Dossiers 

Homenaje a Fernando «Pino» Solanas

Fernando Solanas

 

El 35° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata estuvo dedicado a quien unos pocos días antes de su inauguración, víctima de la pandemia que asola el mundo, perdió la vida. Fernando “Pino” Solanas asumió durante el actual gobierno argentino como Embajador ante la UNESCO. Se había trasladado a París, la ciudad que lo cobijó en el exilio y le vio filmar una de sus películas más señeras: Tangos, el exilio de Gardel. Allí cerró sus ojos, lejos de la patria.

Pino Solanas comenzó su carrera como publicista, pero su sensibilidad social, que no lo abandonaría nunca, lo llevó a realizar documentales de corte político y de denuncia. Así podría definirse La hora de los hornos, codirigida con Octavio Getino, ambos del Grupo Cine Liberación. Si bien la película circulaba clandestinamente, burlando la censura del gobierno de facto argentino, conoció la fama mundial cuando en la Muestra Internacional del Nuevo Cine de Pesaro obtuvo el Gran Premio de la Crítica. Era junio de 1968.

Aunque la mayor parte su filmografía sea documental y comprometida, como todo lo que hizo, incluso en su actividad política y legislativa, el Festival de Mar del Plata y DAC (Directores Argentinos Cinematográficos) le dedicaron sus pantallas virtuales para ofrecer su obra fundacional, a la que le hemos dedicado un artículo en la sección Investigamos de este mismo número de EL ESPECTADOR IMAGINARIO, y tres ficciones fundamentales en su obra.

 

el exilio de Gardel

 

Perseguido por la dictadura que realizó el golpe de Estado en 1976, Solanas se radicó en París. En Tangos, el exilio de Gardel (1986), un grupo de artistas refugiados se reúne para crear una “tanguedia”. Solanas despliega toda su añoranza por el país en escenas que reúnen anécdotas, en la que todos los que han vivido el exilio pueden sentirse representados, como la pérdida de algún ser querido en la lejanía, la ansiedad por la llegada de algún amigo o conocido, la viveza criolla que permite comunicarse gratuitamente por teléfono con los familiares en una época en que no había redes sociales ni los canales de comunicación instantánea que hoy existen… La argentinidad está presente en su obra, aunque sus personajes se desplacen por las riberas del Sena, a tal punto, que en una escena reúne a San Martín y a Gardel tomando mate. Las palabras no alcanzan para describir el despliegue visual y musical, con Piazzola en la banda sonora y las composiciones de Castiñeira de Dios, las interpretaciones inolvidables de esos perdedores que dan la pelea para sobrevivir, mientras esperan con gran ansiedad volver al país. Si Solanas nos regala con esta obra la añoranza por una patria que no solo es el país, sino los seres queridos que allá se quedaron, a los espectadores nos deja una experiencia monumental que podría resumirse en una sola palabra: melancolía, dada, sobre todo, por la escasez de diálogos y la feliz invasión de la música para transmitirla.

 

Sur

 

Aquella generación que salió masivamente del país y sobrevivió en el extranjero tiene en Solanas un testigo que sabe expresar los sentimientos, las alegrías, las tristezas y las esperanzas de miles de argentinos que vivían una vida paralela en el exterior y, al volver, encontraron otra patria y otra gente. La realidad nacional había cambiado drásticamente, fueron años de terror de Estado, donde desaparecía gente, se los secuestraba, torturaba y asesinaba. Esa herida que aún sangra nunca cicatrizó. Sur (1988) narra la historia de un preso político recluido y torturado en una cárcel patagónica. Al quedar libre, con la llegada de la ansiada democracia, duda en volver a encontrarse con su pareja, ante la posibilidad de que le haya sido infiel. Muchos de sus amigos y compañeros ya no están, pero el fantasma del “Negro” lo acompaña durante toda la noche para ayudarlo a procesar lo sucedido en su ausencia. Y si de ausencia se trata, otra vez la melancolía se viste de azul y niebla, y se acompaña con aquellos tangos cantados por Goyeneche, que tan entrañables se sentían en el exilio, porque hablaban de esa lejanía, del desprendimiento físico mas no sentimental. Esa noche que pasa Floreal, el protagonista, es equivalente a los años que tarda el que retorna después del exilio para adaptarse a ese otro país al que llega, que no es el que dejó, tampoco el que imaginó, ni siquiera es el que cree conocer. Es otro, distinto y, paradójicamente, muy propio.

 

El viaje

 

Finalmente, el homenaje ofreció El viaje (1992), una alegoría sobre la Argentina gobernada por el menemismo, cuando se privatizaron los servicios públicos y la plata dulce solo beneficiaba a unos pocos, mientras a otros los sumía más en la miseria. Martín Nunca, el protagonista, parte de Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, casi expulsado por la nueva familia que ha formado su madre. En bicicleta decide recorrer Latinoamérica. Cualquier semejanza con el viaje en motocicleta del Che que le abrió los ojos ante las necesidades del pueblo, no es pura casualidad. En su camino se va cruzando con realidades y personajes que son fácilmente identificables con sucesos que vivía la región en ese entonces, tan parecida a la América Latina a la que intentó despertar con La hora de los hornos. Han pasado los años, pero el colonialismo y la dependencia siguen vigentes.

Solanas se merece una muestra de toda su filmografía, tan rica en recursos estilísticos y tan crítica políticamente. Es un director necesario a la hora de comprender la realidad latinoamericana, porque no solo es didáctico, sino que con las armas estilísticas y funcionales que le dio la publicidad, ha realizado una obra inmensa que no tiene solo sesgos autobiográficos, sino que demuestra un amor por el país en su preocupación por los crímenes que se han cometido y se siguen cometiendo contra él.

Si no conoces su obra y has llegado hasta acá, espero haber despertado tu curiosidad para que conozcas su cine, será como un viaje por los rincones profundos de la Argentina, por el barrio porteño y su música, por un sentimiento no triste, sino melancólico del argentino que habita una ciudad gris, como si viviera en una película en blanco y negro.

Filmografía de Fernando «Pino» Solanas

La hora de los hornos (1968)
Argentina, Mayo de 1969: los caminos de la liberación (1969)
Perón, La revolución justicialista (1971)
Perón: Actualización política y doctrinaria para la toma del poder (1971)
Los hijos de Fierro (1975)
El exilio de Gardel (Tangos) (1985)
Sur (1988)
El viaje (1992)
La nube (1998)
Memoria del saqueo (2004)
La dignidad de los nadies (2005)
Argentina latente (2007)
La próxima estación (2008)
Tierra sublevada: Oro impuro (2009)
Tierra sublevada: Oro negro (2010)
La guerra del fracking (2013)
El legado estratégico de Juan Perón (2016)
Viaje a los pueblos fumigados (2018)
Tres en la deriva del caos creativo (no se ha estrenado aún)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.