A fondo
Nuit et Brouillard
Como si fuera necesario, dentro de una realidad que parece desmentirse, alejarse de lo que fue, olvidar lo inolvidable, crear unos puentes entre lo falso de una cotidianidad que no quiere ir hacia las simas de lo que el ser humano puede ser. Como si fuera una obligación, dentro de una sociedad que parece caer en el juego del entretenimiento, ir más allá del hecho mismo de reconocer los detalles de una cultura que no es solo de “ellos”, sino que es de todos (y de todas), y que en la oleada de razones e ideas diferentes nos encontráramos llevados por un sentimiento tan caótico que bien capaz resulta ser de subrayar como el mal, tan banal en su ser obtuso, no es nada más que parte misma de cualquier persona incapaz de tener una pizca de lógica, fría y racional simpatía. Que nadie olvide, entonces, que nadie se sustraiga de la voluntad de analizarse a sí mismo y de analizar el mundo en el que vive y del que forma parte.
Nos digan de dónde venimos. Un recuerdo lejano que se reverbera en el presente, algo que fue y que supuestamente no puede volver (porque así lo hemos decidido, probablemente en un gesto de fútil frustración ante lo real que es la bestia humana). La noche de Resnais es la misma que cubre la tierra dentro de las veinticuatro horas. Es el acto de darse cuenta de que lo que tan dolor provocó fue demostración de hasta dónde podemos llegar. ¿Cuestión ideológica? ¿Solo fue un engaño que llevó hacia la locura dentro de la barbaridad de las masas? Que la culpa se dé a los jefes, a los que estaban allí arriba, sobre cada persona que, inocentemente, no sabía bien qué estaba pasando. Al fin y al cabo, ¿qué merecían los judíos de aquel entonces sino convertirse en las víctimas perfectas, las que tenían que pagar por un supuesto malestar del pueblo alemán?
Hay películas que, en su narración ficticia, ponen de manifiesto el valor de la imaginación. Y hay también obras que muestran lo real, lo que nunca imaginamos pudiese pasar. Imposible aceptarlo, fue todo falso, un juego de espejos con los que fingir que ellos eran el mal, que los judíos fueron matados, que hubo una guerra que arrasó parte de Europa (y no solo). Mejor negar, obstinarse en rechazar algo que no se conforma con nuestra misma visión inocente, la de decir que al fin y al cabo todo no fue sino mentira, un temblor dentro de la historia humana que nunca tuvo lugar (como si, efectivamente, cualquier pizca de violencia tuviese que ser excusada y transformada en un diálogo roto, como cuando los agresores se fingen inocentes, los que se encontraron dentro de una situación que los empujaba a atacar).

Hay películas, por supuesto, y hay películas, en el sentido de que, diferentemente de lo que decía McLuhan, el medium no siempre es el message, ya que se puede ir hacia lugares más allá de lo permitido. Un permiso, dicho con mucha atención, que se basa en lo humanamente aceptable, lo que no crea aquellas sensaciones de disturbio mental y moral que no nos dejan dormir por la noche. Porque, sí, efectivamente lo que pasó en aquellos años en una Europa machacada por los fascistas y por los nazis fue capaz de enseñar hasta dónde podemos llegar en cuanto humanidad (en cuanto deshumanidad). Morir simplemente por ser lo que somos, matar simplemente por ejecutar unas ordenes. Cuestiones tan simples y fáciles de entender, como también sumergidas en una absurdidad irracional, ilógica. Quizás no fue el juego de la hiper-racionalización, sino de la falsa racionalidad, de la falsa lógica (las verdaderas son las que tienen en consideración el concepto de tolerancia, cooperación y reconocimiento del hecho de compartir el mismo ADN).
Permítanme decir algo tan necesario como olvidado: las imágenes de esta obra que nos enseñan las matanzas de los seres humanos no hay que dejarlas en un rincón del que no puedan salir. Todo lo contrario, que se nos muestren todas, que se nos ofrezca cada una, que nunca se borre el evento, el fatto, el Ereignis. Lo que pasó, pasó simplemente porque se podía hacer; una vez que caigan las fronteras de la decencia humana, de la democracia, de la tolerancia, del diálogo, topo estará permitido, ya que todo está dentro de una fe implacable, de creerse estar haciendo lo justo, lo correcto (¿acaso pensáis que los de la cruz gamada se daban cuenta de estar promoviendo el mal? ¿no es mas terrible reconocer que ellos simplemente creían estar ayudando a la humanidad en el acto de quitarnos a las generaciones futuras aquellas etnias tan execrables?).
Abominación. Las imágenes enseñan, muestran, graban. Memento, en este casi no mori, sino hominis, y no, déjenme que no me refiera a la cuestión lupus, sino a los seres humanos que murieron, que fallecieron, que fueron tratados como si de objetos se tratara (por supuesto, simples números). Si algo tiene que hacer esta obra maestra de Resnais, entonces, no puede sino ser la concreción del acto de rememorar dentro de (ahora sí, según McLuhan) el medium mismo con un mensaje que traspasa el aquí y ahora. Siempre estarán allí, hasta la desaparición del género humano (inevitable, no nos engañemos, ni pensemos que ya va a pasar mañana), las caras de los que fueron liberados, sin darse cuenta de lo que estaba pasando, pensando que era tan imposible como imposible hubiera sido pensar en hasta cuáles báratros la irracionalidad humana puede llegar.

