Críticas
Un vaso de leche cortada
El olor a leche quemada
Milch ins Feuer. Justine Bauer. Alemania, 2024.
A leche cortada es como me supo la ópera prima de Justine Bauer. El argumento de El olor a leche quemada toma como partida el enfoque femenino en la industria agraria y el giro actual que ha dado el neoruralismo alemán, pero se convierte en un mensaje simple que no termina de profundizar. Desde su primera secuencia, la que se inicia con grandes expectativas, deriva en una eterna introducción que se diluye en las aguas del rio sobre las que se balancea su protagonista. Este comienzo es un fiel reflejo de lo que nos vamos a encontrar a lo largo de la narrativa de su metraje.
La película nos muestra el retrato de tres generaciones de mujeres en el medio rural en Alemania, mostrándonos un relato íntimo de su trabajo diario en el campo. Se centra en la búsqueda de retratar a la mujer joven del tiempo actual en el mundo agrícola. Una madre y sus dos hijas trabajan en una explotación agraria, con la ausencia paterna y escuchando los consejos de la abuela de la familia. Ellas serán las próximas herederas de los campos de cultivo familiares.

A través de su tema principal, la vida de la mujer en el campo, se van desprendiendo pequeños mensajes que se suman a la historia nutriéndola de contenido, como las tradiciones de la sociedad alemana en el medio rural, la lucha por el bienestar, los embarazos no deseados, el sacrificio, la vida y la muerte. Mucho de lo citado nos lo encontramos presente en bastantes escenas en el rio, estableciendo una simbología al devenir de la vida. Este elemento de vida, va de la mano de la directora a lo largo del film, formando parte de su tiempo y dejando fluir los acontecimientos sin forzarlos. Otro mensaje latente, que está de fondo en la historia de Bauer, es la afirmación de como la vida urbana termina atentado contra la dignidad del campo. Lo vemos reflejado, como en un segundo plano, en la continua lucha de su vecino por el justo pago de su producción lechera, del que surge el título de la película.
La joven directora alemana se sumerge en el film rodándolo en formato 4:3 para conseguir un tono documental, que por medio de la luz natural de las imágenes nos traslada un relato entre ficción y documental. La forma de divagar en el guion desemboca en una falta de precisión del discurso, que parece quedarse balanceándose como nos muestra en su primera secuencia. Respecto al argumento existe una total ausencia de conflicto y sus personajes parecen carecer de fuerza, como faltos de sentimientos e inertes. También queda patente la pesadumbre en su narrativa al explicar el monótono esfuerzo en la granja por parte de las mujeres. Las repetitivas escenas de las protagonistas comiendo tomates, es un simbolismo visual y narrativo con el que pretende reforzar conceptos que quiere trasladar al espectador como la vida sencilla, la fertilidad de la juventud y, sobre todo, el regreso a las raíces.

Este primer largometraje de Justine Bauer es una buena aproximación al cine de autor, pero con ciertas carencias como se podrá comprobar en su visionado. Su intención de acercar al publico el mundo rural femenino de Alemania y sus problemas de sustento es evidente, aunque le falta profundizar en su contenido. No dudo de su progreso en próximos largometrajes porque demuestra aptitudes para su mejora artística. En mi humilde opinión es trabajar y pulir más el argumento y la narrativa, la creatividad la lleva dentro.
Una última advertencia, vean la película en versión origina subtitulada, porque doblada al castellano es un desastre, lo digo con conocimiento de causa. Nada hace más daño a un film que un mal doblaje.
Ficha técnica:
El olor a leche quemada (Milch ins Feuer), Alemania, 2024.Dirección: Justine Bauer
Duración: 78 minutos
Guion: Justine Bauer
Producción: Kunsthochschule für Medien Köln, Sweet Godless Turtle,Film Productions
Fotografía: Pedro Carnicer
Música: Cris Derksen
Reparto: Karolin Nothacker, Johanna Wokalek, Pauline Bullinger, Anne Nothacker, Sara Nothacker, Simon Steinhorst, Lore Bauer, Lorena Elser.

