, alejándose de la figura del héroe invulnerable. Ahí está construida buena parte de su emoción.

Y quizá sea precisamente esa elección la que más dice sobre ella. Las víctimas están presentes, pero casi siempre como ausencia: en los cuerpos, en las fotografías, en las llamadas, en las consecuencias que ponen en movimiento la operación. Rara vez ocupan el espacio desde el que se cuenta.

La diferencia no es pequeña. Reconstruir un acontecimiento no significa necesariamente recordar a quienes lo vivieron. Una investigación puede establecer horarios, trayectos, nombres y responsabilidades, hasta que lo incomprensible adquiera una lógica. La memoria, en cambio, funciona de otra manera. No siempre necesita saber quién llamó a quién. A veces recuerda una calle, una voz, una mano, un silencio, una persona que no volvió.

Cronos confía en que ordenar el tiempo puede acercarnos a comprenderlo. Y ahí aparece su mayor contradicción: hay algo que el tiempo de una investigación puede reconstruir, y algo que se le escapa por completo. La película introduce también las tensiones políticas de aquellos días: las relaciones entre los cuerpos policiales, la Generalitat y el Gobierno central, donde la información es una forma de poder. Quién sabe qué, quién habla, quién controla el relato. El atentado no sucede en un vacío político, aunque la película prefiere mantener esas tensiones en un segundo plano para no abandonar del todo la estructura del thriller.

Es interesante que el relato se desplace hasta Ripoll, donde el tiempo adquiere otra dimensión: ya no se trata de perseguir a alguien que ha huido, sino de volver a un lugar que conocía a quienes terminaron convirtiéndose en terroristas. La pregunta deja de ser dónde están para convertirse, aunque sea por instantes, en cómo fue posible. Una pregunta mucho más difícil de responder, porque no cabe en una cronología.

Cronos, imagen

Ahí Cronos se acerca a algo que apenas llega a formular del todo: que hay acontecimientos que pueden reconstruirse pero no explicarse por completo. Podemos conocer los nombres, seguir las horas, reconstruir una persecución hasta el último detalle. Y aun así, siempre quedará algo que no entra en el relato.

El tiempo pasa; eso es lo que hace. Pasar, sin embargo, no significa borrar. Han transcurrido nueve años desde aquel agosto, nueve años en los que Barcelona, y quienes estuvieron allí, han tenido que seguir adelante. Cronos regresa a esos días para volver a poner en marcha el reloj, como si reconstruir aquellas horas pudiera devolverles una forma. Tal vez esa sea la verdadera tensión de la película, más allá de la persecución o del último hombre buscado: la necesidad de volver a un momento que ya pasó para comprobar si, al reconstruirlo, conseguimos entender algo que todavía permanece abierto. Hay cosas que el tiempo se lleva, y hay otras que simplemente aprende a guardar.

Tráiler:

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Ficha técnica:

Cronos ,  España, 2026.

Dirección: Fernando González Medina
Duración: 118 minutos
Guion: Alberto Marini
Producción: Nostromo Pictures, Beta Fiction Spain, Hogar Producción, RTVE, 3Cat, Movistar Plus+
Fotografía: Pau Castejón
Música: Audrey Ismaël
Reparto: Enric Auquer, Diana Gómez, Xavi Sáez, Mónica López, PAblo Derqui, Israel Elejalde, José Pérez Ocaña, David Vert

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