Críticas

La vida en su versión artificial

El secreto: atrévete a soñar

The Secret: Dare to Dream. Andy Tennant. EUA, 2020.

El secreto. Atrévete a soñar aficheDrama romántico basado en libro de autoayuda de Ronda Byrne, que termina promoviendo una atmósfera irreal de sucesos poco creíbles, en aras de la demostración de las premisas de una filosofía barata.

Más allá de las quejas de Miranda, los personajes juegan por fuera de cualquier tipo de dramatismo. Un pobre desempeño de Katie Holmes acelera el cierre típico para un culebrón de la tarde, no solo por lo previsible, sino  también, por una cuestión de “lógica positiva”. Si será optimista el filme, que todo sucede prácticamente en ausencia de conflicto. Solo un cachetazo, tras un breve arranque de ira resultado de un malentendido, que, como giro dramático, es pésimo por su artificialidad. Algo que cayó del cielo para suministrar un poco de tensión, a una película plana, inconsistente desde el punto de vista de las emociones. El optimismo de Josh Lucas es cercano a la labor sacerdotal. Es la  representación de la sabiduría, que inmuniza frente a las desgracias y malos momentos de la vida. Todo lo que sucede es poco creíble y hasta resuena a tontería.

El secreto es absolutamente absurdo de sostener como tal, pero debe hacérselo en aras del funcionamiento de la pobreza de la historia, que, si bien desarrolla un tránsito coherente, se nutre de diálogos plagados de nimiedades y facilismos: consejos útiles de gran alcance para la vida cotidiana .

Una gran pobreza dramática invade por completo el filme con personajes insulsos, no creíbles desde el sentido común. Pésima dirección de actores, aunque en concordancia con la fórmula buscada, acción consciente en aras de un resultado irreal y empalagoso. Un elenco absolutamente subexplotado con el objetivo de mantener la tónica irrelevante de un infalible bien hacer, cercano a la fe de un culto religioso.

El relato se centra en una mujer que pierde a su marido en un accidente y se encuentra en dificultades económicas. El secreto se hará esperar, pero, cuando sea develado tendrá importantes repercusiones.

El secreto. Atrevete a soñar fotograma

El guion está inundado de circunstancias infantiles incapaces de desatar conflicto alguno: todo debe codificarse bajo “ondas de amor y paz” y buenas intenciones.

Bray es una pose que se extiende por todo el largometraje en una actitud tan estereotipada como falsa. Es el eje de la historia, el personaje que hace posible el secreto desde dudas inexplicables.

Toda la película es un ejercicio de ingenuidad gestual e interpretativa, que devela un espíritu centrado en ideales mágicos, para un mundo que debería desterrar la práctica del conflicto.

Primeros planos desperdiciados en comunicación de noticias sin emoción alguna, y puestas en escena donde los personajes lucen artificiales desde poses prefabricadas, no denotan la inexperiencia del actor, sino, precisamente, el espíritu del realizador.

When Hitler Stole Pink Rabbi escena

Una tormenta tropical que ni siquiera es desarrollada como tal, sino que sirve de presentación, tanto para las dificultades económicas de Miranda, como para chequear el interés y grado de adhesión de Bray. Otro elemento generador de dramatismo, que se pierde en una mera  utilización al servicio de la idea central: el pensamiento positivo brinda el camino hacia al éxito.

El desprecio sutil de lo oneroso se da la mano con la aceptación del valor de las pequeñas cosas, cuyo goce parece haberse perdido, tras la sobrevaloración de modismos culturales que involucran el consumo. Tal vez esta sea una de las ideas más interesantes que promueve la película. El entrecruzamiento de lo humano, con la adecuada actitud mental positiva frente a los eventos de la vida. Bray oficia de eje conector entre estos puntos, es cuasi un psicoterapeuta o un gurú camuflado, que presta sus servicios a modo de facilitador de contenidos evidentes, que se han perdido en el mundo del consumo. Su rescate lo vuelve popular bajo una aureola de asombro. Se contrapone al novio adinerado cuyas habilidades empresariales le impiden detectar los pequeños detalles de la vida, como por ejemplo, escribir lo correcto en una tarjeta de cumpleaños.

La cámara registra, en primeros y medios planos, el rostro emocional de Bray, bajo repetidas sonrisas y ademanes, que combinan un cortejo disimulado por el atuendo de las enseñanzas de un pseudo-maestro zen. El espectador dudará acerca de intenciones, necesitará tiempo para captar el rumbo de esas expresiones, aunque no develaran nada que no sea propio del resultado estándar, esperado en este tipo de filmes de consumo masivo. Al final, las hipótesis habituales triunfan; salimos del cine llenos de “felicidad”. Hemos sido contagiados por identificación.

El secreto. Atrévete a soñar plano

La suegra y el novio, intentan manejar la vida de Miranda en base a conveniencias y escalas propias de valor. Ella es tolerante y sabrá lidiar con la situación. Se despojará de manera gradual de las exigencias, que tampoco serán fuente de conflicto, el filme no lo admite, debe apostar a resoluciones finales de aceptación, dentro de esquemas “positivos” de comportamiento, al mejor estilo de un manual de autoayuda. Es aquí donde se distancia de las realidades de la vida, para ofrecernos una visión artificial de lo probable bajo cierto tipo de circunstancias. El filme pierde riqueza y se banaliza por distanciarse de posibilidades reales.

Bray encarna la perfección humana al estilo cristiano; rebosante de equilibrio y bondad atiende las necesidades del prójimo sin que se lo soliciten. Una especie de Jesucristo capaz de colocar la otra mejilla cuando las papas queman: Miranda embiste su auto por detrás, y él le repara el paragolpes, envuelto en todo clase de frases comprensivas. Tipo ideal inexistente, que el filme se ocupa de reconocer y reforzar.

Se vuelve dificultoso extraer valores de una película tan pobre y llena de estereotipos distorsionados por exceso. Hay una conexión artificial entre los personajes, debido a la falta de contundencia y credibilidad de su diseño. No son malos los actores, han sido mal confeccionados los papeles. La ideología del filme arruina la profundidad de las interacciones humanas y las convierte en clichés vacíos de contenido relevante. A los personajes les falta un mínimo de carácter, y los conflictos se lavan, recubiertos por una aureola de desmedido optimismo: “Hay solo dos maneras de vivir la vida, una como si nada fuera un milagro, la otra como si todo lo fuera…”

El guion adolece de un desarrollo enfático de los subtemas, que genere algún nivel de tensión interesante. Todo muy chato, inclusive, no se comprende como la comunicación de una noticia tan importante es demorada en exceso. El suceso es puesto al servicio de lo ideológico, sin mediar cálculos lógicos. No es creíble su tratamiento.

Estamos frente a una película menor, que intenta introducir por la fuerza una perspectiva de la vida, donde solo se alcanza un enfoque positivo sobre los problemas, para que de antemano estén resueltos. Un destino fundado en el milagro de las creencias.

 

Ficha técnica:

El secreto: atrévete a soñar (The Secret: Dare to Dream),  EUA, 2020.

Dirección: Andy Tennant
Duración: 107 minutos
Guion: Bekah Brunstetter, Rick Parks, Andy Tennant (Libro: Rhonda Byrne)
Producción: TRI G, Savvy Media Holdings, Covert Media, Robert Cort Productions, Illumination Productions, Shine Box Media Group. Distribuida por Gravitas Ventures
Fotografía: Andrew Dunn
Música: George Fenton
Reparto: Katie Holmes, Josh Lucas, Jerry O'Connell, Celia Weston, Han Soto, Yohance Myles, Aidan Pierce Brennan, Sarah Hoffmeister, Cory Scott Allen, Katrina Begin, Rosemberg Salgado, Wanetah Walmsley, Chloe Lee, Sydney Tennant, Samantha Beaulieu, Jessie Terrebonne, Betsy Borrego, Jeremy Warner, Jennifer Hamilton Collins

Una respuesta a «El secreto: atrévete a soñar»

  1. A mi me pareció una bella película. El personaje de Bray es modelo de hombre que toda mujer quisiera tener. La veo cuando puedo .Me encantó.

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