Críticas

La burguesía devastada por lo divino

Teorema

Pier Paolo Pasolini. Italia, 1968.

TEOREMAEs curiosa esa sensación de descubrimiento cuando dos ideas separadas por el tiempo dialogan y se dan la mano. En el cortometraje Alumbramiento, (2002) dirigido por el director español Víctor Erice, vemos a un recién nacido que sangra en la cuna. Una empleada que trabaja como nana para una familia acomodada se da cuenta mediante el llanto del bebé y consigue sanarlo a tiempo. El crio, de casta noble, ha sido salvado por el proletariado mientras sus parientes más próximos, padre y madre, duermen la siesta plácidamente sin percatarse de tal acontecimiento. El mensaje de Alumbramiento no solo trataba del concepto poético del tiempo, la vida o la muerte, también tocaba de una forma más sutil pero afilada la dependencia de la burguesía frente a la clase obrera, una dependencia tan absoluta que incluso la vida y la muerte dependían de ello. Tres décadas antes, en 1968, Pasolini, como un disparo directo al sol, seguía su cruzada en el cine sin intentar esquivar prohibiciones, rechazos o polémica.

Para comprender en toda su inmensidad Teorema es necesario conocer la biografía de su autor. En todo caso, la película se presenta como un buen ejemplo para adentrarse en las bases de su pensamiento. Su acercamiento al marxismo así como al partido comunista italiano y su concepción católica, recrean a un personaje singular y divergente en la historia del cine. Por otro lado, su multifacética vida artística, desde pintor hasta poeta, han dejado huella histórica de su ideología, creando disconformidad y rechazo en buena parte del mundo. Superficialmente, podríamos hablar del film como la llegada de un desconocido a una familia italiana de clase alta. El joven, alterará el comportamiento de todos ellos hasta límites insospechados.

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La primera imagen que vemos es una inmensa fábrica bajo un cielo plúmbeo. Fuera hay periodistas y cámaras armando un buen revuelo, pues se han enterado de una extraña noticia: el empresario ha decidido donar la fábrica a todos sus trabajadores. ¿Es este el inicio del derrumbamiento de clases? Pasolini, como buen poeta, conocía el alma humana, y tenía la firme teoría de que la burguesía había conseguido atraer a gran parte de otros estratos sociales, así, los trabajadores querrían parte del capital para empoderarse  y convertirse en pequeños burgueses. ¿Por qué el dueño de una empresa haría algo así? La película, sin darnos cuenta, ha empezado por el final. El empresario coge el coche y acude a su casa, una mansión a las afueras de Milán. Mientras esto ocurre, el director se detiene en dar breves pinceladas de la vida de su familia que está conformada por un hijo, una hija, una mujer y una criada. Ninguno de ellos parece tener nombre, y esas pinceladas se dan en blanco y negro enfatizando la forma atonal y triste de la vida burguesa.

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El color regresa a la pantalla justo en el momento después en el que la familia recibe una carta con un mensaje misterioso: “Llego mañana”. En la siguiente escena, la música suena entre las paredes de la mansión, entonces vemos a un joven, alto, rubio, atractivo y misterioso enrolado en una pequeña fiesta con la cuna alta de Milán, y lo reconocemos como el nuevo huésped que anunciaba la carta porque suena la misma música que sonaba cuando el cartero se la entrega a la criada.

El misterioso joven funciona como elemento desestabilizador para la familia. Uno a uno todos los miembros caerán hechizados, embriagados física y espiritualmente por su presencia. Lo erótico y lo sexual está insinuado repetidas veces en Teorema. Parece como si el apuesto joven traspasara toda su mística y conocimiento a través del acto y la inseminación. Así lo apreciamos en el encuentro homosexual con el hijo, con la hija, la madre y también se insinúa posicionalmente en la figura del padre cuando este cae enfermo. La criada, que simboliza claramente al proletariado, también se le insinúa, pero el acto no es cometido seguramente por la conciencia de clase ya adquirida. Pasolini recrea esta especie de ritual en una poética del erotismo, no retrata el acto físico en sí mismo, sino que acude a las miradas, a un plano de una entrepierna, al leve contacto. ¿Si todo en Teorema tiene una función alegórica, entonces, quién es el joven? Justo antes de cometer el acto sexual con la madre, ella lo mira y lo vislumbra con el torso desnudo, con el sol decadente y enfocado dese abajo, es la presencia de alguien divino, una figura celestial, o incluso la misma representación metafórica de Cristo.

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Al paso de los días, todos están enamorados de él, lo adoran de forma inexplicable, pero justo en el ecuador de la cinta la familia recibe otra carta: el joven ha de irse. La consternación de la noticia es abismal. El rostro de la actriz Silvana Mangano recoge las dimensiones de la tragedia en un plano precioso. Mientras la melodía de Mozart se desliza suavemente por los jardines de la mansión, la familia explota en una catarsis de sentimientos de confusión, hastío y revelación existencial. Si la primera parte trataba sobre la liberación (mediante el acto sexual) de la clase burguesa atrapada en sus cuatro paredes, contagiada por una religión carente de valores y encadenada estrepitosamente en el capital y el consumo, esta segunda parte se muestra más reflexiva por parte de la familia, que intenta encontrar explicaciones racionales a su vacío espiritual después del despertar.

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La marcha del joven crea un eco de soledad en la mansión imposible de restaurar, parece como si la clase burguesa, pese a las enseñanzas, no pudiese vislumbrar el camino a seguir. La hija mayor queda en un estado catatónico, inmovilizada justo después de rastrear el suelo con un metro para averiguar qué dirección ha podido tomar el antiguo huésped. Al hijo, con aspiraciones artísticas, todo en su vida le parece tan obstinado como sus obras y acaba orinando en ellas. Y mientras la madre busca desesperadamente a jóvenes con un parecido físico al huésped con la intención de mantener relaciones, el padre, caminando simbólicamente por el desierto como un discípulo de Jesús, toma la iniciativa de regalar su fábrica a los trabajadores. Vemos, pues, que los actos que cometen son inducidos por la culpa. La sirvienta, en cambio, regresa a su pueblo habiendo tomando conciencia de su posición social, y la ambivalencia significativa de los hechos divinos se tornan confusos. Es enterrada viva después del regreso a sus orígenes para renacer, para engendrar lágrimas de savia nueva.

Las entrañas de Teorema dan cuenta de la complejidad que supone la obra y de la poética de sus imágenes y sus significados. Todo funciona al servicio de una ideología que parte del huésped (sagrado o divino) como intrusión en una clase social elevada, que una vez han sido “liberados” se vuelven autoconscientes de sus insuficiencias y cabalgan sin rumbo por las dunas de un desierto árido y martirizador. Su subsistencia es frágil, dependiente, necesitan de “él/individuo/Otro” para mantenerse vivos en su frágil burbuja de precariedad. Polémica por su sugerencia sexual, sus ideas y sus formas, Pasolini acabó siendo, como de costumbre, enemigo de todos.

 

Ficha técnica:

Teorema ,  Italia, 1968.

Dirección: Pier Paolo Pasolini
Duración: 93 minutos
Guion: Pier Paolo Pasolini
Producción: Eurointer
Fotografía: Giuseppe Ruzzolini
Música: Ennio Morricone
Reparto: Terence Stamp, Silvana Mangano, Laura Betti, Massimo Girotti, Anne Wiazemsky, Ninetto Davoli

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