Críticas

La misteriosa magia de la experiencia

La vida por delante

La vita davanti a sé. Edoardo Ponti. Italia, 2020.

Cartel de la película La vida por delanteEsta es una hermosa película, que registra el regreso a la pantalla de la icónica Sofía Loren, ya una mujer en la madurez de sus 86 años, que precisamente actúa con categoría y sensibilidad en el papel de Madame Rosa, una mujer que abandonó sus antiguas andanzas para dedicarse, en su propia casa, al cuidado de algunos niños en estado de potencial abandono o de descuido, hijos de mujeres que se dedican al comercio sexual. Madame Rosa ejerce esta actividad con cariñosa capacidad y paciencia, buscando medios para sostenerse y para sacar adelante a estas personitas, cada una con sus especiales circunstancias y necesidades.

Es evidente que las situaciones de abandono, de peligro, de pobreza no ocurren solamente en los países subdesarrollados. En la mayor parte de los países existen la prostitución, el comercio de drogas adictivas, las pandillas, los raponeros, los hijos que no tienen familias completas y que se convierten en una carga para sus madres, careciendo se la necesaria atención; y los inmigrantes que tratan de salir adelante y que viven en condiciones de hacinamiento e inseguridad. En estos ambientes se registran historias de heroísmo y de alto humanismo, porque no faltan las personas que, como Madame Rosa, se dedican a la solidaridad, al servicio, no importa que se trate de una labor compleja, con frecuencia ingrata o desagradecida, pero también abundante en satisfacciones y gratitud.

En este contexto, se nos cuenta una preciosa historia de redención. El joven actor Ibrahima Gueye protagoniza a Momo, un muchacho de raza negra, musulmán y senegalés de nacimiento, que resultó en las calles de Bari, ciudad costera del sur de Italia, que no solamente es turística, sino que presenta zonas de un particular ambiente ruidoso, desordenado, casi tercermundista, con sus antiguas callejuelas y sus barrios llenos de inquilinatos y vericuetos. Momo va por mal camino, dedicado al rebusque en las calles, ejerciendo de raponero y madurando a marchas forzadas, con riesgo de que su evidente y maliciosa inteligencia sea su ventaja para dedicarse al mundo de la distribución callejera de drogas.

La vida por delante, fotograma

Momo es insoportablemente grosero y mal hablado, con una rebeldía evidente, que desafía cualquier relación, cualquier manejo. Otro ser de luz en las calles de la ciudad, el doctor Cohen (Renato Carpentieri) ha estado tratando a apoyar al muchacho, pero siente que se le escapa de las manos, así que decide llevarlo a la casa-hogar de Madame Rosa y luego de muchos ruegos y artimañas emocionales, vence la resistencia de la mujer, ya cansada y anciana, que se resigna a lidiar con esta fierecilla salvaje, no tanto por un extraño masoquismo, sino más bien por una arriesgada intuición de amable vieja-judía-curtida-hechicera, cuyas vivencias y sufrimientos en la época del holocausto de los judíos en la segunda guerra mundial le han enseñado que el ser humano es mucho más que las apariencias externas.

Estas cosas la vamos sabiendo a medida que se desarrolla la trama, porque en sus primeros momentos Momo se revela como un verdadero e indiferente rufián, desagradecido, ventajista; sin embargo, poco a poco va quedando atrapado por una naciente y creciente admiración hacia Madame Rosa, qué él mismo no se cree. Ella no es fruta fácil de digerir, tiene misterios insondables, es caprichosa y con estilo y orgullo propio. Pero es esto precisamente lo que mueve a Momo, quien evidentemente necesita un referente que pueda admirar, pero que le controle y le ponga contra la pared, como hace Madame Rosa, poco a poco.

La vita davanti a se

En este proceso tiene su importancia otra persona de edad, Hamil, un comerciante viudo, del norte de África, creyente musulmán, de paciencia que todo lo soporta y que aparece en el camino de Momo como persona que le da empleo en su negocio. Acá uno puede caer en cuenta de las grandes posibilidades que existen de que el sistema de atención social de tantos jóvenes en peligro de caer en las garras del crimen y de la desidia, pueda contar con la presencia no solamente de los jóvenes profesionales del sistema de atención social, sino también de personas de experiencia como Madame Rosa y como el doctor Cohen, que puedan aportar elementos como los que siempre han aportado los abuelos y los tíos abuelos en las tradiciones familiares con respecto a los nietos. La tragedia de muchos de los niños abandonados no es solamente que tengan hogares disfuncionales o que carezcan de hogares, de hermanos y del cariño y la atención de sus padres; es también que carecen de la presencia de los abuelos y de los ancianos del clan familiar, que tanta experiencia, tanta sabiduría, tanto cariño tranquilo y tanto sentido de la vida y posibilidades de referencia pueden aportar.

Al mencionar estos aspectos, caigo en cuenta que por los mismos días en que visioné a Sofía Loren como Madame Rosa, también pude observarla como la atractiva, fresca y sensual viuda doña Sofía, en Pan, Amor y … (Dino Risi, 1955). Toda una vida se encierra en esta mujer, que hace películas con su hijo. Es que los seres que no paran de vivir y de compartir tienen una profunda capacidad, un propio misterio, con lo cual pueden ejercer poderes mágicos. De eso habla el filme, porque Madame Rosa es una maga, una persona que se encierra en su propia sala de meditación y de recuerdos, para llenarse de energía poderosa, de miradas profundas y sabias, que le permitan contribuir a redimir y a rescatar a un incorregible malandrín como Momo.

 

Trailer

Ficha técnica:

La vida por delante (La vita davanti a sé),  Italia, 2020.

Dirección: Edoardo Ponti
Duración: 94 minutos
Guion: Ugo Chiti, basado en el libro de Romain Gary. Con la colaboración de Fabio Natale y Edoardo Ponti
Producción: Viola Calia, Marco Camilli, Carlo Degli Esposti, Geralyn White Dreyfous
Fotografía: Angus Hudson
Música: Gabriel Yared
Reparto: Renato Carpentieri, Francesco Cassano, Ibrahima Gueye, Babak Karimi, Sophia Loren, Diego Pirvu, Massimiliano Rossi, Abril Zamora

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